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Antes incluso de que pudiese suponer un problema real, el Senado de
EEUU ha aprobado una norma que impedirá a las compañías discriminar a
sus empleados en función de sus características genéticas. Ni los
empresarios, ni las aseguradoras podrán utilizar los tests genéticos de
un individuo para despedirle, contratarle, bajarle de categoría o
cobrarle más por un seguro de salud.
Por un aplastante 95 a cero, el Senado de EEUU ha aprobado esta
semana una nueva legislación que arrastra más de una década de
deliberaciones a sus espaldas. Para que la norma sea firme, aún falta la firma de la Cámara de Representantes y de la Casa Blanca, aunque ambas instituciones se han mostrado ya favorables a esta ley.
Esta enmienda pretende que sólo los médicos y sus pacientes tengan
acceso a la información que arrojen los análisis genéticos, y que
pueden indicar, por ejemplo, si una persona tiene más predisposición a
padecer cáncer, enfermedades cardiacas o Alzheimer.
"Nadie nace con los genes perfectos, por lo que cada uno de nosotros es una víctima potencial de discriminación genética",
ha declarado una de las pioneras en defender esta proposición, la
republicana Louise Slaughter. "Prohibiendo el mal uso de esta
información individual lograremos que muchos ciudadanos se hagan las
pruebas necesarias para el adecuado diagnóstico precoz y tratamiento de
las patologías que tienen origen genético".
De hecho, varios analistas indican estos días en la prensa
estadounidense que esta decisión animará a partir de ahora a muchos
estadounidenses a hacerse estos tests con más frecuencia (existen unos
1.100 disponibles en el mercado estadounidense); ya sin el temor a que
esa información pueda ser utilizada en su contra.
La norma prohíbe aumentar el importe de una póliza de salud (o
rechazar la cobertura) por motivos genéticos, e impide también que se
obligue a los clientes a hacerse análisis antes de firmar un seguro.
Las empresas tampoco podrán tomar decisiones laborales en función de
los genes de sus empleados. La propuesta no 'defiende' a las personas
que ya sufren la enfermedad (y que pueden tener que pagar algún recargo
en el momento de contratar un seguro), sino a aquellas que 'podrían'
padecerla en el futuro.
"La discriminación basada en la identidad genética de un individuo
es tan inaceptable como la que está motivada por cuestiones raciales o
religiosas", ha señalado el senador demócrata Edward Kennedy, uno de
los más firmes defensores de la propuesta. "Por primera vez se han dado
pasos para evitar la discriminación antes de que ésta haya cuajado", ha
apuntado por su parte la republicana Olympia Snowe.
No todo el mundo sin embargo se muestra tan satisfecho. La Cámara de
Comercio de EEUU ya ha criticado que sólo supondrá "más papeleo, más
gastos y más litigios". Temen, por ejemplo, que los empleados que
pretendan demandar a sus contratadores por discriminación de género,
incluyan entre sus motivos la cuestión genética.
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