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Científicos franceses aseguran que la historia familiar influye en el incremento de la posibilidad de ejercer violencia conyugal y maltrato hacia los hijos, o de sufrir depresión. Especialistas destacan que puede haber un "modelo" pero trabajar sobre los hechos hace posible no repetir lo vivido
De acuerdo con un estudio publicado recientemente en la revista especializada Journal of Epidemiology and Community Health "los
hijos de padres 'peleadores' (es decir esas parejas que discuten
permanentemente), serían más propensos a tener problemas de conducta
así como también alteraciones en su salud mental durante la adultez".
Tal
como consta en la publicación -órgano de comunicación oficial de la
Society for Social Medicine- "la exposición de un niño a la violencia
por parte de sus padres es hoy considerada como una forma particular de
maltrato que puede tener serias consecuencias en los chicos".
A fin de conocer un poco más sobre la temática, Pro-Salud News dialogó
con una experta en el tema, la licenciada Alejandra Libenson,
psicopedagoga, psicóloga y terapeuta especialista en Crianza y Vínculos
Familiares.
"Cuando pensamos y consideramos la historia
psíquica de una persona, tenemos que hacerlo en términos de
causa-efecto. De manera que si bien no es posible afirmar que una mujer
o un hombre por haber tenido una familia disfuncional vaya a tener
elecciones del mismo tipo en su vida adulta, sí es verdad que la
historia familiar suele operar como modelo, generando además una cierta
predisposición a repetir formas de vincularse, no sólo con una pareja
sino también en el ámbito social".
"Desde este punto
de vista, si no se trabaja sobre el tema que haya generado un conflicto
o tenido cierto efecto traumático, es posible que una persona replique
durante su adultez en forma activa aquello que como niño vivió de
manera pasiva", continuó la especialista, autora del libro "Criando
hijos, creando personas" que ya va por su segunda edición.
"Entonces, lo mejor que
se puede hacer es identificar las cuestiones que es necesario revisar
porque, en la medida que uno pueda elaborarlas, éstas no serán algo
recurrente, que aparezca espontáneamente y sea difícil de manejar o
dominar", expuso la licenciada Libenson.
Por su parte, el doctor José Eduardo Abadi, médico psiquiatra y psiconalista, dijo: "Las
peleas y discusiones dentro de una pareja y por ende de una familia, no
sólo afectan a los chicos sino también a las personas que protagonizan
esa situación, el hombre y la mujer. Por ende, siempre es preferible,
dentro de lo posible evitar ese tipo de momentos para no alterar la
armonía familiar y no abrir el camino para las consecuencias a futuro".
Sobre el estudio Para
llegar a esta conclusión, los investigadores franceses analizaron la
vida de 3.023 adultos, realizando entrevistas en las cuales se
consideraba la situación actual de los voluntarios (afectiva, social,
laboral, económica, familiar), aunque también sus antecedentes
indagando, por ejemplo, si sus padres se peleaban cuando ellos eran
chicos, qué tipo de discusiones y por qué motivo tenían, si se había
producido un divorcio en la familia, si se habían generado situaciones
de abuso físico, sexual, de violencia o maltrato, y si existían
antecedentes de alcoholismo.
También -ya tomando como
referencia la vida adulta de los voluntarios para entender si existía
relación con su pasado- se consideraron factores como la tendencia a la
depresión (o el desarrollo del cuadro), los deseos suicidas y las
actitudes frente a la pareja y los hijos.
De los
3.023, el 16 por ciento admitió haber sido testigo de episodios
violentos entre sus padres antes de cumplir 18 años, mientas que la
gran mayoría refirió que además de esos antecedentes, la situación
financiera, la crisis, el miedo al futuro o la incertidumbre con
respecto a éste, el estrés, la situación de pareja, las enfermedades de
los mayores y el desempleo son condiciones que pueden influir en el
desarrollo de un episodio desagradable.
"Luego de considerar
todas las variables -tanto las mencionadas por los voluntarios como las
que ellos mismos relataban sobre su historia- concluimos que aquellos
adultos que de niños habían estado expuestos a numerosos episodios de
violencia, peleas o discusiones entre sus padres, presentaban 1,4 más
posibilidades de sufrir depresión, tres veces más chances de verse
involucrados en episodios de violencia conyugal y cinco de ejercer
maltrato sobre sus hijos", sostuvieron los responsables del estudio.
"La idea de
este análisis no es juzgar sino concientizar sobre lo importante que es
brindarle a los chicos un ambiente familiar armónico y de amor en el
cual puedan desarrollarse plenamente", concluyeron.
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