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Médicos Uruguayos ejemplares: Dra. Perla M. Temesio Sportuzo PDF Imprimir E-Mail
Aporte para DiarioSalud.net del Dr. Antonio L. Turnes   
martes, 22 de abril de 2008

Perla M. Temesio Sportuzo nació en Montevideo el 20 de julio de 1920. Se graduó el 24 de diciembre de 1948. Falleció en la misma ciudad el 1º de setiembre de 1983, a los 63 años. Fue una figura fundamental en la enseñanza, en la atención y en la investigación de la Diabetes del adulto en el Uruguay. Aunque no fue la primera que dedicó su atención a la patología, vislumbró tempranamente la importancia que tendría en su vida y en el futuro del país, dada su pirámide y dinámica de población, y consagró su actividad profesional a esta importante entidad nosológica.

Tuvo una hermana también médica, algo mayor que ella, Nelly Esther[Temesio Sportuzo] nacida el 13 de enero de 1918, graduada el 27 de abril de 1949 [1] y fallecida casi quince años más tarde, el 8 de junio de 1998. Ésta fue Pediatra y Hematóloga, habiendo sido la única médica uruguaya que tuvo la fortuna de trabajar  con Wintrobe, en los Estados Unidos, uno de los fundadores de la Hematología Moderna. Su trabajo lo realizó fundamentalmente en el Hospital Pereira Rossell, donde fue jefe de la sección Hematología del Laboratorio Central, y figura de consulta obligada en los pacientes hematológicos pediátricos.

La familia Temesio es de origen italiano, su abuelo provenía de una región próxima a Génova, y su padre y tío fueron comerciantes emprendedores de la primera mitad del siglo XX en los ramos de comercio y zapatería respectivamente. [2]

LA DIABETOLOGÍA EN NUESTRO MEDIO

La diabetología en el Uruguay podría decirse que comenzó con Perla Temesio, o al menos gracias a su empeño, dedicación, contactos internacionales y sabiduría, alcanzó autonomía como disciplina jerarquizada dentro de la Clínica Médica y alcanzó connotación internacional. Anteriormente se había manejado esta disciplina, en orden general, dentro de la Medicina, y más específicamente en la Clínica Endocrinológica. A su vez, en el área de la Pediatría, otras figuras de primer orden habían hecho lo propio, destacando la alta  incidencia social que la diabetes tenía, y a su respecto deberían citarse entre otras a la Dra. María Luisa Saldún de Rodríguez y el Dr. Víctor Scolpini Dotti, que llevaron muchos años un servicio ejemplar en el Hospital Pereira Rossell.

Perla Temesio trabajó fundamentalmente con las Clínicas Médicas que estaban ubicadas en el Hospital Universitario, y en forma especial con la que dirigió el Prof. Pablo Purriel (Clínica Semiológica, Clínica Médica “D”), con la que colaboró largos años, como lo había hecho antes con el Prof. Julio C. García Otero.

Desde una concepción de atención integral, de respeto a los derechos del paciente y a jerarquizar su propio rol en el conocimiento de la enfermedad y en la prevención de sus complicaciones, fue un nexo fundamental para vincular a las distintas especialidades que tenían que ver con el paciente diabético, que comenzó a cobrar relevancia y a ser mejor atendido, poniendo a su servicio una amplia variedad de recursos dispersos, que ella supo integrar con maestría: desde la Neurología y la Oftalmología, la Clínica Quirúrgica por todas las complicaciones de los pacientes diabéticos, tanto en materia de arteriopatías periféricas como en el cuidado de su pie y otras derivaciones,  así como la Nutrición, la Podología y la Obstetricia.

SU TRABAJO EN EL HOSPITAL UNIVERSITARIO

El Hospital Universitario le dio amplio lugar para desarrollar su tarea, sin tener un centro fijo, en tiempos en que ubicar a las personas no era sencillo en un edificio de esa complejidad. Colaboró también con la Clínica Médica del Prof. Fernando Herrera Ramos (Clínica Médica “A”), y fue consultante de pacientes diabéticos alojados en todos los servicios del hospital. Pero en forma especial le permitió desarrollar una amplia colaboración con el Centro Latinoamericano de Perinatología que dirigió el Prof. Dr. Roberto Caldeyro Barcia, antes denominado Servicio de Fisiología Obstétrica “Dr. Bernardo Houssay”, en el Piso 16, y con la Clínica Ginecotocológica “A” que dirigía el Prof. Dr. Juan José Crottogini y sus colaboradores y sucesores, que dieron especial atención, gracias a la insistencia y cuidado de Perla Temesio, al estudio de la Diabetes y Embarazo, tratando a las embarazadas diabéticas como pacientes de Alto Riesgo y monitorizando sus partos, de manera que gracias a esa tarea se pudieron salvar muchos niños y controlar mejor los embarazos. Desde un sitio en que la enseñanza fluyó a estudiantes y graduados, en forma natural e incorporada a la rutina, tanto en la atención de policlínica como para las pacientes hospitalizadas.

En el libro “Diabetes Mellitus” publicado por el Sindicato Médico del Uruguay en 1963, bajo la dirección de los Dres. Francisco Rocca y Juan Carlos Plá Verde, tal vez contribuyó con algún capítulo, aunque no figura entre los créditos principales.

FORMACIÓN CLÍNICA Y ACCIÓN SOCIAL

Su formación sólida en Clínica Médica fue completada con estadías en los Estados Unidos de América, donde tomó contacto principalmente con la Clínica fundada por el Dr. Elliot  Joslin[3] [Joslin Clinic, Boston, Massachussets, EUA, que fue el primero en aplicar clínicamente la insulina a pacientes en 1923, en unión con el Laboratorio Ely Lilly][4], autor de jerarquía en el tema, y en la región con el Dr. Pedro Escudero[5], en la República Argentina.

En su plan de navegación y en sus manos estuvo la dirección certera para enfocar la atención del paciente diabético, enfatizando en los aspectos educativos, sociales y de prevención, lo que tuvo múltiples traducciones en los más diversos ámbitos.

En primer lugar, destacó el apoyo que supo generar de todas las especialidades vinculadas, para reconocer y tratar de forma dedicada al paciente diabético, obteniendo los mejores resultados con los medios disponibles en cada lugar, tanto público como privado. Progresivamente se dio espacio en cada institución para reconocer el valor de una atención dedicada, la habilitación de policlínicas especiales, la atención a la familia y la educación de la misma, en aspectos tales como el cuidado de las lesiones, la alimentación apropiada, el suministro de la medicación cuando era necesaria y la educación en su correcto empleo.

En segundo lugar, hizo docencia e investigación sobre la Diabetes como entidad clínica merecedora de la mayor atención, de acuerdo a las características de la población de Uruguay, y trasmitió a los estudiantes y médicos jóvenes el entusiasmo que la caracterizó siempre, para darle la más esmerada atención, destacando aquellos detalles que en el largo plazo llevarían inexorablemente a complicaciones, y asentando algunos conceptos prínceps, como el de que el tratamiento de la diabetes descansaba en un trípode: la dieta, el ejercicio y la medicación – cuando era necesaria -, y del equilibrio que los tres debían guardar para asegurar una buena calidad de vida y el menor número de complicaciones.

En tercer lugar, dedicó buena parte de su vida a comunicar cómo se podía y debía cuidar al paciente diabético, insistiendo en lo social. Generó, junto a un conjunto de destacados profesionales, médicos y de otras disciplinas, la Asociación de Diabéticos del Uruguay, fundada hace más de 50 años, que abrió un espacio para la información al paciente y sus familias, realizando obra fecunda: desde la realización de exámenes gratuitos, el suministro de elementos de control en el hogar, cuando ellos estuvieron disponibles en el mercado, y la venta de medicación onerosa a bajo costo, especialmente los diversos tipos de insulina que fueron apareciendo.

El 13 de agosto de 1970, se fundó a instancias de Perla Temesio, la Sociedad de Diabetología de la cual fue su Primera Presidenta.

Fuera del Hospital Universitario, dedicó también su energía, que era mucha y que prodigó sin tasa ni medida, al Hospital Maciel, donde llevó adelante una Policlínica que hoy lleva con justicia su nombre, en el viejo pabellón “Dr. Germán Segura”, con frente a la calle 25 de Mayo, frente a la entrada principal, compartiendo espacios de consultorios y salas de espera con la Policlínica Gastroenterológica del Dr. Germán Rubio, que dirigió por largos años, luego continuada bajo la dirección  del Prof. Dr. Horacio Gutiérrez Blanco, trabajando y siendo especialmente querida por todos sus colegas de ese lugar, donde se atendía un importante sector de población de extracción humilde.

Entre otros reconocimientos a su extensa labor, recordamos que le fue entregada la medalla  Hagedorn, y que en octubre de 1982 fue designada “Profesora Ad Honorem” por la Facultad de Medicina, además de haber recibido el premio Banting en dos oportunidades.

SU PERSONALIDAD

De  estatura baja y menuda, movimientos rápidos, una sonrisa siempre a flor de labios, una mirada dulce y clara, con aquellos ojos azules, a través de sus anteojos de grandes cristales, tenía una voz aguda y algo cantarina, como de soprano ligera, que la hacía notar, aunque no se lo propusiera en cualquier reunión. Era una mujer elegante, siempre vestida con sobriedad y buen gusto, apenas maquillada, desbordando simpatía. Y también firmeza, cuando había que discutir o enfrentar alguna situación que le parecía injusta. Sabía defenderse en todos los terrenos y aunque era respetuosa, no dejaba pasar ninguna alusión o frase con doble sentido, si consideraba que debía replicar. Para lo cual tenía una velocidad tan alta como para expresarse habitualmente, lo que siempre hacía con calidad y corrección. Dentro de esa sobriedad y sencillez de imagen, irradiaba confianza, tanto al paciente, a su familia, como al colega o al estudiante que se acercaba a aprender junto a ella.

SU ACTIVIDAD CLÍNICA, CIENTÍFICA Y DOCENTE

Fue en el Hospital de Clínicas “Dr. Manuel Quintela” que pudo integrar todas las disciplinas, conforme estaba pensado este centro asistencial, de docencia e investigación universitaria, en su época de oro, que lo fue en las décadas del 50 y 60. Así desarrolló intensa actividad con las Clínicas Médicas, como fue dicho, pero también con sectores que iniciaban su actividad como la Nefrología, de la mano de la Anatomía Patológica, que cultivó junto al inolvidable “Gaucho” Prof. Dr. Walter Acosta Ferreira, que por entonces era un Bachiller dedicado “full time” a la tarea de docencia, asistencia e investigación en la cátedra que dirigía su tío el Prof. Dr. Pedro Ferreira Berrutti, oriundo de Paso de los Toros.

Se fueron introduciendo las biopsias de riñón a los pacientes diabéticos, como a todos los pacientes renales, y presentando resultados en diversos foros nacionales e internacionales. Fue tomando importancia en nuestro medio el síndrome de Kimmelstein Wilson, que afectaba al paciente diabético, el que pudo ser reconocido primero en estadios avanzados y luego en etapas más precoces.

La retinopatía diabética fue precozmente detectada gracias a la colaboración desarrollada con la Clínica Oftalmológica dirigida por el Prof. Dr. Raúl Rodríguez Barrios y sus colaboradores, que hicieron del estudio del Fondo de Ojo una de las rutinas del estudio de todo paciente diabético o hipertenso.

Se vinculó tempranamente a un conjunto de colegas, mayores y menores, como el Dr. Ricardo Enciso, otro referente de la Diabetología, de porte adusto y casi solemne, de modales educados y recios, y a otros más jóvenes los Dres. Roberto Estrade, Laura Gallego, Juan José Fraschini Petrini y Ana María Jorge, que hacían sus primeras armas en esta novel disciplina y que por lo común andaban juntos enfrentando las batallas que había que dar, en aquel tiempo de comienzos, por asentar con firmeza los pilares de la disciplina que estaban impulsando con espíritu autonómico.

Fue pionera en la organización de actividades de Educación Médica Continua, más allá de la Clínica a la que consagró la mayor parte de su actividad, organizando Jornadas para médicos tanto en Montevideo como en el Interior, para capacitar a profesionales en esta disciplina.

Profundizó su  trabajo asistencial,  docente y científico a partir de la Policlínica de Diabetes instalada en el Hospital Maciel, donde consolidó un grupo técnico interdisciplinario en beneficio de la atención integral de los diabéticos. Desde este Servicio se promovió la creación de un Equipo de Podología especializado en afecciones del pie diabético, dirigido por el Profesor Feldman.

Al igual que sucedía con otras especialidades en sus comienzos, la gran mayoría de los pacientes eran atendidos por médicos generales. Pero particularmente los Endocrinólogos, que tenían dentro de su “territorio” la actividad endócrina del páncreas, como los médicos Internistas, que también habían realizado por muchas décadas el tratamiento en la emergencia o en la consulta de los pacientes diabéticos, creían que esta categoría de enfermos les pertenecía. Que alguien viniera a reivindicar otros fueros, trayendo nuevos enfoques, fuera de los ámbitos académicos, asistenciales o universitarios en los que ellos habitualmente se movían, era un desafío demasiado osado que no era generalmente bien recibido. Sólo la grandeza de personajes como Pablo Purriel, podían poner una muralla a los diferentes cantones de defensores del diabético, para su territorio, porque en definitiva, él sabía que los ponía en las mejores manos. Y que gracias a la tenacidad, sagacidad y sabiduría de este pequeño grupo profesional y humano, que venía creciendo en su trabajo, y traduciendo el beneficio de su accionar en los resultados que alcanzaban para sus pacientes, con su espíritu integrador que salía de los límites de la disciplina, para enriquecerla con el aporte de otras complementarias, estaba alumbrando un nuevo segmento de la clínica que iba ganando su derecho de piso.

Poco a poco fue ganando espacios no sólo en la Clínica Médica y en las Clínicas Médicas que tenían por sede al Hospital de Clínicas “Dr. Manuel Quintela”. También los demás servicios hospitalarios, especialmente los de Cirugía, la Ginecología y Obstetricia, la Oftalmología y muchas otras disciplinas, fueron recurriendo a la interconsulta con la Dra. Perla Temesio para el tratamiento de las complicaciones de sus pacientes diabéticos, en el pre y post operatorio, o en el curso del embarazo, el parto y el puerperio. Enseñó sin cesar, dedicando todo su tiempo, su sabiduría y sus modales suaves y firmes a la vez, para que otros comprendieran y pudieran hacer mejor su trabajo. Como una mancha de aceite, sus enseñanzas fueron extendiéndose desde el Hospital Universitario, y en menor medida desde su querida policlínica en el Hospital Maciel, a las entidades privadas de salud, fundamentalmente las mutualistas (IAMC) que poco a poco, en Montevideo y en el Interior, fueron incorporando primero algún médico que se ocupara de los pacientes diabéticos, y más tarde policlínicas para su atención descentralizada, lo que permitió que los pacientes que sufrían esta afección tuvieran un cambio fundamental en su calidad de vida, agregando vida a sus años y evitando complicaciones que sólo conociéndolas podían manejarse con solvencia y eficacia.

Su espíritu colaborador en alto grado, le obligaba a contribuir, toda vez que se identificaba con el valor de alguna experiencia, fuera científica, clínica, social o de otro orden, con el proyecto que le propusieran, si su conciencia le indicaba que eso era bueno para los diabéticos. Que eran los grandes privilegiados de su vida, y el fruto de todos sus anhelos.

Así multiplicaba su tiempo en conferencias, congresos, charlas, ateneos, clases y actividades grupales, donde volcaba una y otra vez, el torrente de conocimientos, y su apostolado a favor de estos pacientes, que con el paso del tiempo iban engrosando sus filas. Ya fuera porque efectivamente, su número iba en aumento en una población que envejecía y tenía muchos rasgos de sedentarismo, como por la voz que se iba corriendo, de que había surgido un grupo pequeño de médicos que trataban a los diabéticos con otra mirada, y que en definitiva, consagraban su vida a esta enfermedad crónica de una manera ejemplar. Y lo de “apostolado” iba más allá de la metáfora. Fue una mujer dedicada en alma y vida a la Medicina, a los pacientes diabéticos, como forma de hacer realidad su fe católica, que siempre la acompañó y distinguió sin ningún tipo de alarde.

Perla Temesio fue una verdadera defensora de los diabéticos. No sólo desarrolló las policlínicas, los protocolos de cuidado para la madre y el niño diabéticos, para el cuidado de la embarazada pre-diabética, ayudando a definir claramente conceptos que trasponían fronteras, integrando al gineco-obstetra con el pediatra, y cuando lo hubo, con el neonatólogo. Sino que también se preocupó de que las instituciones fueran abriendo espacios para la atención de estos pacientes, ensanchando cada día más los horizontes en los cuales tenían presencia los Diabetólogos, y permitían, gracias a esta visión, asegurarle mejores condiciones de atención de salud y de vida a los pacientes. Recuerdo más de una vez, sus preocupaciones y gestiones, a todo nivel, con esa pasión que ponía en todo, que no lograba adhesiones por lo imponente de su figura sino por la contundencia de sus razones, como por ejemplo, algunas crisis de importaciones que ponían en riesgo la introducción al país de algún tipo de insulina. En esas circunstancias era cuando se ponía de manifiesto esa montaña de energía que descargaba Perla Temesio, haciendo rápidas y eficaces gestiones a todo nivel, desde el Presidente de la República, a los Ministros de Salud y Economía, logrando que rápidamente se comprendiera la situación y se minimizaran sus efectos adversos, resolviéndolos rápida y eficazmente. Era como la varita mágica de la Justicia para los pacientes diabéticos, cuya vida dependía del suministro continuo de esa medicación esencial.

Junto a otros colegas, y particularmente desde la Asociación de Diabéticos del Uruguay, bregó largos años por la sanción de la Ley [No. ] de Lucha Antidiabética, aprobada por el Parlamento en 1971, que generó una serie de beneficios para los afectados por esta patología, entre los cuales, la liberación de impuestos para la importación de insulina, jeringas y agujas para suministrarla, hipoglucemiantes orales, reactivos para el control domiciliario o ambulatorio de los pacientes, el carné del diabético para acreditar su condición de tal y acceder a estos beneficios, y muchas otras disposiciones, entre las cuales la obligatoriedad para el Instituto Nacional de Alimentación de proveerle una dieta especial para ellos. Esta ley de sólo 17 artículos hizo del Uruguay el primer país en el mundo que tuvo una legislación semejante. En las décadas siguientes, incluso en el siglo XXI, seguirían proyectándose actividades como la Encuesta de Prevalencia en Diabetes, [dispuesta por la Ley No. ] que seguirían poniendo a nuestro país en lugar destacado en el conjunto de las naciones, por la atención que prestaba a la prevención en este terreno, lo que debe sin duda ser adecuadamente destacado.

Sus trabajos científicos le permitieron colaborar con las más diversas disciplinas, dejando un testimonio de cuanto queda dicho. Participó en trabajos sobre Neuropatía Diabética con el Prof. Dr. José B. Gomensoro (Neurólogo) y el Prof. Dr. Álvaro Ferrari Forcade (Fisiatra), como con trabajos de Diálisis Renal Crónica en pacientes diabéticos, con la flor y nata de los primeros nefrólogos, urólogos y cirujanos uruguayos, que junto a ella encararon un trasplante renal a una paciente de 33 años, que desde los 3 padecía una Diabetes tipo 1, recibiendo un trasplante de dador vivo (su madre, de 62 años) realizado por este equipo multidisciplinario con todo éxito: Dante Petruccelli, Luis Campalans [nefrólogos pioneros], Jorge Pereyra Bonasso, Julio C. Viola Peluffo [urólogos], Uruguay Larre Borges [cirujano], Francisco (Paco) González, José Ventura y Laura Rodríguez Juanicó [entonces nefrólogos jóvenes]. Estos trabajos le merecieron el Premio Banting en dos oportunidades. [6] .

Se vinculó con el Laboratorio de Fisiología Endocrina de la Facultad, trabajando en anticuerpos anti-insulínicos (en cobayos y conejos) junto a la Dra Susana Maggiolo.

En 1974 publica un artículo en la Revista Médica del Uruguay, antes de la intervención del Sindicato Médico del Uruguay, sobre el tratamiento de la Diabetes Mellitus en el adulto, una verdadera puesta al día, para el médico general y el internista, así como para el practicante interno, el residente  o el estudiante de medicina en tren de preparar las clínicas, sobre lo que eran las modernas líneas del tratamiento de esa enfermedad a la que consagró gran parte de su vida médica.

Su vida fue, en buena parte, una cronología del progreso que tuvo el diagnóstico, tratamiento y mejoramiento del pronóstico de esta enfermedad, que fue, con el paso del tiempo, convirtiéndose en un azote de contingentes mayores de población. Asistió desde el uso de dos tipos de insulina, la cristalina, la PZI (Insulina Protamina Zinc) de los años ´30 y la NPH (Protamina Neutra Hagedorn) de los años ´40, hasta la aparición de las modernas insulinas llamadas “lentas” o de liberación prolongada, producidas al comienzo en Dinamarca, a fines de los ´60, que permitieron ir modificando su administración a los pacientes insulina dependientes, permitiéndoles una vida más libre y autónoma. Trajo el conocimiento de las bombas de insulina, y asistió a los primeros pacientes que la incorporaron, lo que no era sencillo ni barato. Pero requería además, una alta dosis de confianza en los conocimientos del médico que lo recomendaba, que debería estar acompañando al paciente en todo momento hasta que éste se habituara a manejarse con un instrumento novedoso y complejo. No llegó a ver, en nuestro país ni en el mundo, los trasplantes de páncreas, o los dobles trasplantes de riñones y páncreas, [como el que se mostró en el Congreso Mundial de Buenos Aires, por Lilliehei en 1970, realizado en EUA, Chicago] que hoy son cosa corriente en los países del primer mundo y los grandes centros, poniendo una solución satisfactoria a los pacientes que perdieron la funcionalidad renal por la evolución de su diabetes, a la vez que les aporta un páncreas nuevo con el que curar su enfermedad. Seguramente una investigación en profundidad permitiría registrar en forma más amplia tanto su bibliografía, actuación profesional y docente, como los reconocimientos que en su vida recibió. En la velocidad con que reunimos este pequeño aporte, sólo pudimos confrontar opiniones con una estimada colega y amiga, que nos dejó estas inquietudes, como elementos a confirmar y completar.[7]

7) Que se vinculó con el Laboratorio de Fisiología Endocrina de la Facultad, trabajando en anticuerpos anti-insulínicos (en cobayos y conejos). Esto se puede ilustrar ya que fuí la inconsciente responsable [¡¡¡muy bien dicho!!!] de mezclar ratas con cobayos y conejos en un mismo ambiente y de contrabando!!!

Perla, como su hermana Nelly, dedicaron su  vida, que fue su  vocación, a la Medicina, cada una en lo suyo.

Para Perla, el mejor fruto fueron sus obras en beneficio de los pacientes diabéticos, jóvenes y adultos. De su Asociación de Diabéticos del Uruguay. Y del reconocimiento de que el diabético, como persona, y los diabéticos como grupo vulnerable de la sociedad, son merecedores de todo el apoyo de las autoridades de salud, y particularmente de los servicios sanitarios. Tal vez buena parte de las enseñanzas que trató de plasmar, y efectivamente lo logró en Uruguay a lo largo de sus años de intenso batallar, los trajo de la experiencia en la Joslin Clinic, que siempre tuvo entre sus mejores experiencias. Trabajó con alegría, una especie de satisfacción por ser útil a los demás,  básico del profesional médico, no en el sentido de agradar, sino de beneficiar a todos con sus conocimientos, con su altura moral, con su ejemplo y su generosidad para compartir conocimientos. Jerarquizó una disciplina que ella hizo respetable y honorable, luchando siempre por ser la mejor, lo cual, en su tiempo, siendo mujer, tal vez le costó un precio más alto. Merece vivir en el recuerdo de la profesión médica, y perpetuarse en la memoria colectiva, como impulsora de la vida de muchos pacientes que hoy son personas socialmente útiles, gracias a las previsiones y enseñanzas que nos dejó Perla Temesio.

 

Dr. Antonio L. Turnes

Dr. Dante Petruccelli Romero

Dra. Perla Vivas Temesio




[1] BUÑO, Washington: Nómina de Egresados de la Facultad de Medicina de Montevideo, año 1875 a 30 de abril de 1965, pág. 92.

[2] Desconocemos sus antecedentes familiares, pero hemos podido rastrear que el apellido tiene origen en las regiones de Liguria y Emilia Romagna, en Italia. En Uruguay existió una zapatería prestigiosa [Temesio Calzados] con calzatura fina para damas, que perteneció a un tío suyo, según información familiar, brindada por la cooperación de la Dra. Perla Vivas.

[3] JOSLIN, Elliot P. (1869 – 1962) diabetólogo norteamericano, introductor en la clínica humana de la insulina en 1923 y fundador de la Clínica Joslin (en Boston, Massachussets, EUA), mundialmente reconocida en el mundo por sus avanzados métodos de tratamiento del paciente diabético.

[4] La Insulina fue descubierta por Frederick Grant Banting (1891 – 1941) y Charles H. Best (1898 – 1978), ambos de Toronto, Canadá, en 1921, y ensayada en un niño con éxito en 1923. Este año le dieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina a Frederick G. Banting junto al Dr. J.J.R. Mac Leod, hecho que disgustó a Banting, porque dejaron de reconocer a su estrecho asistente, el Dr. Best. Sin embargo, compartió su parte del Premio Nobel con él. El Dr. John James Richard Macleod, también nacido y muerto en Canadá (1876 – 1935) compartió su mitad del Premio Nóbel con su ayudante.

[5] ESCUDERO, Pedro (1877 – 1963), médico argentino, fundador de la Sociedad Argentina de Nutrición y  fundador de la Asociación de Diabéticos de la Argentina. Fue autor de una dieta especial, que lleva su nombre, para los pacientes diabéticos en determinadas circunstancias.

[6] SCOLPINI DOTTI, Víctor: Historia de la Diabetología en el Uruguay. En http://www.smu.org.uy/historia/articulos/hist_diab.pdf

[7] (Aportes de la Dra. Susana Maggiolo)

Pienso que como datos a considerar para agregar:

1) Que le fué otorgada la Medalla Hagedorn .

2) Que le fué otorgado el título de Profesora Ad Honorem por la Facultad de Medicina (también confirmar [ver al Decano]  si fué en octubre de 1982).

La fuente es:  Homenaje a Perla Temesio

        Diabetes Uruguay N° 133
        4 de febrero de 1984.

3) Que fué pionera en la organización de actividades de Educación Médica [Continua], organizando Jornadas para médicos tanto en Montevideo como en el Interior, para capacitar a los médicos en esta disciplina

4) Que en la etapa de la Policlínica de Diabetes del H. Maciel promovió la creación de un Equipo de Podología, dirigido por el Profesor Feldman.

5) Sería importante precisar cuando fué que se independizó la Policlínica de diabetología de Gastroenterología.

6) Que ya que se nombra a Estrade habría que mencionar a los otros que fueron sus alumnos y posteriormente continuaron su labor

7) Que se vinculó con el Laboratorio de Fisiología Endocrina de la Facultad, trabajando en anticuerpos antiinsulínicos (en cobayos y conejos). Esto se puede ilustrar ya que fuí la inconsciente responsable [¡¡¡muy bien dicho!!!] de mezclar ratas con cobayos y conejos en un mismo ambiente y de contrabando!!!

 

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