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El Profesor Enrique Pouey y su época - Ricardo Pou Ferrari PDF Imprimir E-Mail
Comentario por Antonio L. Turnes   
martes, 31 de enero de 2012

En los últimos días del año 2011 apareció un nuevo libro de Ricardo Pou Ferrari. Un magnífico ejemplar que en gran volumen desarrolla hasta los más mínimos detalles de la vida, obra y proyección del Profesor Enrique Pouey (1858-1939). El primer profesor de Ginecología de nuestra Facultad de Medicina.[1]

 

Como Pou Ferrari nos tiene ya acostumbrados, sus libros son un extracto de erudición y cariño por la Historia de la Medicina nacional, producto de muchos años de paciente investigación. Acompañado de una iconografía que él va descubriendo, y abarcativo de todos los aspectos de la vida de los personajes que ha tenido el valor de abordar. Las principales figuras de la Ginecología y Obstetricia nacionales. Verdaderos líderes en lo que hicieron, con los que resulta difícil lidiar, por la magnitud de su trayectoria y la importancia, hoy ignorada, de su inmensa obra médica, científica y humana.

Ya nos había deleitado con su libro sobre Augusto Turenne: Pionero de la Obstetricia Social en América Latina; Fundador del Sindicato Médico del Uruguay [2], en 2006, el que dedicó a Juan Pou  Orfila: Crónica de una pasión pedagógica, [3] también de 2006. Ahora nos regala este tan rico aporte.

Este autor, RPF, actual Presidente de la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina, nos ha deleitado ya con sus valiosas producciones historiográficas, en los mencionados libros y en múltiples intervenciones, artículos y conferencias sobre aspectos de la Historia de la Medicina, que es una de las grandes pasiones de su vida.

Nos entrega recientemente este libro, mayor que los anteriores, que constituye una minuciosa y rica biografía de Poeuy, que tanta influencia tuvo en el desarrollo de la Cirugía y la Ginecología en nuestro medio. Pero sobre todo, que le dio proyección internacional a la calidad de nuestra Medicina, a través de las técnicas innovadoras que desarrolló, a los vínculos que supo cultivar con los principales centros de avanzada mundiales, en su tiempo, y de sus condiciones profesionales y personales. Que lo hacen un referente ético, además de un médico ejemplar en todos los campos de su actuación y un filántropo como pocos ha tenido el País y la Región.

Que pone de manifiesto, para quienes lo hayan olvidado, su carácter de pionero y filántropo, cuyas contribuciones generosas y amplias, han tenido muy pocos imitadores. Permaneciendo en un cono de sombra, que es el de la supina ignorancia, para las generaciones actuales, aún de los más encumbrados personajes de la Medicina nacional.

Pouey fue uno de los primeros egresados, en 1884, de la Facultad de Medicina fundada por Decreto de diciembre de 1875 y cuyas primeras cátedras comenzaron a brindar enseñanza a mediados de 1876. En medio de estrecheces y tropiezos. Sin docentes nacionales, con una enorme cuota de sacrificio y tesón de aquellos sabios atrevidos, que desde el inicio buscaron en el concurso de pruebas la forma de saldar las lides por los cargos. Para finalizar sus estudios, luego de padecer una fiebre tifoidea que puso en riesgo su vida, defendió su Tesis sobre “El tratamiento antiséptico de las heridas”, luego de lo cual viajó a París.

Enrique Pouey, junto a Francisco Soca y Joaquín de Salterain, egresados de una Facultad de Medicina que daba sus primeros pasos, fueron becados a Europa por el gobierno del Gral. Máximo Santos, para perfeccionarse. Ellos  cursaron, en París, de nuevo la carrera y luego se vincularon con las principales clínicas, y tomaron contacto directo con los Grandes Maestros de la Medicina y la Cirugía. Cuando retornaron al País, eran tres destacadísimos médicos, que en las décadas siguientes devolverían con creces al Uruguay en obras y enseñanzas, lo que de él habían recibido como beca de estudios, aprobada por el Parlamento. En París realiza su Tesis de doctorado, en 1888, con sus “Investigaciones sobre los microbios del pus blenorrágico”, caracterizada por su sencillez y brevedad, incorporando valiosas observaciones no sólo sobre la gonorrea en la mujer, sino también en lo relativo a la oftalmía del recién nacido y todo el arsenal de medidas sociales de prevención acerca de la prostitución y la higiene sexual. Constituye un trabajo científico experimental elaborado por un clínico, con amplia base en la investigación de laboratorio. El tema guiaría muchos de sus pasos posteriores, a través de las consecuencias alejadas para las enfermedades pelvianas de la mujer y las uretritis asintomáticas del varón.

Nuestro biografiado, francófono por educación y por sus ascendientes, no sólo se dedicó en París a profundizar en Cirugía y Ginecología con los mayores valores de la época. Su carácter inquieto y su dominio de los idiomas inglés y alemán le permitieron estrechar vínculos con los principales exponentes de la Cirugía en Europa y los Estados Unidos. A la vez que tomar contacto directo con algunas disciplinas básicas como la Microbiología, en el Instituto Pasteur, que le serían de enorme influencia en su futuro en Uruguay. Pero también su vinculación con el American College of Surgeons y particularmente con los Hermanos William James y Charles Horace Mayo, fueron decisivos para estrechar lazos científicos y humanos con los mayores referentes de la cirugía de la época. Ellos y otros cirujanos, organizaron ya en 1920 una excursión (un crucero, diferente de los actuales) a Sudamérica, donde volvieron impresionados de los valores y creatividad de nuestros cirujanos de la época, lo que difundieron en sus publicaciones inmediatas, en las revistas médicas más importantes. Eso fue un timbre de atención y orgullo para nuestros cirujanos de entonces, al verse tan bien conceptuados por referentes de esa talla.

El avance de la Cirugía en Uruguay se debió a la visión de Pouey en la introducción de la antisepsia de Lister, primero, siguiendo a José Pugnalini, y en la asepsia más tarde. Lo que le permitiría avanzar en el abordaje audaz, pero consciente, de la cirugía de las grandes cavidades: el abdomen, el tórax y hasta el cráneo humanos (operó la primera neuralgia del trigémino).

Como cirujano y ginecólogo, Pouey fue un investigador inquieto y profundo. Que se informó, investigó y publicó extensamente, tanto en Uruguay como en el exterior, exponiendo sus técnicas originales para el tratamiento de las cervicitis crónicas, causadas principalmente por el gonococo. Técnica que luego fue expandida para el tratamiento quirúrgico del cáncer cervical uterino (CCU). La así llamada operación de Pouey, o “conización” del cuello, constituyó un epónimo mundialmente reconocido, aunque tal vez olvidado por las nuevas generaciones.

La introducción de la Curieterapia para el tratamiento del Cáncer Genital Femenino (CGF) fue de su patrimonio exclusivo. Él trajo de Francia, la técnica de aplicación del Radium para el tratamiento oncológico. En París mantuvo largos contactos con Madame Curie y su escuela, que le permitieron dar los primeros pasos en esta innovadora materia. Décadas más tarde, adquiría, en Bruselas, el Radium que de su peculio aportó a la Facultad de Medicina y al Hospital Pereira Rossell, para el tratamiento del CGF y principalmente el CCU. Tal vez fue el pionero en la aplicación del leasing, una moderna modalidad jurídica de alquiler con opción final de venta, que fue legalizado en nuestros países sudamericanos en el último cuarto del siglo XX. Pero que Pouey introdujo en 1928. Que aplicó pagando más de 25.000 dólares de la época para tener permiso de uso de cierta cantidad de Radium por el término de tres años, que quedaría en propiedad, si al cabo de ese tiempo decidía adquirirlo. Pagando otros US$ 20.000, lo que obviamente hizo. Ese Radium belga procedía de las Minas del Alto Katanga, en el entonces Congo Belga. El Dr. Félix Leborgne (padre) estuvo asociado desde el inicio a esta nueva técnica, lo que haría una larga tradición a lo largo del siglo XX, continuada por su hermano Raúl y sus hijos Félix y José Honorio.

Construyó a sus expensas el Pabellón de Curieterapia del Hospital Pereira Rossell, otro legado impresionante, que cayó injustamente en el olvido, por más que lleve su nombre. Porque la mayoría ignora quién fue y por qué lo hizo. Allí se sentaron las bases del moderno tratamiento radiante del CGF y especialmente del CCU, en tiempos que se conocía poco de los efectos deletéreos de las radiaciones ionizantes.

En ese Servicio fue el maragato Miguel Becerro de Bengoa, uno de sus Jefes de Clínica Adjunto, que ideó una compleja clasificación del CGF, que con variantes mínimas es la que finalmente hasta hoy adoptó la FIGO (Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia) para la estadificación del cáncer y las estrategias terapéuticas.

Publicó y exhibió sus éxitos a la par que sus fracasos, con total sinceridad, para trasmitir con su modo de actuar fresco y honesto, los resultados alcanzados y cómo seguir avanzando.

Muchos detalles nos brinda el autor acerca de la familia y las raíces de los Pouey, así como la trascendencia del trabajo de su padre que fue uno de los primeros maestros que inició un colegio francés. Que sería con los años el Lycée Français. Sus vinculaciones sociales y su afamado sanatorio particular desfilan por este libro, entre muchos de sus 42 apasionantes capítulos. Sanatorio en el que sus colaboradores eran tan eficientes que le permitían llevar cuidadosos registros estadísticos y anatomo-patológicos de los pacientes tratados, al igual que lo hacían en la Clínica ubicada en la estrechez de la Sala Santa Rosa del viejo Hospital de Caridad primero, desde 1895, y en el Pereira Rossell más tarde, desde 1923.

Allí puede apreciarse, de esas prolijas registraciones, la variedad de su faena quirúrgica, donde trataba no sólo pacientes ginecológicas, sino abordaba quistes hidáticos, tumores de todas las localizaciones y un amplio panorama de la cirugía de la época, con total solvencia, y que nos habla de una época en la que la Cirugía estaba poco diferenciada en el amplio campo que hoy ofrecen las Especialidades. Del trabajo junto a Pouey surgió, por ejemplo Carlos V. Stajano, primero Ginecólogo destacado, con abundante trabajo experimental en la investigación del cáncer, y luego notable profesor de Clínica Quirúrgica.

Tuvo Pouey una formación básica de gran solidez, adquirida en Francia, a la cual regresó una y otra vez, desde que cursó allí su Bachillerato en el Colegio Sainte Barbe, de París. Adquirida en Microbiología en el Instituto Pasteur, y en Patología, lo que le permitió proyectar con solidez sus trabajos e hipótesis, idear técnicas y mostrarlas al mundo, sin orgullo pero con la prestancia y delicadeza que le eran propias y que le valieron el reconocimiento internacional.

Se pasa revista a su fortuna y filantropía, traducida en importantes aportes que no tienen parangón entre sus colegas, anteriores o posteriores, para el bien común. Se analiza exhaustivamente su abundante e importante bibliografía, como no se había hecho antes, a pesar de ingentes esfuerzos efectuados por la propia Facultad de Medicina, posteriormente a su muerte. En un esfuerzo gigantesco y valioso.

Formó muchos discípulos, que continuaron ensanchando su magna obra. De su Clínica surgieron notables ginecólogos que culminarían años más tarde como distinguidos Profesores, o nobles especialistas, compartiendo ese espíritu inquieto del Maestro para innovar buscando las mejores soluciones a favor de sus pacientes.

Se brinda una información amplia y rica sobre la saga de sus discípulos y colaboradores, con semblanzas de doce de ellos, que los caracterizan claramente y aportan en muchos casos, información que no existe en otra parte. En un apartado documental, nos aporta una extensa y rica variedad de 42 piezas que van jalonando la trayectoria vital de Enrique Pouey, explicando muchas de las peripecias de su vida personal y profesional. Desde el acta sacramental del matrimonio de sus padres, hasta la correspondencia mantenida con personalidades de la época, las publicaciones de técnicas quirúrgicas, algunas de sus principales conferencias o los homenajes que se le tributaron en ocasión de su retiro y a su muerte.

Sin embargo, el autor respeta cualquier detalle de su vida personal, y no se brindan explicaciones de su soledad, tal vez vinculada a sus experimentos juveniles realizados en París durante sus cursos de grado, cuando se introdujo, él y algún otro compañero, la famosa Neisseria gonorrhoeae  para conocer con mayor profundidad sus efectos. Tal como había hecho en Inglaterra John Hunter, más de cien años antes, también con mala fortuna.

Un rico anecdotario extraído de su práctica clínica permite valorar la firmeza de carácter de Enrique Pouey, mezclada en partes iguales con su sensibilidad para resguardar el más absoluto marco ético en su trabajo. Dejándonos sabrosas historias que muestran cómo debían arreglárselas en su época, sin antibióticos ni medidas radicales, más que la educación higiénica y el resguardo de sus pacientes, cosa que a veces algún historiador vernáculo ha interpretado, tal vez equivocadamente, como signo del poder médico.

Sus discípulos se cuentan entre los mayores valores de la Cirugía del siglo XX, particularmente en el campo de la Ginecología y la Obstetricia. Pero también en el de quienes luego de décadas a su lado, pasaron al terreno de la Cirugía General, como mencionamos.

En suma: un nuevo y grande aporte al conocimiento más profundo de una de las personalidades de mayor solidez y proyección en la Cirugía y la Ginecología de los siglos XIX y XX. Los aportes a la cirugía abdominal, de la hidatidosis, de la vía biliar (practicando las primeras colecistostomías), con trabajos pioneros, deben ser reconocidos, como los de un brillante Adelantado. Que sembró enseñanzas y dejó abiertos caminos anchos y venturosos a sus discípulos, y sobre todo a sus pacientes. Orgullo para el Uruguay haber tenido médicos de esta talla. Alegría para el Cuerpo Médico Nacional de contar con historiadores de la Medicina como Ricardo Pou Ferrari, con tanto talento para dar a luz obras de tan rico y erudito contenido. Felicitaciones al autor y que muchos colegas puedan disfrutar de tan hermosa obra.



[1] POU FERRARI, Ricardo: El Profesor Enrique Pouey y su época. Ediciones Plus Ultra, Montevideo, noviembre 2011, 742 páginas.

[2] POU FERRARI, Ricardo: Augusto Turenne: Pionero de la Obstetricia Social en América Latina; Fundador del Sindicato Médico del Uruguay. Sindicato Médico del Uruguay, mayo 2006, 274 páginas.

[3] POU FERRARI, Ricardo: Juan Pou Orfila: Crónica de una pasión pedagógica. Del Toboso SRL, 2006, 333 páginas.

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