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Duermen menos que los adultos porque fisiológicamente tienen una tendencia a acostarse más tarde. Y como tienen que levantarse más temprano para cumplir con sus obligaciones escolares, no logran descansar lo suficiente.
Esa maldita costumbre que tenés de acostarte a cualquier hora. ¿Ves?
Ahora no podés despegarte de la cama". ¡Levantate de una vez!".
¿Cuántas veces han sentido los adolescentes que el refrán "Al que madruga, Dios lo ayuda" era,
como poco, una sentencia injusta? Gracias a un estudio publicado por
investigadores australianos, los chicos tendrán derecho a pedirles a
sus padres que suspendan las recriminaciones. Y que los entiendan.
Luego de profundizar sobre el sueño de más de 310 estudiantes (tanto en
época de clases como en vacaciones), los expertos concluyeron -una vez
más- que su actitud remolona no es una rebeldía. Los chicos tienen una
razón fisiológica: poseen un reloj biológico distinto que los induce a
quedarse despiertos hasta más tarde. Y como tienen que levantarse
temprano para cumplir con sus obligaciones escolares, no logran dormir
lo suficiente.
Según la investigación, la mayoría de los adolescentes está obligada
(para ir al colegio u otras actividades) a despertarse hasta dos horas
y media antes de lo que exige su ritmo natural. Por eso, en época
escolar duermen exactamente una hora y 17 minutos menos por noche
respecto de las vacaciones. En el informe también se muestra que los
chicos creen que necesitan unas ocho horas y 45 minutos de sueño diario
cuando van al colegio, pero sin esa obligación duermen nueve horas y 12
minutos.
Las consecuencias no tardan en aparecer. Recién empiezan a sentirse
frescos y listos para trabajar una hora después de entrar a clase. Por
la falta de sueño, además, sienten irritabilidad y tristeza. "El
ingreso temprano a clases hace que acumulen sueño y muestren desánimo",
explican Greg Murray, Suzanne Warner y Denny Meyer, de la Universidad
Tecnológica de Swimburne, Australia, en su trabajo publicado en el Journal of Adolescence.
"Los seres humanos tenemos preferencias diferentes en cuanto a los
horarios para realizar nuestras actividades, lo que en cronobiología
-disciplina que estudia los ritmos de las funciones corporales- se
conoce como cronotipos. Así como los ancianos tienden a ser más
matutinos (o 'alondras'), los adolescentes son típicos 'búhos', es
decir, a la mañana están medio zombies y recién comienzan a ser
personas hacia la tarde, con una preferencia hacia actividades más
tardías", explica Diego Golombek, biólogo e investigador del Conicet.
"El adolescente tiene una especie de desprecio por el sueño; dormir es
una pérdida de tiempo. Todo es más importante que eso: chatear,
escuchar música, ver televisión. Eso es cultural, pero también es
cierto que hay una causa fisiológica, que su curva del sueño es
diferente. Se acuestan más tarde y deberían levantarse más tarde pero
no pueden. Entonces empiezan a tener problemas severos de escolaridad",
opina Mirta Averbuch, co-autora del libro "Recetas para dormir bien" y
jefa de la unidad de Medicina del Sueño de la Fundación Favaloro.
Así fue que en Estados Unidos varios estados retrasaron el horario de
entrada a clases. "No hubo demasiados cambios, no es que rinden
muchísimo más, pero seguro que los favorece", dice Averbuch. "Es muy
raro encontrar horarios tan tempranos para clases como en Argentina.
Acá, en invierno, los chicos van de noche", dice Alfredo Van Gelderen,
pedagogo y miembro de la Academia Nacional de Educación.
Para Oscar Martínez, neurólogo especialista en sueño del Hospital
Británico, una correcta iluminación en las aulas mejoraría la
situación: "La luz es el principal regulador del reloj interno. Sería
conveniente la exposición a una luz adecuada en las aulas de los
colegios para intentar sincronizar su reloj biológico".
Una de las claves del reloj biológico adolescente está en la
melatonina, una hormona que interviene en la regulación de los ciclos
de sueño/vigilia. En la pubertad, esta hormona es segregada en horarios
más tardíos. "De allí que los adolescentes estén más lúcidos por la
noche y se vuelquen a las computadoras u otras tecnologías en esos
horarios", explica Suzanne Warner. Claro que también hay cuestiones
culturales: "La tele y la PC cambiaron los hábitos, sería bueno
modificarlos para no restar horas al descanso", concluye Martínez.
Averbuch coincide. Y aporta un dato clave: "Durante el sueño se fijan
los conocimientos".
Duérmete, niño
Según estudios publicados en revistas especializadas de EE.UU., dormir
poco duplica el riesgo de que los más chiquitos desarrollen sobrepeso y
aumenta las chances de que padezcan ansiedad y depresión en el futuro.
Los unos y los otros
Alondras. Los científicos llaman así a quienes son
madrugadores. Sólo el 10% de las personas es alondra extrema. Otro 10%
es búho extremo; el 80% restante, un término medio.
Búhos. Así se conocen a los que duermen tarde. Según
el Centro Regional de Alteraciones del Sueño, de EE.UU., el horario del
sueño está determinado genéticamente.
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