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Se ha constatado que los Omega 3, ácidos grasos derivados de los
aceites de pescado, cumplen, entre otras, la función de proteger al
hígado. Por ello un grupo de investigadores del Instituto de Ciencias
Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile,
liderados por la académica Virginia Fernández, está estudiando la
utilidad de aplicarlos como suplemento dietario antes de que se
realicen cirugías hepáticas con exclusión vascular, es decir, sin
irrigación sanguínea.
Dentro de los Omega 3 hay dos ácidos grasos que tienen propiedades
antiinflamatorias: el Eicosapentanoico (EPA) y Docosahexaenoico (DHA).
De ahí que los científicos chilenos, financiados por un proyecto
Fondecyt que se inició este año, decidieran estudiar cuáles son los
efectos de estos compuestos en el hígado de las ratas, al
suministrárselos durante siete días antes de la intervención.
“La
cirugía hepática asociada a la reconstrucción vascular, a la resección
o al transplante, implican obstruir la circulación sanguínea durante la
operación. Sin embargo, al poner fin a la oclusión, es decir, cuando el
hígado vuelve a recibir la sangre y el oxígeno, se generan una serie de
procesos proinflamatorios que desencadenan daño celular, en algunos
casos tan irreversibles que puede provocar la muerte del paciente”,
explica la doctora Fernández.
Esta isquemia hepática
prolongada (bloquear el suministro de sangre y oxígeno y posteriormente
reponer el flujo normal o reperfusión) es nociva porque puede generar
mal funcionamiento o falla hepática generalizada. “La mayoría de las
estrategias que se han diseñado para proteger o preacondicionar al
hígado antes de una intervención quirúrgica que obligue al bloqueo del
suministro sanguíneo, son de carácter invasivo y no han podido ser
introducidas a la clínica”, indica la académica.
Previniendo la inflamación
Por
eso, el grupo de la doctora Fernández está buscando una alternativa
para proteger al órgano. De hecho, en un estudio anterior comprobaron
que la administración de una dosis de hormona tiroidea (triyodotironina
o T3) era capaz de desencadenar una secuencia de respuestas
hepatoprotectoras que prevenían la inflamación y muerte celular frente
a una isquemia y reperfusión posteriores.
“Fue todo un acierto
científico a nivel internacional que nos valió una publicación en la
prestigiosa revista Hepatology, investigación que ahora debiera ser
refrendada en seres humanos”, señala.
De hecho, se pudo
constatar el éxito de suministrar T3 a ratas antes de que fueran
sometidas a isquemia y reperfusión hepáticas, mediante la evaluación de
tres parámetros de daño que resultaron totalmente normales en estos
mamíferos: las transaminasas séricas (enzimas del hígado que aumentan
en la circulación sanguínea cuando hay daño en el órgano), el estrés
oxidativo hepático y la histología de este tejido.
Hasta ahora
los análisis realizados por la doctora Fernández y su equipo han
revelado que las ratas que recibieron Omega 3 durante una semana antes
de ser sometidas a isquemia y reperfusión hepáticas, no presentaron
alteración en las transaminasas séricas, por lo tanto, la investigación
es auspiciosa. “Aunque estamos esperando los resultados de los otros
dos parámetros estamos muy optimistas”, dice.
La investigación
chilena, totalmente novedosa a nivel mundial, representa una promesa
clínica para los cientos de pacientes que se someten a cirugías
hepáticas y que hoy corren el riesgo de ver disminuida su función
física e, incluso, su sobrevivencia debido a la falta de
preacondicionamiento del hígado.
“Estamos trabajando para
saber los mecanismos moleculares que explican la hepatoprotección
producida por los Omega 3, los cuales estarían relacionados con la
inhibición del proceso inflamatorio. Conocerlos en detalle nos ayudará
a generar en el futuro y, en colaboración con los clínicos, un
tratamiento para los enfermos”, acota la doctora Fernández. Powered by AkoComment! |