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Perla M. Temesio Sportuzo nació en Montevideo el 20 de julio de 1920. Se graduó el 24 de diciembre de 1948. Falleció en la misma ciudad el 1º de setiembre de 1983, a los 63 años. Fue una figura fundamental en la enseñanza, en la atención y en la investigación de la Diabetes del adulto en el Uruguay. Aunque no fue la primera que dedicó su atención a la patología, vislumbró tempranamente la importancia que tendría en su vida y en el futuro del país, dada su pirámide y dinámica de población, y consagró su actividad profesional a esta importante entidad nosológica.
Tuvo
una hermana también médica, algo mayor que ella, Nelly Esther[Temesio Sportuzo]
nacida el 13 de enero de 1918, graduada el 27 de abril de 1949 [1]
y fallecida casi quince años más tarde, el 8 de junio de 1998. Ésta fue
Pediatra y Hematóloga, habiendo sido la única médica uruguaya que tuvo la
fortuna de trabajar con Wintrobe, en los
Estados Unidos, uno de los fundadores de la Hematología Moderna. Su trabajo lo
realizó fundamentalmente en el Hospital Pereira Rossell, donde fue jefe de la
sección Hematología del Laboratorio Central, y figura de consulta obligada en
los pacientes hematológicos pediátricos.
La
familia Temesio es de origen italiano, su abuelo provenía de una región próxima
a Génova, y su padre y tío fueron comerciantes emprendedores de la primera
mitad del siglo XX en los ramos de comercio y zapatería respectivamente. [2]
LA
DIABETOLOGÍA EN NUESTRO MEDIO
La
diabetología en el Uruguay podría decirse que comenzó con Perla Temesio, o al
menos gracias a su empeño, dedicación, contactos internacionales y sabiduría,
alcanzó autonomía como disciplina jerarquizada dentro de la Clínica Médica y
alcanzó connotación internacional. Anteriormente se había manejado esta
disciplina, en orden general, dentro de la Medicina, y más específicamente en
la Clínica Endocrinológica. A su vez, en el área de la Pediatría, otras figuras
de primer orden habían hecho lo propio, destacando la alta incidencia social que la diabetes tenía, y a
su respecto deberían citarse entre otras a la Dra. María Luisa Saldún de
Rodríguez y el Dr. Víctor Scolpini Dotti, que llevaron muchos años un servicio
ejemplar en el Hospital Pereira Rossell.
Perla
Temesio trabajó fundamentalmente con las Clínicas Médicas que estaban ubicadas
en el Hospital Universitario, y en forma especial con la que dirigió el Prof.
Pablo Purriel (Clínica Semiológica, Clínica Médica “D”), con la que colaboró
largos años, como lo había hecho antes con el Prof. Julio C. García Otero.
Desde
una concepción de atención integral, de respeto a los derechos del paciente y a
jerarquizar su propio rol en el conocimiento de la enfermedad y en la
prevención de sus complicaciones, fue un nexo fundamental para vincular a las
distintas especialidades que tenían que ver con el paciente diabético, que
comenzó a cobrar relevancia y a ser mejor atendido, poniendo a su servicio una
amplia variedad de recursos dispersos, que ella supo integrar con maestría: desde
la Neurología y la Oftalmología, la Clínica Quirúrgica por todas las
complicaciones de los pacientes diabéticos, tanto en materia de arteriopatías
periféricas como en el cuidado de su pie y otras derivaciones, así como la Nutrición, la Podología y la
Obstetricia.
SU
TRABAJO EN EL HOSPITAL UNIVERSITARIO
El
Hospital Universitario le dio amplio lugar para desarrollar su tarea, sin tener
un centro fijo, en tiempos en que ubicar a las personas no era sencillo en un
edificio de esa complejidad. Colaboró también con la Clínica Médica del Prof.
Fernando Herrera Ramos (Clínica Médica “A”), y fue consultante de pacientes
diabéticos alojados en todos los servicios del hospital. Pero en forma especial
le permitió desarrollar una amplia colaboración con el Centro Latinoamericano
de Perinatología que dirigió el Prof. Dr. Roberto Caldeyro Barcia, antes
denominado Servicio de Fisiología Obstétrica “Dr. Bernardo Houssay”, en el Piso
16, y con la Clínica Ginecotocológica “A” que dirigía el Prof. Dr. Juan José
Crottogini y sus colaboradores y sucesores, que dieron especial atención,
gracias a la insistencia y cuidado de Perla Temesio, al estudio de la Diabetes
y Embarazo, tratando a las embarazadas diabéticas como pacientes de Alto Riesgo
y monitorizando sus partos, de manera que gracias a esa tarea se pudieron
salvar muchos niños y controlar mejor los embarazos. Desde un sitio en que la
enseñanza fluyó a estudiantes y graduados, en forma natural e incorporada a la
rutina, tanto en la atención de policlínica como para las pacientes
hospitalizadas.
En
el libro “Diabetes Mellitus” publicado por el Sindicato Médico del Uruguay en
1963, bajo la dirección de los Dres. Francisco Rocca y Juan Carlos Plá Verde,
tal vez contribuyó con algún capítulo, aunque no figura entre los créditos
principales.
FORMACIÓN
CLÍNICA Y ACCIÓN SOCIAL
Su
formación sólida en Clínica Médica fue completada con estadías en los Estados
Unidos de América, donde tomó contacto principalmente con la Clínica fundada
por el Dr. Elliot Joslin[3]
[Joslin Clinic, Boston, Massachussets, EUA, que fue el primero en aplicar
clínicamente la insulina a pacientes en 1923, en unión con el Laboratorio Ely
Lilly][4],
autor de jerarquía en el tema, y en la región con el Dr. Pedro Escudero[5],
en la República Argentina.
En
su plan de navegación y en sus manos estuvo la dirección certera para enfocar
la atención del paciente diabético, enfatizando en los aspectos educativos,
sociales y de prevención, lo que tuvo múltiples traducciones en los más
diversos ámbitos.
En
primer lugar, destacó el apoyo que supo generar de todas las especialidades
vinculadas, para reconocer y tratar de forma dedicada al paciente diabético,
obteniendo los mejores resultados con los medios disponibles en cada lugar,
tanto público como privado. Progresivamente se dio espacio en cada institución
para reconocer el valor de una atención dedicada, la habilitación de
policlínicas especiales, la atención a la familia y la educación de la misma,
en aspectos tales como el cuidado de las lesiones, la alimentación apropiada,
el suministro de la medicación cuando era necesaria y la educación en su
correcto empleo.
En
segundo lugar, hizo docencia e investigación sobre la Diabetes como entidad
clínica merecedora de la mayor atención, de acuerdo a las características de la
población de Uruguay, y trasmitió a los estudiantes y médicos jóvenes el
entusiasmo que la caracterizó siempre, para darle la más esmerada atención,
destacando aquellos detalles que en el largo plazo llevarían inexorablemente a
complicaciones, y asentando algunos conceptos prínceps, como el de que el
tratamiento de la diabetes descansaba en un trípode: la dieta, el ejercicio y
la medicación – cuando era necesaria -, y del equilibrio que los tres debían
guardar para asegurar una buena calidad de vida y el menor número de
complicaciones.
En
tercer lugar, dedicó buena parte de su vida a comunicar cómo se podía y debía
cuidar al paciente diabético, insistiendo en lo social. Generó, junto a un
conjunto de destacados profesionales, médicos y de otras disciplinas, la
Asociación de Diabéticos del Uruguay, fundada hace más de 50 años, que abrió un
espacio para la información al paciente y sus familias, realizando obra
fecunda: desde la realización de exámenes gratuitos, el suministro de elementos
de control en el hogar, cuando ellos estuvieron disponibles en el mercado, y la
venta de medicación onerosa a bajo costo, especialmente los diversos tipos de
insulina que fueron apareciendo.
El 13 de
agosto de 1970, se fundó a instancias de Perla Temesio, la Sociedad de
Diabetología de la cual fue su Primera Presidenta.
Fuera
del Hospital Universitario, dedicó también su energía, que era mucha y que
prodigó sin tasa ni medida, al Hospital Maciel, donde llevó adelante una
Policlínica que hoy lleva con justicia su nombre, en el viejo pabellón “Dr. Germán
Segura”, con frente a la calle 25 de Mayo, frente a la entrada principal,
compartiendo espacios de consultorios y salas de espera con la Policlínica
Gastroenterológica del Dr. Germán Rubio, que dirigió por largos años, luego
continuada bajo la dirección del Prof.
Dr. Horacio Gutiérrez Blanco, trabajando y siendo especialmente querida por
todos sus colegas de ese lugar, donde se atendía un importante sector de
población de extracción humilde.
Entre
otros reconocimientos a su extensa labor, recordamos que le fue entregada la
medalla Hagedorn, y que en octubre de
1982 fue designada “Profesora Ad Honorem” por la Facultad de Medicina,
además de haber recibido el premio Banting en dos oportunidades.
SU
PERSONALIDAD
De estatura baja y menuda, movimientos rápidos,
una sonrisa siempre a flor de labios, una mirada dulce y clara, con aquellos
ojos azules, a través de sus anteojos de grandes cristales, tenía una voz aguda
y algo cantarina, como de soprano ligera, que la hacía notar, aunque no se lo
propusiera en cualquier reunión. Era una mujer elegante, siempre vestida con
sobriedad y buen gusto, apenas maquillada, desbordando simpatía. Y también
firmeza, cuando había que discutir o enfrentar alguna situación que le parecía
injusta. Sabía defenderse en todos los terrenos y aunque era respetuosa, no
dejaba pasar ninguna alusión o frase con doble sentido, si consideraba que
debía replicar. Para lo cual tenía una velocidad tan alta como para expresarse
habitualmente, lo que siempre hacía con calidad y corrección. Dentro de esa
sobriedad y sencillez de imagen, irradiaba confianza, tanto al paciente, a su
familia, como al colega o al estudiante que se acercaba a aprender junto a
ella.
SU
ACTIVIDAD CLÍNICA, CIENTÍFICA Y DOCENTE
Fue en el Hospital de Clínicas “Dr. Manuel
Quintela” que pudo integrar todas las disciplinas, conforme estaba pensado este
centro asistencial, de docencia e investigación universitaria, en su época de
oro, que lo fue en las décadas del 50 y 60. Así desarrolló intensa actividad
con las Clínicas Médicas, como fue dicho, pero también con sectores que
iniciaban su actividad como la Nefrología, de la mano de la Anatomía
Patológica, que cultivó junto al inolvidable “Gaucho” Prof. Dr. Walter Acosta
Ferreira, que por entonces era un Bachiller dedicado “full time” a la tarea de
docencia, asistencia e investigación en la cátedra que dirigía su tío el Prof.
Dr. Pedro Ferreira Berrutti, oriundo de Paso de los Toros.
Se
fueron introduciendo las biopsias de riñón a los pacientes diabéticos, como a
todos los pacientes renales, y presentando resultados en diversos foros
nacionales e internacionales. Fue tomando importancia en nuestro medio el
síndrome de Kimmelstein Wilson, que afectaba al paciente diabético, el que pudo
ser reconocido primero en estadios avanzados y luego en etapas más precoces.
La
retinopatía diabética fue precozmente detectada gracias a la colaboración
desarrollada con la Clínica Oftalmológica dirigida por el Prof. Dr. Raúl
Rodríguez Barrios y sus colaboradores, que hicieron del estudio del Fondo de Ojo
una de las rutinas del estudio de todo paciente diabético o hipertenso.
Se
vinculó tempranamente a un conjunto de colegas, mayores y menores, como el Dr.
Ricardo Enciso, otro referente de la Diabetología, de porte adusto y casi
solemne, de modales educados y recios, y a otros más jóvenes los Dres. Roberto
Estrade, Laura Gallego, Juan José Fraschini Petrini y Ana María Jorge, que
hacían sus primeras armas en esta novel disciplina y que por lo común andaban
juntos enfrentando las batallas que había que dar, en aquel tiempo de
comienzos, por asentar con firmeza los pilares de la disciplina que estaban
impulsando con espíritu autonómico.
Fue
pionera en la organización de actividades de Educación Médica Continua, más
allá de la Clínica a la que consagró la mayor parte de su actividad,
organizando Jornadas para médicos tanto en Montevideo como en el Interior, para
capacitar a profesionales en esta disciplina.
Profundizó
su trabajo asistencial, docente y científico a partir de la
Policlínica de Diabetes instalada en el Hospital Maciel, donde consolidó un
grupo técnico interdisciplinario en beneficio de la atención integral de los
diabéticos. Desde este Servicio se promovió la creación de un Equipo de
Podología especializado en afecciones del pie diabético, dirigido por el
Profesor Feldman.
Al
igual que sucedía con otras especialidades en sus comienzos, la gran mayoría de
los pacientes eran atendidos por médicos generales. Pero particularmente los
Endocrinólogos, que tenían dentro de su “territorio” la actividad endócrina del
páncreas, como los médicos Internistas, que también habían realizado por muchas
décadas el tratamiento en la emergencia o en la consulta de los pacientes
diabéticos, creían que esta categoría de enfermos les pertenecía. Que alguien
viniera a reivindicar otros fueros, trayendo nuevos enfoques, fuera de los
ámbitos académicos, asistenciales o universitarios en los que ellos
habitualmente se movían, era un desafío demasiado osado que no era generalmente
bien recibido. Sólo la grandeza de personajes como Pablo Purriel, podían poner
una muralla a los diferentes cantones de defensores del diabético, para su
territorio, porque en definitiva, él sabía que los ponía en las mejores manos.
Y que gracias a la tenacidad, sagacidad y sabiduría de este pequeño grupo
profesional y humano, que venía creciendo en su trabajo, y traduciendo el
beneficio de su accionar en los resultados que alcanzaban para sus pacientes,
con su espíritu integrador que salía de los límites de la disciplina, para
enriquecerla con el aporte de otras complementarias, estaba alumbrando un nuevo
segmento de la clínica que iba ganando su derecho de piso.
Poco
a poco fue ganando espacios no sólo en la Clínica Médica y en las Clínicas
Médicas que tenían por sede al Hospital de Clínicas “Dr. Manuel Quintela”.
También los demás servicios hospitalarios, especialmente los de Cirugía, la
Ginecología y Obstetricia, la Oftalmología y muchas otras disciplinas, fueron
recurriendo a la interconsulta con la Dra. Perla Temesio para el tratamiento de
las complicaciones de sus pacientes diabéticos, en el pre y post operatorio, o
en el curso del embarazo, el parto y el puerperio. Enseñó sin cesar, dedicando
todo su tiempo, su sabiduría y sus modales suaves y firmes a la vez, para que
otros comprendieran y pudieran hacer mejor su trabajo. Como una mancha de
aceite, sus enseñanzas fueron extendiéndose desde el Hospital Universitario, y
en menor medida desde su querida policlínica en el Hospital Maciel, a las
entidades privadas de salud, fundamentalmente las mutualistas (IAMC) que poco a
poco, en Montevideo y en el Interior, fueron incorporando primero algún médico
que se ocupara de los pacientes diabéticos, y más tarde policlínicas para su
atención descentralizada, lo que permitió que los pacientes que sufrían esta
afección tuvieran un cambio fundamental en su calidad de vida, agregando vida a
sus años y evitando complicaciones que sólo conociéndolas podían manejarse con
solvencia y eficacia.
Su
espíritu colaborador en alto grado, le obligaba a contribuir, toda vez que se
identificaba con el valor de alguna experiencia, fuera científica, clínica,
social o de otro orden, con el proyecto que le propusieran, si su conciencia le
indicaba que eso era bueno para los diabéticos. Que eran los grandes
privilegiados de su vida, y el fruto de todos sus anhelos.
Así
multiplicaba su tiempo en conferencias, congresos, charlas, ateneos, clases y
actividades grupales, donde volcaba una y otra vez, el torrente de
conocimientos, y su apostolado a favor de estos pacientes, que con el paso del
tiempo iban engrosando sus filas. Ya fuera porque efectivamente, su número iba
en aumento en una población que envejecía y tenía muchos rasgos de
sedentarismo, como por la voz que se iba corriendo, de que había surgido un
grupo pequeño de médicos que trataban a los diabéticos con otra mirada, y que
en definitiva, consagraban su vida a esta enfermedad crónica de una manera
ejemplar. Y lo de “apostolado” iba más allá de la metáfora. Fue una mujer
dedicada en alma y vida a la Medicina, a los pacientes diabéticos, como forma
de hacer realidad su fe católica, que siempre la acompañó y distinguió sin
ningún tipo de alarde.
Perla
Temesio fue una verdadera defensora de los diabéticos. No sólo desarrolló las
policlínicas, los protocolos de cuidado para la madre y el niño diabéticos,
para el cuidado de la embarazada pre-diabética, ayudando a definir claramente
conceptos que trasponían fronteras, integrando al gineco-obstetra con el
pediatra, y cuando lo hubo, con el neonatólogo. Sino que también se preocupó de
que las instituciones fueran abriendo espacios para la atención de estos
pacientes, ensanchando cada día más los horizontes en los cuales tenían
presencia los Diabetólogos, y permitían, gracias a esta visión, asegurarle
mejores condiciones de atención de salud y de vida a los pacientes. Recuerdo
más de una vez, sus preocupaciones y gestiones, a todo nivel, con esa pasión
que ponía en todo, que no lograba adhesiones por lo imponente de su figura sino
por la contundencia de sus razones, como por ejemplo, algunas crisis de
importaciones que ponían en riesgo la introducción al país de algún tipo de
insulina. En esas circunstancias era cuando se ponía de manifiesto esa montaña
de energía que descargaba Perla Temesio, haciendo rápidas y eficaces gestiones
a todo nivel, desde el Presidente de la República, a los Ministros de Salud y
Economía, logrando que rápidamente se comprendiera la situación y se
minimizaran sus efectos adversos, resolviéndolos rápida y eficazmente. Era como
la varita mágica de la Justicia para los pacientes diabéticos, cuya vida
dependía del suministro continuo de esa medicación esencial.
Junto
a otros colegas, y particularmente desde la Asociación de Diabéticos del
Uruguay, bregó largos años por la sanción de la Ley [No. ] de Lucha Antidiabética,
aprobada por el Parlamento en 1971, que generó una serie de beneficios para los
afectados por esta patología, entre los cuales, la liberación de impuestos para
la importación de insulina, jeringas y agujas para suministrarla,
hipoglucemiantes orales, reactivos para el control domiciliario o ambulatorio
de los pacientes, el carné del diabético para acreditar su condición de tal y
acceder a estos beneficios, y muchas otras disposiciones, entre las cuales la
obligatoriedad para el Instituto Nacional de Alimentación de proveerle una
dieta especial para ellos. Esta ley de sólo 17 artículos hizo del Uruguay el
primer país en el mundo que tuvo una legislación semejante. En las décadas
siguientes, incluso en el siglo XXI, seguirían proyectándose actividades como
la Encuesta de Prevalencia en Diabetes, [dispuesta por la Ley No. ] que
seguirían poniendo a nuestro país en lugar destacado en el conjunto de las
naciones, por la atención que prestaba a la prevención en este terreno, lo que
debe sin duda ser adecuadamente destacado.
Sus
trabajos científicos le permitieron colaborar con las más diversas disciplinas,
dejando un testimonio de cuanto queda dicho. Participó en trabajos sobre
Neuropatía Diabética con el Prof. Dr. José B. Gomensoro (Neurólogo) y el Prof.
Dr. Álvaro Ferrari Forcade (Fisiatra), como con trabajos de Diálisis Renal
Crónica en pacientes diabéticos, con la flor y nata de los primeros nefrólogos,
urólogos y cirujanos uruguayos, que junto a ella encararon un trasplante renal
a una paciente de 33 años, que desde los 3 padecía una Diabetes tipo 1,
recibiendo un trasplante de dador vivo (su madre, de 62 años) realizado por
este equipo multidisciplinario con todo éxito: Dante Petruccelli, Luis
Campalans [nefrólogos pioneros], Jorge Pereyra Bonasso, Julio C. Viola Peluffo
[urólogos], Uruguay Larre Borges [cirujano], Francisco (Paco) González, José
Ventura y Laura Rodríguez Juanicó [entonces nefrólogos jóvenes]. Estos trabajos
le merecieron el Premio Banting en dos oportunidades. [6]
.
Se vinculó con el Laboratorio de Fisiología Endocrina
de la Facultad, trabajando en anticuerpos anti-insulínicos (en cobayos y
conejos) junto a la Dra Susana Maggiolo.
En
1974 publica un artículo en la Revista Médica del Uruguay, antes de la
intervención del Sindicato Médico del Uruguay, sobre el tratamiento de la
Diabetes Mellitus en el adulto, una verdadera puesta al día, para el médico
general y el internista, así como para el practicante interno, el
residente o el estudiante de medicina en
tren de preparar las clínicas, sobre lo que eran las modernas líneas del
tratamiento de esa enfermedad a la que consagró gran parte de su vida médica.
Su
vida fue, en buena parte, una cronología del progreso que tuvo el diagnóstico,
tratamiento y mejoramiento del pronóstico de esta enfermedad, que fue, con el
paso del tiempo, convirtiéndose en un azote de contingentes mayores de
población. Asistió desde el uso de dos tipos de insulina, la cristalina, la PZI
(Insulina Protamina Zinc) de los años ´30 y la NPH (Protamina Neutra Hagedorn)
de los años ´40, hasta la aparición de las modernas insulinas llamadas “lentas”
o de liberación prolongada, producidas al comienzo en Dinamarca, a fines de los
´60, que permitieron ir modificando su administración a los pacientes insulina
dependientes, permitiéndoles una vida más libre y autónoma. Trajo el
conocimiento de las bombas de insulina, y asistió a los primeros pacientes que
la incorporaron, lo que no era sencillo ni barato. Pero requería además, una
alta dosis de confianza en los conocimientos del médico que lo recomendaba, que
debería estar acompañando al paciente en todo momento hasta que éste se
habituara a manejarse con un instrumento novedoso y complejo. No llegó a ver,
en nuestro país ni en el mundo, los trasplantes de páncreas, o los dobles
trasplantes de riñones y páncreas, [como el que se mostró en el Congreso
Mundial de Buenos Aires, por Lilliehei en 1970, realizado en EUA, Chicago] que
hoy son cosa corriente en los países del primer mundo y los grandes centros,
poniendo una solución satisfactoria a los pacientes que perdieron la
funcionalidad renal por la evolución de su diabetes, a la vez que les aporta un
páncreas nuevo con el que curar su enfermedad. Seguramente una investigación en
profundidad permitiría registrar en forma más amplia tanto su bibliografía,
actuación profesional y docente, como los reconocimientos que en su vida
recibió. En la velocidad con que reunimos este pequeño aporte, sólo pudimos
confrontar opiniones con una estimada colega y amiga, que nos dejó estas
inquietudes, como elementos a confirmar y completar.[7]
7) Que se vinculó con el Laboratorio de Fisiología
Endocrina de la Facultad, trabajando en anticuerpos anti-insulínicos (en
cobayos y conejos). Esto se puede ilustrar ya que fuí la inconsciente
responsable [¡¡¡muy bien dicho!!!] de mezclar ratas con cobayos y conejos en un
mismo ambiente y de contrabando!!!
Perla,
como su hermana Nelly, dedicaron su
vida, que fue su vocación, a la
Medicina, cada una en lo suyo.
Para
Perla, el mejor fruto fueron sus obras en beneficio de los pacientes
diabéticos, jóvenes y adultos. De su Asociación de Diabéticos del Uruguay. Y
del reconocimiento de que el diabético, como persona, y los diabéticos como
grupo vulnerable de la sociedad, son merecedores de todo el apoyo de las autoridades
de salud, y particularmente de los servicios sanitarios. Tal vez buena parte de
las enseñanzas que trató de plasmar, y efectivamente lo logró en Uruguay a lo
largo de sus años de intenso batallar, los trajo de la experiencia en la Joslin
Clinic, que siempre tuvo entre sus mejores experiencias. Trabajó con alegría,
una especie de satisfacción por ser útil a los demás, básico del profesional médico, no en el
sentido de agradar, sino de beneficiar a todos con sus conocimientos, con su
altura moral, con su ejemplo y su generosidad para compartir conocimientos.
Jerarquizó una disciplina que ella hizo respetable y honorable, luchando
siempre por ser la mejor, lo cual, en su tiempo, siendo mujer, tal vez le costó
un precio más alto. Merece vivir en el recuerdo de la profesión médica, y
perpetuarse en la memoria colectiva, como impulsora de la vida de muchos
pacientes que hoy son personas socialmente útiles, gracias a las previsiones y
enseñanzas que nos dejó Perla Temesio.
Dr. Antonio L. Turnes
Dr. Dante Petruccelli Romero
Dra. Perla Vivas Temesio
[2] Desconocemos sus antecedentes familiares, pero hemos podido rastrear que
el apellido tiene origen en las regiones de Liguria y Emilia Romagna, en
Italia. En Uruguay existió una zapatería prestigiosa [Temesio Calzados] con
calzatura fina para damas, que perteneció a un tío suyo, según información
familiar, brindada por la cooperación de la Dra. Perla Vivas.
[7] (Aportes de la Dra. Susana Maggiolo)
Pienso que como datos a considerar para agregar:
1) Que le fué otorgada la Medalla Hagedorn .
2) Que le fué otorgado el título de Profesora Ad
Honorem por la Facultad de Medicina (también confirmar [ver al Decano] si fué en octubre de 1982).
La fuente es: Homenaje a Perla Temesio
Diabetes
Uruguay N° 133 4 de febrero de
1984.
3) Que fué pionera en la organización de actividades
de Educación Médica [Continua], organizando Jornadas para médicos tanto en
Montevideo como en el Interior, para capacitar a los médicos en esta disciplina
4) Que en la etapa de la Policlínica de Diabetes del
H. Maciel promovió la creación de un Equipo de Podología, dirigido por el
Profesor Feldman.
5) Sería importante precisar cuando fué que se
independizó la Policlínica de diabetología de Gastroenterología.
6) Que ya que se nombra a Estrade habría que
mencionar a los otros que fueron sus alumnos y posteriormente continuaron
su labor
7) Que se vinculó con el Laboratorio de Fisiología
Endocrina de la Facultad, trabajando en anticuerpos antiinsulínicos (en cobayos
y conejos). Esto se puede ilustrar ya que fuí la inconsciente responsable
[¡¡¡muy bien dicho!!!] de mezclar ratas con cobayos y conejos en un mismo
ambiente y de contrabando!!!
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