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Son de venta libre y se los considera saludables por su origen vegetal.
O, al menos, así se promueve vía Internet o se da por sobreentendido
cuando se habla de productos como el té verde, el ginseng, el ginkgo
biloba, la manzanilla o hasta el aloe vera.
Sin embargo, los beneficios para la salud que se
atribuyen a estos y otros suplementos con hierbas no siempre cuentan con
un respaldo científico riguroso como para usarlos a discreción.
De hecho, en nuestro país, apenas la mitad de los diez
suplementos dietarios de origen vegetal que más se consumen contaría con
unos pocos estudios confiables como para convencer a un buen médico de
familia.
Y lo mismo ocurre en el resto del mundo. Entonces, once
países, incluida la Argentina, iniciaron un megaproyecto para
determinar los riesgos y los beneficios de estos productos. Los
resultados preliminares instan a no subestimar los efectos fisiológicos
de los suplementos de origen vegetal y a conversar con el médico sobre
el consumo de cualquier infusión, píldora o gotas aparentemente inocuas.
Esta recomendación alcanza especialmente a las personas
con alguna enfermedad crónica, que están recibiendo algún tratamiento o
que tengan factores de riesgo, como la presión o el colesterol
elevados, según coincidieron los especialistas que presentaron ayer los
resultados preliminares del proyecto Plant Libra en el 14° Congreso
Internacional de Medicina Interna del Hospital de Clínicas de la UBA. "Conocer los beneficios, pero también los efectos adversos de los
suplementos dietarios es muy importante. La idea no es causar alarma en
la población, sino estudiarlos para conocer y difundir si existen
posibles interacciones con medicamentos o factores de riesgo de las
personas que los utilizan", explicó la profesora doctora Patrizia
Restani, coordinadora del proyecto Plant Libra, de la Unión Europea, e
investigadora del Departamento de Ciencias Farmacológicas de la
Universidad de Milán, Italia.
El profesor doctor Roberto Iermoli, director de
Docencia e Investigación del Hospital de Clínicas, comentó que es
habitual que los pacientes no mencionen o nieguen en el consultorio que
consumen estos productos. "Cuando se completa la historia clínica, el
médico tiene que preguntar si el paciente está usando alguna sustancia, y
el paciente comentarle si está tomando algún suplemento dietario,
cualquier sea."
Una megabase de datos
Hasta ahora, esta megabase de datos que están
construyendo los equipos de 26 centros de investigación públicos y
privados ya incluye información de unas 30 hierbas que se consumen para
aliviar malestares. El trabajo está dividido en cinco áreas, según los
efectos fisiológicos que se les atribuyen. En España se evalúan los
riesgos y los beneficios gastrointestinales, mientras que en Inglaterra
se estudia el período de la menopausia. En Italia se analizan las
propiedades antiinflamatorias y en Sudáfrica, sus efectos antivirales y
antibacteriales.
La Argentina, que participa a través de la IV Cátedra
de Medicina Interna del Hospital de Clínicas, se ocupa de los riesgos y
los beneficios cardiovasculares de estos suplementos dietarios. "Es un
proyecto fundamental porque hasta ahora no existían en la literatura
científica internacional, y como referencia para los Estados, normas de
regulación de la producción, la manufactura, la disposición final y la
comercialización de los suplementos dietarios basados en botánicos",
precisó luego de su presentación el doctor Raúl Pastor, jefe de la
Sección Polifenoles, Vino y Salud de la cátedra del hospital
universitario.
El especialista, que es el delegado científico de
nuestro país en Plant Libra, destacó la importancia de esta información
en estos tiempos. "La situación actual es crítica, con productos que se
ofrecen y venden por vías informales, como Internet, con publicidades
engañosas y hasta contenido tóxico -indicó-. Este proyecto será un antes
y un después para los sistemas públicos de regulación."
En Europa, según un relevamiento para este
megaproyecto, el 30% de la población consume estos productos de manera
regular, durante por lo menos seis meses, para aliviar algún malestar o
prevenir otros. Aquí, un estudio de la Universidad Nacional de Córdoba
(UNC) sobre alumnos universitarios reveló que el 11% de ellos consume
suplementos dietarios, principalmente por algún problema de salud, y que
también lo hace el 15% de sus familiares. La mayoría los compra en
farmacias; el resto se dividía entre las dietéticas/herboristerías o el
gimnasio, según publicó en Ars Pharmaceutica el equipo del licenciado Matías Cabral Pérez, del Departamento de Farmacia de la UNC.
La calidad del producto también es clave. Por eso, los
expertos coincidieron en que no hay que subestimar ni hasta el jugo de
pomelo. "No es la planta el problema, sino el contenido del producto y
si la persona tiene factores de riesgo", resumió Restani. Fuente: La Nación
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