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En pocas semanas han visto la luz sendos trabajos que demuestran que la expansión del cáncer de mama no sólo depende de las propias células malignas, sino también de los tejidos sanos que rodean al tumor. Ambas investigaciones señalan que las células sanas, 'vecinas' de las tumorales, experimentan cambios genéticos que favorecen la invasión tumoral.
Una de las investigaciones, publicada en la revista 'Cancer Cell',
se ha centrado en el carcinoma ductal in situ, un tipo de neoplasia que
se origina en los conductos de la leche, y que puede curarse en la
mayoría de los casos si se extirpa a tiempo. Cuando esto no es así y
sigue evolucionando, este cáncer tiene muchas 'papeletas' para invadir
los tejidos adyacentes y, posteriormente, causar metástasis en otros
órganos del cuerpo.
Científicos del centro oncológico Dana-Farber (en EEUU) han
descubierto que las células sanas de los ductos de la leche
(mioepiteliales) experimentan algunos cambios genéticos que permiten que las células malignas se 'filtren' por sus paredes, como si de una tubería agrietada se tratase.
El trabajo centró su atención en estas células mioepiteliales, que
juegan un papel clave en el desarrollo de las glándulas mamarias.
Utilizando un modelo de laboratorio para reproducir la progresión de un
carcinoma in situ hacia estadios invasivos, los investigadores
descubrieron que en condiciones normales las células mioepiteliales son
capaces de mantener controlado el tumor en el interior de los conductos.
Sin embargo, cuando algunos de los genes de esta 'barrera' se
alteran (bien por exceso o por defecto de su actividad normal), las
mioepiteliales pierden su capacidad para frenar la invasión y el cáncer puede escapar hacia los tejidos adyacentes. Entre los genes aberrantes, destacan los llamados TGF Beta, Hedgehog y p63.
Cambios genéticos en el ambiente
La importancia del microambiente que rodea a un tumor, señalan los
investigadores, dirigidos por Kornelya Polyak, deberá tenerse en cuenta
a partir de ahora para el diseño de nuevos tratamientos. No basta,
aseguran, con atacar a las células cancerosas, sino que habrá que tener
en cuenta también los tejidos que las rodean. En el futuro podría ser
posible, auguran, 'escanear' las células mioepiteliales en busca de
estas aberraciones genéticas, para saber qué mujeres con carcinoma in situ tienen más riesgo de que su tumor se extienda.
En la misma línea, una segunda investigación publicada en 'Nature Medicine',
ha descubierto que el patrón genético del microentorno en el que se
desarrolla un cáncer de mama podría utilizarse para pronosticar la
evolución de la paciente. Este 'ambiente' se denomina estroma y es una
especie de armazón compuesto por tejido conectivo, capaz de sustentar
los órganos y glándulas del cuerpo humano; o bien una masa tumoral.
El trabajo analizó en 53 mujeres el tejido conectivo que rodea y sustenta al tumor y descubrió que el perfil de 26 genes diferentes podía utilizarse como predictor del pronóstico de
las pacientes y su respuesta al tratamiento; incluso con mayor
precisión que otros factores clínicos habituales, como la afectación de
los ganglios o el gen HER2.
Cada vez son más los trabajos que demuestran que el estroma juega un
papel clave en el desarrollo del cáncer. Este 'entramado' podría ser
clave para crear unas condiciones idóneas para la aparición de células
malignas, y por eso el trabajo de 'Nature Medicine' apuesta por seguir
analizándolo.
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