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Existe la creencia popular de que la marihuana no tiene graves efectos a largo plazo en la salud. Lo más probable es que un consumo bajo no sea demasiado neurotóxico, sin embargo, los grandes fumadores de porros manifiestan alteraciones estructurales en determinadas regiones cerebrales, así como síntomas de psicosis.
El hipocampo y la amígdala son dos estructuras nerviosas
relacionadas con las emociones y la memoria el primero, y el miedo y la
agresión la segunda. Tienen la particularidad de contener una gran cantidad de receptores cannabinoides, aquellos a los que se unen los metabolitos del cannabis para ejercer su acción.
La literatura médica ofrece resultados dispares. Por un lado, los
experimentos con animales muestran como el abuso continuado de esta
sustancia altera estas regiones. Trabajos realizados en humanos han
corroborado estos hallazgos mientras que otros no han encontrado
anomalía estructural alguna en el cerebro de los consumidores.
El último número de la revista 'Archives of General Psychiatry'
publica un estudio realizado por investigadores de la Universidad de
Melbourne (Australia) que confirma lo observado en animales, con la
particularidad de que los participantes fumaban de cinco a siete porros diarios durante al menos una década, una cantidad que, si bien se da en algunos grandes consumidores, supera con creces la media.
A los 15 varones estudiados que encajaban en este perfil les
acompañaron 16 más, de características similares, que no fumaban
marihuana ni hachís. Todos pasaron por un test de memoria verbal, otro
en busca de síntomas de psicosis y una resonancia magnética de alta
resolución para observar el cerebro.
Diferencias significativas
Las pruebas de imagen revelaron que el hipocampo izquierdo y la amígdala de los consumidores eran significativamente más pequeños que los del resto de participantes. Respectivamente, el volumen era un 12% y un 7,1% inferior.
Los resultados referentes al hipocampo están en la misma línea que
otros previos, en los que se detectó una menor activación de esta zona
en individuos consumidores de cannabis. En cuanto a la amígdala, los
autores han calificado el hallazgo de "nuevo pero no inesperado".
Además, los fumadores de porros refirieron más síntomas psicóticos. Eran más propensos a las alucinaciones, delirios y a percibir la realidad distorsionada,
aunque en umbrales inferiores a los considerados patológicos. Sin
embargo, numerosos expertos advierten del riesgo de psicosis que
acarrea ingerir esta sustancia. Este punto se podría explicar, según
los investigadores, por el minucioso proceso de selección de los
participantes, en el que era condición indispensable tener un historial
personal y familiar limpio de enfermedades psiquiátricas.
La explicación más plausible para estos hallazgos es para los
autores "que el abuso prolongado del cannabis induzca la aparición de
estos síntomas y que ambos factores estén asociados con la pérdida de
volumen en el hipocampo".
"Estos resultados desafían la extendida percepción de que la marihuana tiene pocas o ninguna secuela neuroanatómica. Aunque
el consumo bajo no provoque efectos neurotóxicos significativos,
nuestro trabajo sugiere que el gran uso diario es efectivamente tóxico
para los tejidos del cerebro", concluye este estudio.
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