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El hospital de La Paz ensaya un robot que mejora el tratamiento de las arritmias - Un sistema de imanes permite dirigir el catéter con más precisión
El médico está cómodamente sentado, y el paciente, a unos seis metros, dormita o
ve la tele. Si no fuera por las batas cubiertas por protectores de plomo para
evitar la radiación y la abundancia de pantallas, nadie diría que lo que está
ocurriendo es que el facultativo está moviendo un catéter por la aurícula
derecha del corazón del enfermo. Es una demostración del funcionamiento del CGCI
en la Unidad de Electrofisiología Cardiaca Robotizada del Hospital La Paz de
Madrid.
José Luis Merino, el cardiólogo, muestra en una pantalla la imagen del
corazón del paciente. "El hombre tiene fibrilación auricular. Han intentado dos
veces tratársela en otro hospital, y no han podido". Con un par de mandos (un
joystick similar al de los juegos de ordenador y otro circular algo más
complejo) el médico mueve la sonda por el corazón. Para ello, el aparato se
encarga de traducir el movimiento del joystick (adelante, atrás, arriba,
abajo) a ocho electroimanes que regulan su potencia para desplazar la punta del
catéter en el órgano.
En el extremo del fino cable hay unos sensores que sirven para buscar el
punto en el que se origina la arritmia. Porque aunque todos tenemos la idea de
que el corazón es como un motor, no está compuesto por bloques rígidos. Lo
forman millones de fibras musculares que responden a microestímulos eléctricos
(los que reproducen artificialmente los marcapasos, por ejemplo). Y las
fibrilaciones se deben a que un punto de toda la malla se desajusta, lo que
arrastra a todo el conjunto. La sonda mide los potenciales para localizar dónde
se origina la descompensación.
"De momento, solo tenemos permiso para usarla para localizar el origen del
problema", admite Merino. Esto quiere decir que una vez encontrado el sitio hay
que recurrir a un catéter tradicional para la segunda parte del proceso: quemar
esa zona, para eliminar la interferencia. "La FDA [Agencia del Medicamento
estadounidense] todavía no lo ha autorizado, pero en el futuro se aprovechará el
mismo catéter para cauterizar el punto elegido", asegura Merino.
El proceso tiene varias ventajas. La primera, la precisión. Con los
dispositivos actuales, que se introducen desde la ingle y se manejan desde
fuera, hay movimientos que el catéter no puede realizar. "Fíjese en este giro.
Este movimiento no se puede hacer con un catéter convencional", comenta el
médico, mientras la sonda repasa zonas entre la aurícula izquierda y el
ventrículo correspondiente, donde hay una anomalía en las propiedades
fisioeléctricas de la pared cardiaca. Además, una vez localizados los sitios
donde hay que actuar, el sistema los recuerda, y en cualquier momento se puede
volver a ellos sin que haya que repetir la búsqueda. El proceso -que puede durar
de tres a cinco horas- es mucho más cómodo: el médico está sentado, "y el
cansancio aumenta el riesgo de imprecisión", comenta.
Menos radiación
Hay otras ventajas: en el procedimiento que se aplica hasta ahora, los
médicos necesitan rayos para saber en cada momento dónde está el catéter. "Con
este sistema, ahorramos radiación para el paciente y para nosotros", afirma
Merino. Además, no oculta otro aspecto que le gusta: "Desde aquí lo controlo
todo".
De momento, el aparato que hay en La Paz es el único en el mundo. El hospital
lo tiene de forma gratuita cedido por su fabricante, Magnetecs, porque está en
pruebas. Pero ello les va a permitir, calcula Merino, duplicar el número de
cateterismos que hacen al año (unos 300 actualmente).
Y, según se vaya usando, se verá si aporta otras ventajas, como un menor
tiempo de recuperación o de hospitalización, "lo que sería un gran ahorro",
afirma una portavoz del centro. "El aparato es muy fácil de manejar, pero como
todavía estamos aprendiendo no podemos saber si vamos a ahorrar tiempo, aunque
lo lógico es pensar que sí", afirma Merino.
Habrá que interesarse también por la satisfacción de los pacientes
(potencialmente, los más de 50.000 que tienen un infarto agudo cada año en
España). Pero al que estaba en la sala en ese momento daba pena despertarlo para
este reportaje.
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