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Del 3 al 10 de diciembre de 1946 se realizó en La Habana, Cuba, el Primer Congreso Médico Social Panamericano. Allí se fundó la Confederación Médica Panamericana, con la presencia de representantes de todos los gremios médicos del continente. Consecuencia de esa primera reunión continental de los gremios médicos se definieron algunos principios para la organización de los servicios de salud y la seguridad social, con la intención de guiar a las Asociaciones Médicas de América en el encare de nuevas realidades. Así se formalizó LA CARTA MÉDICA DE LA HABANA, que transcribimos seguidamente:
CARTA MÉDICA DE LA
HABANA (1946)
Acta final.
EL PRIMER CONGRESO MÉDICO-SOCIAL PANAMERICANO, reunido en La Habana del
3 al 10 de diciembre de 1946, después de haber estudiado y discutido las
ponencias presentadas por las delegaciones, que han permitido apreciar la
realidad social de los pueblos de América, las dificultades para la adecuada
asistencia; los problemas generales y específicos de los médicos en cada país y
sobre todo lo relativo a la propia vida del individuo en el Continente;
concreta el espíritu, los sentimientos y las aspiraciones de las delegaciones
asistentes en el presente documento, que denomina “CARTA MÉDICA DE LA HABANA”,
que en su parte general establece los principios doctrinarios, y en sus
declaraciones, votos, recomendaciones, conclusiones y acuerdos, señala los
elementos que, realizados de inmediato, permitan alcanzar el perfeccionamiento
integral del ciudadano de América.
Doctrina.
I. TODO INDIVIDUO EN AMÉRICA TIENE DERECHO A VIVIR EN SALUD, para lo
cual deberá tenerse en consideración:
a) El mejoramiento económico-social de las clases trabajadoras,
incluyendo el salario vital y familiar.
b) Incrementar las condiciones generales y mínimas de vida y la
superación de los factores ambientales.
c) Favorecer la elevación cultural y orientar la aptitud vocacional.
d) Garantizar el trabajo y librarlo de todo peligro.
e) Proteger a la familia en todo momento y especialmente en los casos en
que estuviese amenazada de quebranto temporal o permanente.
Para garantizar a todos sus habitantes el derecho a la salud, los
Estados deberán propender a:
1. Elevar los recursos dedicados a la salud pública hasta cubrir adecuadamente
esas necesidades.
2. Planificar integralmente la defensa de la salud de modo que comprenda
totalmente a los sectores vulnerables de la población.
3. Formar el personal técnico y auxiliar en armonía con las necesidades
de cada nación.
II. TODO MÉDICO EN AMÉRICA TIENE DERECHO A QUE SE RESPETE LA
LIBERTAD EN EL EJERCICIO DE LA PROFESIÓN, PARA LO CUAL DEBERÁ
TENERSE EN CONSIDERACIÓN:
a) Las trascendentales funciones del médico.
b) La necesidad social de favorecer la superación científica en forma
constante.
c) La libertad del ejercicio profesional, en cualquier sistema de
protección social que el Estado adoptare.
d) La garantía frente a los riesgos a que su función lo exponen.
e) La mantención de los principios hipocráticos, y de la relación
paciente-médico, libre de toda intervención.
Es obligación fundamental de todas las organizaciones de médicos de
América, mantener como punto básico de su programa el derecho a la libertad en
el ejercicio profesional, y a la protección integral al médico, para lo cual se
deberá conseguir:
1.Unidad de todos los organismos médicos en cada país, en donde ésta aún
no existiera.
2.Retribución apropiada a su función altamente especializada.
3.Preponderante intervención directa en todas las instituciones de
defensa de la salud.
4.Controlar las normas éticas en el ejercicio profesional.
5. Superación de los médicos que permitan la mayor capacitación
profesional.
III. TODA INSTITUCIÓN DE CARÁCTER MÉDICO-SOCIAL EN AMÉRICA, DEBE
SER DIRIGIDA Y GOBERNADA POR MÉDICOS, PARA LO CUAL SE
DEBERÁ TENER EN CONSIDERACIÓN:
a) Su capacitación profesional, que le concede específica competencia y
autoridad preferente.
b) La necesidad de la intervención de las instituciones representativas
de los médicos para los efectos de orientación de los organismos técnicos.
Es obligación ineludible de todas las organizaciones de médicos de
América obtener la dirección y el gobierno de los organismos médico-sociales,
para lo cual se deberá conseguir:
1. La participación de representantes de las organizaciones médicas en todos
los Consejos Directivos de Sanidad, Seguro, Asistencia, o cualquier otro organismo
vinculado a la función médico-social.
2. El educar a las colectividades sobre las ventajas de esa
participación.
3. El intercambio de experiencias y de planes entre las organizaciones médicas
de los países americanos.
IV. TODO NUEVO SISTEMA DE PRESTACIÓN DE SERVICIOS MÉDICOSOCIALES,
deberá realizarse de acuerdo con las organizaciones médicas, para lo
cual se deberá tener en consideración:
a) La experiencia de las organizaciones médicas y su afán de contribuir
al perfeccionamiento social.
b) La necesidad de conservar las relaciones armónicas entre las
aspiraciones de la sociedad
y los intereses económicos profesionales de la clase médica.
c) La ventaja de realizar innovaciones, siempre que ellas signifiquen
favorecer el ejercicio
profesional médico y contribuir al progreso de la Medicina.
Es obligación de los Estados de América el conceder a las organizaciones
médicas la participación en los proyectos y estructuración de los nuevos
sistemas de prestación de servicios médico-sociales; para lo cual deberá
conseguirse:
1. La participación de las organizaciones médicas como cuerpos consultores
en la legislación médico-social y de salud pública.
2. El apoyo a las actividades educativas de las organizaciones médicas
en favor de la especialización en Medicina Social, así como facilitar, con
recursos apropiados, el intercambio continental de esas organizaciones en
convenciones, conferencias y congresos.
3. La contribución permanente a las medidas que tiendan a perfeccionar y
hacer avanzar los elementos básicos, económicos, organizativos y científicos en
los sistemas de defensa de la salud.
EL PRIMER CONGRESO MÉDICO-SOCIAL PANAMERICANO considera que es tan
importante el derecho a vivir en salud, como el propio derecho a la libertad y
a la educación, por lo cual éste deberá garantizarse plenamente a todos los
habitantes de un país, en el desarrollo de sistemas adecuados que contemplen
las características económico-sociales del mismo, y la tradición y desarrollo
del ejercicio profesional médico, proporcionando condiciones que impidan las
enfermedades y prevengan contingencias que afecten la vida material y
espiritual del individuo; respetándose los principios básicos de la libertad
del paciente y del médico ofreciéndose la participación adecuada de sus
organizaciones médicas para orientar, dirigir y gobernar todos los sistemas de
defensa de la salud. De este modo, admitimos que se habrá conseguido una
seguridad efectiva para obtener la aspiración del hombre de vivir sano y feliz.
La Habana, diciembre 10 de 1946.
Argentina, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, El Salvador, Estados
Unidos de América, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay,
Perú, Uruguay, Venezuela, Puerto Rico, Cuba.
* * * La revista del
Sindicato Médico de la época[1], sin duda de la mano
de su Redactor Responsable, editorializó inmediatamente sobre el tema,
recogiendo la siguiente versión:
“Primer Congreso
Médico-Social Panamericano
“Se acaba de
efectuar del 3 al 10 de diciembre de 1946, en La Habana, el Primer Congreso
Médico-Social Panamericano. Constituye una etapa crucial en la historia de los
movimientos de luchas por las reivindicaciones médicas. No sólo por tratarse de
la primera reunión panamericana sino por las importantes resoluciones que en
ella fueron aprobadas.
“ACCIÓN SINDICAL
informa en este número a los colegas del Uruguay, transcribiendo los
trascendentales acuerdos tomados en este Congreso, encabezados por la Carta Médica de La Habana, documento que
será un jalón para los años que siguen, pródigos en reformas de carácter
médico-social.
“En la Carta Médica de La Habana se establecen
principios doctrinarios rectores como los siguientes: el derecho de todo
individuo en América a vivir en salud; el derecho a la libertad en el ejercicio
profesional, que será obligación fundamental de todas las organizaciones de
médicos de América el mantenerlo como punto básico de sus programas; la
obligación ineludible de obtener la dirección y el gobierno de los organismos
médico-sociales y la obligación de los Estados de América de conceder a las
organizaciones médicas la participación en los proyectos y estructuración de
los nuevos sistemas de prestación de servicios médico-sociales. El derecho a vivir en salud es elevado al
mismo plano del derecho a la libertad y a la educación, y se insiste al final
en que deben respetarse los principios básicos de la libertad del paciente y
del médico en la actual forma de asistencia y en las futuras como es ejemplo el
Seguro Social.
“Dos puntos de esa
declaración son de indudable importancia: lo referente a la participación de
los gremios directamente en la dirección y gobierno y la categórica definición
sobre libertad en el ejercicio profesional.
Lo primero tiene interés inmediato en nuestro país, en momentos de
cambio de gobierno y de las autoridades de Salud Pública, los cuales deberán
tomar en consideración las resoluciones del Congreso de La Habana. Lo segundo
es a nuestro juicio esencial en materia de doctrina orientadora de las reformas
médico-sociales que están en marcha.
“La creación de la Confederación Médica Panamericana cristaliza
el movimiento de agremiación federalizando en un organismo todos los países de
América. Expresamos nuestras inquietudes que tan hermosa idea se mantenga en
terreno no pragmático; desde luego, que esto es motivo para trabajar con más
ahínco en forma de darle a la Confederación todo el impulso capaz de llevarla a
realizaciones concretas y eficaces.
“Nuestra delegación constituida por los
doctores Manuel Ambrosoni (Sindicato Médico) y Raúl Cayssials (Colegio Médico),
los cuales trabajaron intensamente y con brillo, nos traen de La Habana un
acentuado optimismo por el entusiasmo reinante en las deliberaciones y los
propósitos reales de llevar sus acuerdos a la práctica.
“El llamado a la Unión Federativa de los médicos en cada país se
traducirá de inmediato por una acción coordinada y pujante de los acuerdos
gremiales.
“El Seguro Social se declara “beneficioso para
la defensa de la salud y bienestar de los sectores de población económicamente
débiles” y no se establece obligatorio para todas las clases sociales; “su
dirección y orientación debe ser realizado con participación amplia de las
instituciones médicas”. Se consigna con esto el principio que consideramos
capital del derecho inalienable de los médicos agremiados a hacer oir su
opinión y a dirigir lo que específicamente les corresponde. Muchos otros
aspectos serán motivo de comentarios en los próximos números de ACCIÓN
SINDICAL.
“En síntesis, el Congreso de La Habana
ha resumido en sus acuerdos nuestras más importantes aspiraciones, ha
establecido las normas para una estricta agremiación federalizada en América y
ha declarado cuáles son sus exigencias ante los gobiernos de los distintos países.” [2]
* * *
Posteriormente, la
Asociación Médica Mundial adoptó diversas normas, entre ellos los Doce
Principios de la Seguridad Social, con un propósito similar:
LOS DOCE
PRINCIPIOS DE PROVISIÓN DE ATENCIÓN DE LA SALUD EN CUALQUIER SISTEMA NACIONAL
DE ATENCIÓN DE LA SALUD
Adoptados por la 17ª.
Asamblea Médica Mundial, Nueva York,
USA, Octubre 1963 y enmendados por la 35ª. Asamblea Médica Mundial, Venecia,
Italia, Octubre de 1983.[3]
Más recientemente, en 2006,
la Asociación Médica Mundial adoptó una
Declaración sobre la Responsabilidad Profesional por las Normas de
Atención Médica, que recoge idénticos principios.
No se puede comprender,
entonces, por qué razón, en nuestro medio, se intentan llevar a cabo reformas
de la salud, con prescindencia de la participación de las organizaciones
médicas. Parece imposible que estos preceptos se olviden a la hora de hacer
realidad viejos y postergados deseos. No se encuentra razón válida; salvo por
la ignorancia de esta larga historia, por la que dejaron su vida tantos
sindicalistas de todo el país y de todas las épocas, defendiendo estos mismos principios.
Que a la luz de los hechos, en el Uruguay de hoy, parecen olvidados, ignorados,
írritos y nulos. Tomando fuerza y vigor la opinión de quienes nada hicieron
nunca para aportar pensamiento, propuestas y proyectos. Los que todo lo
reclamaron pero poco o nada hicieron excepto cumplir con su trabajo. Es el
mundo al revés. Ahora son más importantes los cocineros, camilleros o choferes,
que los médicos que desde hace siete décadas vienen insistiendo con paciencia y
con saliva, para que el sistema cambie. Se produce el cambio, pero los deja
afuera, como si fueran de palo. ¿Qué pasaría si volvieran a la vida por un
instante hombres como José F. Arias, José Pedro Migliaro, José Pedro
Cardoso, Ricardo Yannicelli, Carlos María Fosalba, José Alberto Praderi, Mario Pareja Piñeyro, Mario A. Cassinoni,
Aquiles R. Lanza, Joaquín Purcallas y
tantos médicos que estudiaron y propusieron en todas las épocas las reformas?
¿Qué dirían los que impulsaron y trabajaron en las ocho Convenciones Médicas
Nacionales celebradas entre 1939 y 2004? ¿Pensarían que se trata de un acto producto de
la mentira, ignorancia, y ambición, o de la pedantería o demagogia? O todo
junto, tal vez… Estos hechos sólo pueden producir tristeza profunda, dolor,
estupor. ¿Hasta dónde llegaremos? ¿Habrá rectificación capaz de revertir esta enormidad, esta dramática y desacertada decisión?
Como dijo Cicerón[4] hace más de veinte
siglos:
“¿Hasta
cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia? ¿Cuánto tiempo más jugará con
nosotros esta locura tuya? ¿A qué límite llegará tu audacia desenfrenada?
¿Acaso no te conmovió en nada la defensa nocturna del Palatino, en nada las
guardias nocturnas de la ciudad, en nada el miedo del pueblo, en nada el
revuelo de los hombres de bien, en nada este lugar tan fortificado para que
sesione el senado, en nada estos rostros y semblantes? ¿No sientes que tus planes han sido puestos
en evidencia? ¿No ves que tu conjuración ya ha sido reprimida gracias al
conocimiento que tienen de ella todos los presentes? ¿Crees que alguno de
nosotros ignora qué hiciste la noche pasada, qué la anterior, dónde estuviste,
a quién convocaste, qué decisión tomaste? ¡Qué tiempos, qué costumbres! (…)”
[4] Marco Tulio Cicerón (106 – 43
a dC)
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