La aplicación de la acupuntura ha sido muchas veces objeto de debate en el contexto de la medicina convencional. Más allá de las diferencias, occidente acepta esta técnica oriental como un complemento terapéutico y no como una medicina alternativa.
La importancia y desarrollo de la acupuntura
coincidió al mismo tiempo con el auge de las dos grandes filosofías
chinas, el confucionismo y el taoísmo. Desde entonces, esta técnica
oriental se ha sustentado en ambas corrientes. Los antiguos textos
chinos describen un complejo sistema de colocación de estas agujas. A
pesar de tener aproximadamente 2000 años de existencia y utilización en
la mayoría de países asiáticos, no es hasta la década de los setenta
cuando occidente despierta cierto interés en su manejo.
Como
otras muchas formas de medicina “alternativa”, la acupuntura es usada
para aliviar dolores crónicos derivados de procesos reumáticos cada vez
más frecuentes. Tal vez eso explique el incremento de personas que han
utilizado alguna vez este método. Se estima que 8,2 millones de
estadounidenses recibieron tratamiento con acupuntura en 2002, frente a
los 2,1 millones que lo hicieron en 2001. En la actualidad, miles y
miles de personas siguen mostrando curiosidad por esta otra forma de
tratar el dolor.
Rafael Cobos, médico cirujano y presidente de
la Sociedad de Acupuntura Médica en España (SAME), cree que el empleo
de esta técnica milenaria no debe plantearse como una medicina
alternativa, ya que no se puede aislar al paciente de los demás
tratamientos médicos. Cobos, que trabaja en la Clínica del Dolor, en el
Hospital Universitario de Virgen del Rocío de Sevilla, recalca que la
aplicación de esta técnica debe estar siempre bajo estricto tratamiento
médico.
“Es preferible emplear la acupuntura en las primeras
fases de desarrollo de las enfermedades, o cuando sea imposible
utilizar algunos fármacos que pueden producir alergia o efectos
adversos. De todas formas, la indicación ha de ser realizada por un
médico y bajo su supervisión”, puntualiza.
Luis Calama Rodríguez, cirujano y organizador del curso “Acupuntura en la Medicina Occidental” en
la Universidad de Salamanca, coincide con Cobos. “Esta herramienta es
una terapia interesante con la que es necesario contar, sobre todo para
algunas patologías en las que ofrece grandes beneficios, con la ventaja
de que no produce los efectos secundarios que tienen algunos fármacos”,
indica.
No obstante, Cobos recalca que los efectos secundarios en la acupuntura podrían ser posibles sólo en el caso de una mala praxis.
Tales efectos pueden ir desde hematomas, pasando por neuritis
traumáticas, lesiones de vísceras, neumotórax, pérdidas de conciencia,
infecciones cutáneas o transmisión de enfermedades infecciosas, por lo
que es imprescindible exigir e uso de agujas de usar y tirar. “Es por
eso que para evitar estas situaciones es necesario que estas prácticas
se realicen dentro de un contexto médico”.
Según la
Organización Mundial de la Salud y el Consenso del Instituto Nacional
de la Salud, a la acupuntura se le debe entender como una ayuda
terapéutica para el paciente, ya sea en los casos de algunas
enfermedades gastrointestinales, trastornos psicológicos, funcionales o
secuelas de parálisis.
Recientemente, el Consejo Médico
Británico ha recomendado que los pacientes que se sometan a una sesión
de acupuntura no deberían conducir o manejar maquinaria pesada en las
horas siguientes debido al efecto relajante intenso que puede provocar
las agujas en los músculos.
Reducción de Peso
La
acupuntura también se utiliza para la reducción de peso y el
tabaquismo, aunque en esta adicción no se han producido buenos
resultados. En el campo de la obesidad, de acuerdo a un informe del
Instituto de Investigación de Neurociencia de Pekín, la acupuntura ha
llenado un vacío farmacéutico desde que los dos únicos medicamentos
permitidos por la administración norteamericana de Farmacia y
Alimentación, orlistat y subritamina, exclusivos para contrarrestar la obesidad, ya no eran tan accesibles como antes.
Casi
no existen fronteras para el uso de esta técnica, ya que se puede
aplicar para toda clase de dolores, como cefaleas, lumbalgias, dolor de
codo, rodillas, hombro, neuralgias, dismenorrea, además de las
enfermedades gastrointestinales. Su uso es frecuente también en
parálisis facial, hemiplejia tras ictus o apoplejía; prurito, insomnio,
ansiedad o depresión y asma.
Las únicas formas en las que no se
puede hacer uso de estas agujas son durante el embarazo y como única
terapia en enfermedades graves, aunque puede ayudar a mejorar algunos
de sus síntomas. Así es como piensa Calama. “Creo que la acupuntura no
produce ningún beneficio para las enfermedades como el cáncer,
hepatitis B o sida, salvo alguna mejoría en determinados síntomas
concomitantes”, subraya.
No hay duda que el rasgo diferenciador
entre la medicina occidental y la oriental es la forma como se concibe
a la salud. Mientras la primera ve al paciente como un conjunto de
departamentos estancos, la acupuntura parte de tres conceptos
importantes: el Qi (pronunciado en castellano 'chi'), es la energía vital); el ying y el yang
(la naturaleza de los polos opuestos), y los cinco elementos de la
teoría médica china (madera, agua, fuego, tierra y metal). “La
acupuntura trata de abordar al ser humano en toda su integridad,
buscando un equilibrio entre el hombre y su medio”, puntualiza Cobos.