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Con la realización de un diploma de atención personalizada, que se
enmarca en el programa Chile Crece Contigo, la Escuela de Obstetricia
de esta Casa de Estudios está buscando relevar el protagonismo de la
mujer en el embarazo y parto, así como racionalizar el uso de la
tecnología durante el nacimiento.
“Pienso que en Chile la mujer siente una gran inseguridad y miedo de
parir, lo que explicaría en parte las altas cantidades de cesáreas que
se registran en el país y que sobrepasan largamente, sobre todo en el
ámbito privado, a las cifras recomendadas por la Organización Mundial
de la Salud”, comenta la terapeuta corporal Lorena Naves.
La
especialista, quien es una de las docentes del diploma de Atención
Personalizada en el Proceso Reproductivo que impartirá a partir de
agosto la Escuela de Obstetricia de la Universidad de Chile, añade que esta inseguridad está vinculada con la “poca conexión que tiene la mujer con su propio cuerpo”.
Por
un lado, señala, desconoce su organismo y, por otro, el sistema ha
medicalizado en exceso un evento natural y cotidiano que no debiera ser
considerado como traumático. “Al trabajar con las matronas y futuras
madres lo que hago es cambiar su mentalidad de manera que el nacimiento
del hijo sea motivo de goce y alegría y no una experiencia donde
predominan el susto y los procedimientos científicos”, apunta.
Para
ello entrega conocimientos fisiológicos que se centran en la vivencia
personal porque, según explica, no basta con conocer intelectualmente
la anatomía, es importante vivirla e incorporarla al acervo propio.
“Cuando
las invitamos a que experimenten sus músculos, sientan la pelvis y
conozcan el canal de parto, entonces van relajándose y perdiendo el
temor al dolor. Eso les da confianza y las empodera en su rol de madres
o profesionales que ayudan a las mujeres a traer a sus hijos al mundo”,
explica Lorena Naves.
La terapeuta corporal señala que el
objetivo es fomentar un parto menos intervenido y más humanizado, lo
que se relaciona con el respeto por la embarazada. “Es importante que
esté en un ambiente lo más similar posible a su casa, con luces bajas,
sin ruidos y acompañada por alguien que la acoja amorosamente, la
acaricie, le haga un masaje si lo necesita y que, por sobre todas las
cosas, le dé afecto y seguridad”, comenta.
Ambiente íntimo
Por
eso, idealmente, el recinto asistencial debiera tener salas de pre
parto individuales y espaciosas donde la mujer pudiera caminar, hacer
algunos movimientos y colocarse en las posiciones que le permitirán
disminuir las incomodidades del proceso.
“En Holanda, por
ejemplo, donde la mayoría de los nacimientos son naturales, se han
desarrollado casas de parto que evitan la anestesia y, en cambio,
fomentan el acompañamiento afectivo. Es que se ha comprobado con
estudios científicos que al comparar la experiencia de mujeres a
quienes se les puso la epidural con aquellas que no recibieron
anestesia pero que, por el contrario, estuvieron apoyadas adecuadamente
por algún familiar, amigo o matrona, estas últimas evaluaban mucho
mejor el parto”, recalca.
Eso sí, reconoce, en un sistema como
el nuestro, sobre todo en el ámbito público, es difícil que las
matronas, obligadas a demostrar productividad y a atender a varias
mujeres al mismo tiempo, puedan humanizar el proceso. Pero, añade, se
están generando cambios que van desde lo más simple hasta
modificaciones de infraestructura. “En algunos hospitales no se llamaba
a las mujeres por su nombre, eso ha ido variando, y en ciertos recintos
asistenciales se han construido salas que cumplen con los requisitos
antes mencionados, incluso, se han instalado duchas y tinas para que
las mujeres puedan darse un baño caliente si eso les ayuda”, indica.
Asimismo,
se permite que esa persona afectivamente importante para la embarazada
se encuentre a su lado durante el parto. “Y si la madre está sola, la
matrona es quien está llamada a acompañarla y a darle cariño para
relajarla”, plantea.
Pero la embarazada no necesita del
maternaje sólo mientras está hospitalizada, requiere mucho amor durante
todo el puerperio porque es un periodo en que está muy sensible,
frágil, desprotegida e insegura. “En otros países se han creado
verdaderas instituciones para las mujeres que recientemente han tenido
a sus hijos. En Argentina, por ejemplo, se instauró el sistema aló
doulas (mujeres que acompañan durante el parto) para que acudan al
domicilio de la madre y la ayuden con sus tareas del hogar pero, más
que nada, la apoyen emocionalmente en el inicio de la relación con su
hijo”, comenta.
Practicando se aprende
El
diploma consta de cuatro módulos: bases fisiológicas de la atención del
parto humanizado, protección integral al desarrollo neonatal, proyecto
de implementación y técnicas de contención y relajación. Este último
módulo, de 56 horas, es impartido por Lorena Naves y Ximena Arias,
psicóloga.
En él se enseña autopercepción corporal, a agudizar
la autoobservación, las comunicaciones sutiles, el sostén y contención,
tonalidad muscular superficial y profunda y a realizar ejercicios
claves de respiración, centramiento y trabajo corporal.
“El
nuestro es un curso esencialmente práctico en que la matrona aprende a
conocer su cuerpo y las posiciones más adecuadas para que se alivie el
dolor durante la labor de parto. Pero también es una instancia en que
recuerda los motivos íntimos que la llevaron a estudiar esta carrera y
que a veces, por la mecanización del sistema, se van dejando de lado”,
señala Lorena Naves.
Agrega que en sus clases las motiva a ser
muy femeninas, suaves, dulces, compasivas y las llama a no juzgar o
hacer juicios morales de la mujer que está teniendo a su hijo. “De
acuerdo a mi experiencia reconocen que estas clases las han ayudado a
emocionarse más con los nacimientos y a generar proyectos de
humanización para ser aplicados en sus lugares de trabajo”, dice.
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