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Un
estudio presentado recientemente en Estados Unidos arroja resultados
preliminares esperanzadores sobre el probable tratamiento futuro de
diabetes con células madre. Se suma a las numerosas investigaciones de
todo el mundo sobre Medicina regenerativa.
Los
resultados iniciales de las investigaciones, que se están realizando en
distintos lugares del mundo, sobre la posibilidad de la utilización de
células madre de distintos orígenes en Medicina regenerativa, abren
perspectivas muy esperanzadoras ya que se van obteniendo resultados
alentadores en distintos campos de la medicina. Destacados científicos
especulan con que en 5 o 10 años podrá haber algún resultado concreto,
pero es muy posible que el futuro llegue antes de lo esperado.
Las
células madre son células que no tienen casi ninguna diferenciación
(especialidad) y que poseen la capacidad de multiplicarse dando origen
a células hijas idénticas a ellas desde el punto de vista de sus
propiedades. A su vez, algunas de estas células hijas pueden perder la
capacidad de mantenerse indiferenciadas, y dar origen, según las
circunstancias a las que se enfrenten y a las señales químicas que
reciban, a células con determinada especialización, como los glóbulos
rojos, los glóbulos blancos, las plaquetas, las células del sistema
inmunitario, del corazón, el hígado, el páncreas, la piel o el sistema
nervioso central.
Si
bien se sabe que en cada órgano hay una reserva "exclusiva" de éstas
células, por lo general se encuentran en baja proporción. Pueden, en
cambio, encontrarse en cantidades importantes en la médula ósea y en la
sangre fetal que luego del nacimiento queda retenida en la placenta y
en el cordón umbilical. Esta sangre, junto con la placenta y el cordón
son habitualmente descartados después del nacimiento, hecho que hoy en
día puede considerarse un despilfarro biológico ya que ahora conocemos
la riqueza en células madre que atesora.
Por
ello es tan importante su recuperación, ya que su conservación ya sea
mediante una donación, o para el propio recién nacido permiten en el
primer caso la posibilidad de utilización para algún paciente que sea
compatible y no haya podido guardar las propias, o asegurar, en el
segundo caso, una fuente de células propias para el futuro, sin riesgo
de rechazo inmunológico, para ser utilizadas en un trasplante de médula
o en alguna de las eventuales futuras indicaciones.
Desde
1988 en que se utilizó por primera vez sangre de cordón umbilical para
regenerar exitosamente la médula ósea de un niño afectado por una rara
y grave enfermedad hematológica (la "donante" fue su hermanita recién
nacida) el uso de esta fuente de células madre se ha ido incrementando
año a año, superando actualmente los 6000 trasplantes a nivel mundial,
incluido nuestro país.
Según numerosa evidencia científica tanto a nivel experimental como a nivel clínico,
estas células poseen una alta capacidad de diferenciación hacia células
especializadas de distintos tejidos. Cuando se pueda trasladar al campo
clínico esos hallazgos, será factible utilizarlas, en un futuro no muy
lejano, en el tratamiento de padecimientos hasta ahora incurables o
gravemente invalidantes, como la Diabetes, enfermedades cardíacas, neurológicas, etc.
De hecho, y por citar un reporte reciente, en las 67º Sesiones Científicas de la Asociación Americana de Diabetes se presentaron los resultados obtenidos con la infusión de sangre de su propio cordón umbilical en 7 niños de entre 2 y 7 años que
tenían almacenada la sangre desde el nacimiento por decisión de sus
padres, y que entre 2 y 27 meses antes del estudio desarrollaron una
Diabetes de Tipo I sin tener antecedentes de esta enfermedad.
La
hipótesis de los investigadores era que siendo la sangre de cordón una
rica fuente de células madre y de células del sistema inmunológico, la
transfusión de la sangre autóloga (propia) de cordón podría mejorar el
control metabólico durante mayor tiempo del que se puede lograr con el
mero hecho de recibir insulina. La evolución del grupo de niños en
estudio fue comparada con 13 niños de similares edades y condición
clínica que recibieron únicamente insulina como tratamiento.
No
se reportó ningún hecho adverso vinculado a la transfusión de sangre de
cordón, y los parámetros evaluados fueron significativamente mejores en
los niños que habían recibido la transfusión de la sangre de su propio
cordón umbilical; requirieron menor cantidad de insulina y tuvieron un
mejor control de los niveles de azúcar en sangre que los niños del
grupo control.
Estos
resultados, que por lo pequeño de la muestra y lo incipiente del
conocimiento del motivo del efecto observado son muy preliminares, son
alentadores sobre la futura utilización de las células madre del cordón
umbilical en variadas terapias, impensables hasta hace muy poco tiempo
atrás, que se irán agregando a los usos ya ampliamente demostrados de
estas células para el trasplante de médula ósea.
(*) Médico Hematólogo. Director Médico de Matercell
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