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El tratamiento con AINE para controlar el dolor en pacientes añosos tiene efectos perjudiciales en el riñón y puede favorecer el inicio de la diálisis. Por eso, hay que considerar el estado del enfermo antes de iniciar el tratamiento, puesto que puede provocar un daño renal irreversible en pacientes que ya están polimedicados.
El médico de familia y el propio anciano han de tener en cuenta el daño
renal que provocan algunos tipos de medicamentos indicados para el
dolor en los mayores, donde la patología osteoarticular degenerativa,
dolor por cáncer o cefaleas obliga a veces a un consumo diario de
analgésicos. Este grupo de fármacos representa un riesgo de daño renal
que puede llegar a ser irreversible y, de hecho, en los últimos años se
ha asistido a una disminución progresiva de la edad media de los
pacientes en las unidades de diálisis, que está en 65 años.
Esta
es la reflexión en voz alta de Gema Fernández Fresnedo, médico adjunto
del Servicio de Nefrología del Hospital Universitario Marqués de
Valdecilla, de Santander, que ha recordado que, si bien el riñón del
anciano es capaz de cumplir su función en condiciones normales, "el
problema se produce cuando existen circunstancias añadidas que exigen
su adaptación funcional a un esfuerzo máximo, instante en el que la
homeostasis renal es probablemente insuficiente", ha precisado.
Fernández
Fresnedo ha destacado el hecho de que el 85 por ciento de los mayores
de 65 años toma algún fármaco, debido a la presencia de múltiples
patologías y a la frecuente automedicación. "En el anciano son también
habituales y más graves los problemas terapéuticos por ineficacia o
toxicidad, además de cambios fisiológicos que alteran los procesos de
absorción, distribución, metabolización y eliminación, especialmente
importantes para la supresión renal de los fármacos".
Amplia disponibilidadLa
nefróloga de Valdecilla ha puesto especial énfasis en el uso frecuente,
y a veces sin prescripción facultativa, de AINE tan comunes como el
ibuprofeno, el ácido acetil salicílico o el diclofenaco, que
constituyen uno de los subgrupos terapéuticos más utilizados por los
ancianos. De hecho, se estima en un 20 por ciento el porcentaje de
mayores de 65 años que los consumen habitualmente, debido a su amplia
disponibilidad, sin necesidad de prescripción médica.
"Sus
efectos secundarios e interacciones son más frecuentes y graves en el
anciano, por lo que se aconseja restringir su uso en este grupo de
población para aquellos casos en que los beneficios superen claramente
a los riesgos, y después de probar otras alternativas más seguras, como
el paracetamol".
En caso de ser necesarios, los nefrólogos
aconsejan que el paciente anciano utilice estos fármacos durante el
menor tiempo posible y en las dosis mínimas eficaces, ya que, entre sus
efectos secundarios, uno de los más importantes, por su gravedad, son
las consecuencias sobre el riñón. En este grupo de pacientes afectados
por patología osteoarticular degenerativa, dolor por cáncer o cefaleas
es obligado a veces un consumo diario de analgésicos, y los citados
fármacos representan un riesgo de daño renal que puede llegar a ser
irreversible.
Las posibilidades de padecer una enfermedad renal
aumentan a medida que la persona envejece, aunque es difícil establecer
si esta relación se da por la edad o por la asociación epidemiológica
con otros factores de riesgo como la hipertensión arterial y la
hiperglucemia. "Aunque no hay un límite claro de edad para la inclusión
de pacientes en la lista de espera de trasplante renal, el paciente de
mayor edad presenta un mayor número y gravedad de factores de
comorbilidad. De este modo, a partir de los 70 años se tiende a
considerar que los riesgos del trasplante superan a sus beneficios".
CaracterísticasAunque
diversas investigaciones dejan bastante claro que los ancianos se
benefician de los tratamientos igual que los jóvenes, la especialista
ha admitido que el abordaje del anciano resulta una tarea complicada
por la necesidad de tener presente en su manejo clínico una serie de
características, como son una farmacocinética alterada, la presencia de
otras patologías concomitantes o la farmacoterapia múltiple frecuente
en estos pacientes.
Pese a que los ancianos con afectación renal
pueden ser incluidos en tratamiento de diálisis o en las listas de
espera para trasplantes, tal y como ha recalcado Gema Fernández, es muy
importante una buena selección de los pacientes de mayor edad,
atendiendo no sólo a su edad cronológica, sino a la biológica, a la
calidad de vida que se les va a aportar y a los factores comórbidos
presentes, evaluando principalmente, por ser el mayor condicionante, la
patología cardiovascular.
"Los resultados de las terapias de
tratamiento sustitutivo en personas mayores son peores que en pacientes
jóvenes, y al mismo tiempo su esperanza de vida es inferior que la de
individuos sanos de similar edad. Estos enfermos se ven afectados por
unos trastornos añadidos que influyen negativamente en su pronóstico a
largo plazo".
Más alertas contra el abuso de los antiálgicosHace
unos días se publicó un estudio en The International Journal of
Epidemiology en el que se indicaba que el paracetamol en el embarazo
elevaba el riesgo de asma.
Manolis Kogevinas, del Centro de Investigación en Epidemiología
Ambiental y del Instituto Municipal de Investigación Médica, de
Barcelona, comentó en Diario Médico que "se ha puesto de manifiesto por
primera vez con suficiente evidencia científica los efectos para el
feto del paracetamol tomado en cualquier momento del embarazo, ya que
atraviesa la placenta y el feto no tiene capacidad de metabolizarlo".
No
es el único análisis que pone de manifiesto los riesgo de ciertos
analgésicos. Si se hace una revisión en Medline se puede confirmar que
hay un número considerable de estudios que destacan los efectos de los
AINE en el sistema cardiovascular y renal.
Así, un trabajo
coordinado por Thierry Schaeverbeke, del Centro Universitario de
Burdeos, destaca que es necesario valorar las alteraciones
cardiovasculares y renales asociadas al empleo de estos analgésicos,
sobre todo en pacientes con artritis reumatoide, que necesitan una
terapia crónica. Y otro trabajo francés coordinado por Stanislas
Chaussade, del Servicio de Gastroenterología del Hospital Cochin, en
París, apunta la existencia de toxicidad cardiovascular provocada por
el consumo a largo plazo de AINE.
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