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¿Por qué una persona decide aceptar los riesgos sanitarios y las incomodidades que conlleva la participación en un ensayo clínico? ¿Por qué continúan en él aunque formen parte del grupo de control, que no se beneficia del tratamiento en experimentación? Un equipo del departamento de bioética de los Institutos Nacionales de Salud de Bethesda (EEUU) ha intentado responder a estas cuestiones con un grupo de pacientes seropositivos. Sus conclusiones dicen que la posibilidad de sacar algún beneficio personal y la oportunidad de ayudar a los demás son las principales motivaciones.
Los autores preguntaron a 582 pacientes con VIH, de Brasil,
Argentina y Tailandia, que participaban en la fase III del ensayo
ESPRIT (que compara la terapia con antirretrovirales con esta terapia
más la proteína interleukina-2) qué les impulsaba a involucrarse en un ensayo
así. De los que respondieron, 292 estaban en el grupo que recibía la
interleukina y 290 en el que tomaba únicamente antirretrovirales.
Los resultados de su encuesta, que publica la revista 'Archives of Internal Medicine',
indican que más del 80% señaló como "una razón muy importante" para
continuar en el ensayo la oportunidad de obtener algún beneficio médico
propio y también la oportunidad de contribuir a la sociedad. Asimismo,
un 84% expresó su orgullo por "ayudar en el avance del conocimiento
científico".
El orden de importancia de las motivaciones varió dependiendo del
grupo en el que participara el individuo. Quienes recibían el
tratamiento experimental (la interleukina-2) señalaron como razón más
importante "la posibilidad de aumentar sus defensas gracias al producto en investigación",
seguida de "encontrar mejores tratamientos para los pacientes con VIH
en sus países de origen". Sin embargo, en el grupo de control esta
segunda opción pasó a primer lugar, seguida de "encontrar mejores
tratamientos para las personas de otros países" y, sólo en tercer
puesto citaron "mejorar sus defensas".
El estudio concluye que "el hecho de que los participantes
estuvieran motivados por obtener un tratamiento para una enfermedad, el
sida, que es de por vida, no excluye que también se sintieran animados
por la posibilidad de ayudar a los demás".
¿Conejillos de indias?
Algunos autores han criticado que en ocasiones los investigadores
que hacen los ensayos clínicos tratan a los participantes como si
fueran objetos o conejillos de indias, a quienes usan para beneficio de
los demás sin preocuparse por sus propios intereses o necesidades.
David Wendler, el autor de este trabajo, indica que a veces se dan casos de explotación,
principalmente cuando el participante no se beneficia en nada de su
implicación en el ensayo. Wendler considera que estas situaciones
ocurren, sobre todo, "cuando la persona no conoce bien en qué consiste
el ensayo ni cuáles son sus riesgos reales".
Para averiguar las sensaciones de los seropositivos que participaban
en el estudio ESPRIT, los investigadores les preguntaron cómo
consideraban su papel en el ensayo. El 42% se definió a sí mismo como
participante y la tercera parte como un paciente. Sin embargo, un 3%
confesó sentirse como un 'conejillo de indias' y pensaba que estaba
siendo utilizado de manera inapropiada.
Wendler afirma que "es posible realizar ensayos en los países en
vías de desarrollo sin explotar ni aprovecharse de la gente, pero es necesario que los individuos no subestimen los riesgos de su participación
ni exageren los potenciales beneficios, que entiendan bien en qué
consisten las distintas fases de un ensayo (I, II y III) y que sepan
que no les están ofreciendo un tratamiento individualizado, sino que
forman parte de una prueba".
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