Más allá de la aspirina, la heparina o las medias de compresión, la única forma de evitar la aparición de la trombosis del viajero es mover las piernas. Así lo ha puesto de relieve Frits Rosendaal, del Centro Médico de la Universidad de Leiden, en Holanda.
Mover las piernas es, hoy por hoy, la única
medida preventiva que la evidencia científica apoya para evitar la
trombosis del viajero, por encima de tratamientos con aspirina o
heparina y de llevar medias de compresión, según Frits Rosendaal,
investigador en el Centro Médico de la Universidad holandesa de Leiden,
que sólo justifica estas terapias en pacientes que hayan sufrido
previamente una trombosis.
Rosendaal, coordinador de los
estudios Wright, que en su primera fase han cuantificado e identificado
los grupos de viajeros con mayor riesgo de trombosis venosa (TV),
recomienda que hasta que se encuentren medidas de prevención seguras y
eficaces quienes viajen en clase turista hagan ejercicio con piernas y
pies y eviten las pastillas para dormir, precisamente para no
permanecer inmóviles.
Durante su intervención en el III Curso
Internacional de Hemostasia y Trombosis de la Universidad Católica de
Chile, ha alertado de la escasa evidencia sobre medidas de prevención,
mostrándose contrario a los tratamientos indiscriminados con aspirina o
heparina, incluso ha planteado dudas sobre las medias de compresión que
se recomiendan para viajes largos.
"La aspirina apenas
funciona y puede causar sangrados, mientras que las medias podrían
originar aalgún trombo. La heparina funcionaría, pero igualmente podría
originar sangrado en algunos individuos, así que si se la diéramos a
mil personas habría más casos de hemorragias que de trombosis
prevenidas y sabemos muy poco de los riesgos de sangrar a 10.000 metros
de altura".
El único grupo de viajeros en el que Rosendaal
consideraría un tratamiento con heparina son los pacientes que ya
habían tenido un tromboembolismo, "pero también para ellos lo
prioritario es mover las piernas", ha insistido.
"Podemos decir
que el riesgo del viajero en clase turista es moderado, aunque algunas
personas presenten una hiperrespuesta a la inmovilidad en esas
condiciones. Y también se sabe que el riesgo de trombosis venosa en
quienes viajan sentados durante muchas horas dobla al de personas que
no están de viaje, pero aun así la tasa sería de un episodio por cada
4.656 vuelos de larga duración", ha añadido después de conocerse los
resultados de los primeros estudios Wright realizados en su
departamento y auspiciados por la OMS para conocer el riesgo global de
los viajeros.
En el estudio con 5.000 pacientes de trombosis e
igual número de controles se ha visto que el riesgo relativo aumenta
con el número de horas de vuelo: 1,8 de cuatro a ocho horas; 2,8 de
ocho a doce horas y 8 para más de doce horas. Las alteraciones de la
coagulación que aparecen con más riesgo en viaje aéreo son el factor V
Leiden (13,6) y la PT 20210A (7,9), pero hay otros factores como la
obesidad (2,6) o la estatura: las personas más altas (>1,90 m) tiene
un riesgo relativo de 6,8, mientras que en las más bajas (<1,60 m)
es de 4,9.
En el estudio de población participaron 8.755
voluntarios de multinacionales y organizaciones internacionales que
vuelan con frecuencia. Se detectaron 53 trombosis en un total de
115.915 vuelos de más de cuatro horas y 22 de los episodios se dieron
en el periodo ventana posterior al viaje, que puede durar hasta ocho
semanas después del vuelo.
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