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Con la policlínica basada en la comunidad como pilar fundamental, el sistema de atención primaria del país ha cosechado resultados envidiables y sigue respondiendo a los nuevos desafíos. Gail Reed nos informa desde La Habana.
Gail Reed
Claudia López, médica interna, atiende a pacientes ambulatorios en la Policlínica 5 de Septiembre en La Habana
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«Luchamos por la Declaración de Alma-Ata
antes de que fuese oficial», dice la Dra. Cristina Luna «y su mensaje
nos ha orientado y motivado desde entonces». Con 43 años, Luna es la
directora nacional de atención ambulatoria de Cuba. De ella depende
todo el sistema de atención primaria del país, que desde muchos puntos
de vista es uno de los más eficaces y singulares del mundo. Las
autoridades sanitarias cubanas atribuyen en gran medida los
extraordinarios indicadores sanitarios del país a la importancia
otorgada durante las últimas cuatro décadas a la atención primaria.
Esos indicadores, cercanos o comparables a los de los países
desarrollados, hablan por sí solos.
En 2004, por ejemplo, se registraban siete defunciones por cada 100 000
niños menores de cinco años, muy por debajo de las 46 muertes de 40
años antes, según la OMS. Al mismo tiempo, los cubanos gozan de una de
las mayores esperanzas de vida del mundo, 77 años.
El pilar fundamental de este sistema son las policlínicas comunitarias,
498 en todo el país, cada una de las cuales tiene una zona de captación
de entre 30 000 y 60 000 personas. Esas policlínicas operan además como
nodos organizacionales de entre 20 y 40 consultorios de médicos y
enfermeras de familia de vecindad, y como centros acreditados de
investigación y docencia para estudiantes de medicina, enfermería y
otras ciencias de la salud.
«Son la columna vertebral del sistema de salud de Cuba», dice Luna.
«Pero el reto que afrontamos hoy consiste en proporcionar no sólo
atención universal a todos los niveles, sino también una atención de
más calidad, y unos servicios mejor organizados e integrados. La gente
espera de nosotros mucho más que cuando implantamos el Servicio Médico
Rural.» El periodo a que se refiere Luna son los primeros años sesenta,
época en la que la política gubernamental se centró por primera vez en
llegar a la población, sobre todo de zonas rurales, que apenas tenía
acceso a los servicios médicos después de la revolución cubana en los
años cincuenta.
OMS/P. Harrison
La
medición del crecimiento infantil ha sido siempre fundamental para
vigilar la salud de los niños. En esta imagen de 1980 vemos a un niño
cubano en una balanza.
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El Gobierno empezó reclutando a 750 médicos
y estudiantes de medicina para que dedicaran una parte de su vida
profesional a trabajar como médicos rurales en zonas montañosas o
costeras. El
Servicio Médico Rural tenía la misión, según sus artífices, de tomar
medidas para «prevenir las enfermedades y revitalizar los servicios de
salud para los más necesitados, esto es, las personas que eran pobres,
que tenían una salud precaria o que vivían lejos de centros urbanos».
A lo largo de los años setenta, antes de la Declaración de Alma-Ata de
1978, se crearon policlínicas multiespecialidad que posteriormente
evolucionaron incorporando el programa de médicos y enfermeras de
familia a mediados de los años ochenta, lo que permitió reforzar la
capacidad del sistema de salud en materia de prevención y análisis de
la salud comunitaria, así como los servicios clínicos. En los años
noventa el programa repartió a médicos y enfermeras de familia por todo
el país y llegó a atender así a más del 95% de la población. «Éramos
conscientes de que la prevención tenía que ser una piedra angular de
nuestro sistema», dice Luna, «y de que había que comprender la
situación de la gente en todas sus dimensiones: biológica, psicológica
y social, [y] como individuos, en el seno de la familia y en su
comunidad».
Hoy día Cuba cuenta con unos 33 000 médicos de familia. La especialidad
de medicina de familia constituye un requisito para más del 97% de los
licenciados en medicina, que tras acabar sus estudios deben pasar un
año como internos y dos como residentes para completar su formación.
Más tarde pueden solicitar otro periodo de residencia en una segunda
especialidad. Como consecuencia de ello, en estas segundas
especialidades abundan los médicos que empezaron su carrera en la
medicina de familia.
OMS/P. Harrison
Los
comités de defensa de la revolución de Cuba extendieron su influencia a
la atención primaria en 1980, contribuyendo así a introducir los
cambios necesarios. Cada uno de los miembros del comité que aquí vemos
debía responsabilizarse de una lista de actividades sanitarias.
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En 2008 se vuelven a introducir nuevos
cambios en la atención primaria en Cuba. Desde 2002, 241 policlínicas
han sido objeto de una amplia renovación, proceso que se prolonga hoy
día. La finalidad es añadir servicios que antes sólo se ofrecían en los
hospitales. Actualmente la policlínica media ofrece 22 servicios, entre
ellos rehabilitación, radiología, ecografías, optometría, endoscopia,
trombólisis, servicios de urgencia, traumatología, laboratorios
clínicos, planificación familiar, urgencias odontológicas, atención
maternoinfantil, inmunización y atención a los diabéticos y a las
personas de edad avanzada.
Se ofrecen también otras especialidades, entre ellas dermatología,
psiquiatría y cardiología, además de la medicina de familia y la
medicina interna, pediatría, y obstetricia y ginecología. El pequeño
Daysel Rojas, de cinco años, ha sido tratado desde que tenía cuatro
meses en el servicio de fisioterapia de la Policlínica 5 de Septiembre
de La Habana. «Los servicios de rehabilitación están hoy muchos más
desarrollados», dice su madre, Dania Esquijarosa. «Y esos cambios nos
afectan mucho, pues venimos aquí cada día. No tenemos que esperar, y
atienden primero a los niños.» La Dra. Rebeca Mendoza, directora de la
policlínica, señala que entre 800 y 1000 pacientes usan esos servicios
cada día.
Otro cambio es el causado por la abolición de un tipo de policlínica
más bien uniforme. «En otro tiempo creíamos que todas las policlínicas
debían funcionar de forma parecida», dice Luna. «Pero si hemos de usar
de forma más racional y eficaz nuestros recursos, al conjunto básico de
servicios que ofrecen se le deben añadir otros que respondan a la
situación sanitaria concreta de la comunidad atendida. Así, si hay
muchos fumadores, debemos ofrecer servicios de consejo varias noches a
la semana, no sólo una noche. Si en la zona hay muchas alergias, la
policlínica deberá disponer de servicios de pruebas de alergia, etc.»
«Esta idea exige a su vez un cribado activo de la población para poder
realizar un diagnóstico claro de la situación sanitaria de la
comunidad. "Sabemos por las encuestas de los médicos y enfermeras de
familia que un 22,5% de la población de nuestra zona de salud sufre
hipertensión"», dice Mendoza. «Pero también sabemos, a partir de
muestras nacionales, que hay todavía muchas personas que siguen sin
diagnosticar. El cribado activo nos permite considerar un determinado
problema de salud, como la hipertensión, e intentar determinar la
prevalencia oculta.»
OMS/P. Harrison
Motivados
para atender, estudiantes de medicina, reciben clases de obstetricia en
1980. Por entonces, todos los médicos invertían un año de su formación
en el nivel de atención primaria. Actualmente tienen que pasar un año
como internos y dos como residentes formándose como médicos de familia
después de obtener su título.
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Los papeles de la policlínica y de los
consultorios de médicos y enfermeras de familia también están
evolucionando. «Desde 2007 se espera de las policlínicas que desempeñen
una función destacada [de creación de capacidad y control de la
calidad] entre las instituciones relacionadas con la salud en sus
comunidades», dice Luna. «Incorporamos a nuestro equipo a directores de
farmacias, residencias de ancianos, maternidades y otros», añade
Mendoza, «y además hemos empezado a ofrecer más formación a los
promotores de salud de la Federación de Mujeres Cubanas,
profesionalizando su trabajo en la comunidad».
Aproximadamente la mitad de los consultorios de médicos y enfermeras de
familia siguen estando dirigidos por médicos; y la otra mitad por
enfermeras orientadas en su labor por el médico de familia de la zona.
Actualmente hay unos 2500 pacientes por consultorio dirigido por un
médico en el nivel de atención primaria, con el respaldo de estas
enfermeras que, según Luna, «tienen que desempeñar un mayor papel».
La nueva fórmula obedece en parte a la necesidad de reorganizar el
sistema, pues hay más de 20 000 médicos cubanos que viven fuera del
país, la mayoría en África y en América Latina. Se está acelerando
también la formación de nuevos médicos de familia: «Estamos capacitando
ahora a un 42% más de médicos de familia a fin de disponer de los
suficientes para poder cumplir todos nuestros compromisos», dice Luna.
¿Qué nos queda por hacer? Según Mendoza, «tenemos que prestar más
atención a la satisfacción de los pacientes. A algunos de los
trabajadores les molesta las críticas, pero yo les digo "el día en que
creamos que lo estamos haciendo todo bien habremos abandonado a
nuestros pacientes, y habremos abandonado también nuestro compromiso en
favor de los principios de Alma-Ata"». Comentarios reservados a usuarios registrados. Por favor ingrese al sistema o regístrese. Powered by AkoComment! |