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El dolor en el pecho es una de las primeras señales que alertan de la existencia de un infarto de miocardio. Erradicar esa molestia es un objetivo fundamental de los servicios de urgencia, pero, sin embargo, no siempre es fácil conseguirlo. Según indica un estudio estadounidense, uno de cada cinco pacientes sigue teniendo dolor de pecho un año después de haber sufrido un infarto.
Los autores de este trabajo, dirigido por Thomas Maddox, de la
Universidad de Colorado (EEUU), realizaron un seguimiento a 1.957
pacientes que habían sido hospitalizados por un infarto en 19
hospitales estadounidenses entre enero de 2003 y junio de 2004.
A través de un cuestionario, los investigadores evaluaron si, un año
después de haber sufrido el ataque al corazón, los participantes
presentaban dolor de pecho. Además, también tuvieron en cuenta otras
variables, como su historia clínica, si estaban tomando alguna
medicación o sus estilos de vida.
Un total de 389 individuos (un 20% de la muestra) manifestaron
seguir teniendo molestias doce meses después de haber sido
hospitalizados.
"Ya se sabía que era un trastorno muy frecuente en
pacientes que han sufrido un infarto", aclara Alfredo Bardají,
presidente de la sección de Cardiopatía Isquémica de la Sociedad
Española de Cardiología.
Según este experto, estas molestias pueden producirse por varios
motivos: por un lado, el paciente puede tener lesiones en otras
arterias distintas de la que se ha ocluido y ha provocado el ataque al
corazón y, por otro, alrededor del área infartada puede quedar una zona
con isquemia (falta de riego sanguíneo) que provoque dolores repetidos
(síntomas de angina de pecho).
"En cualquier caso es un problema grave y un predictor muy importante de un nuevo infarto o incluso la muerte", explica Bardají.
Factores de riesgo
En su análisis, los investigadores de este trabajo que se publica en
el último número de la revista 'Archives of Internal Medicine'
encontraron varios factores que parecían estar relacionados con las
probabilidades de sufrir síntomas de angina meses después de un ataque
al corazón.
Según sus datos, las molestias eran más frecuentes entre los
individuos más jóvenes, los varones de otras razas distintas de la
blanca, aquellos que habían sufrido previamente una angina de pecho o
una operación de bypass coronario y aquellos que habían experimentado
dolores recurrentes en el pecho durante su hospitalización por el
infarto.
Además, también los individuos que continuaron fumando tras el
ataque al corazón, quienes necesitaron una angioplastia o la
implantación de un stent coronario posterior al infarto y los que
tenían síntomas depresivos presentaban una incidencia mayor de
molestias en el pecho.
"Algunos de estos factores [como la angioplastia posterior] podrían ayudar a identificar a subgrupos de pacientes que necesitarían una especial vigilancia después de haber sufrido un infarto", explican los investigadores en su estudio, quienes reclaman nuevos trabajos al respecto.
"La investigación futura sobre factores modificables, como la
depresión o el tabaquismo, podrían ser importantes en la búsqueda de
soluciones para aliviar la angina y evitar posibles complicaciones cardiacas", concluyen.
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