|
El hallazgo fue realizado por investigadores argentinos.
Investigadores del Instituto Leloir descubrieron en la mosca de la fruta un mecanismo fisiológico de regulación de oxígeno que podría ayudar a comprender el proceso de formación de vasos sanguíneos en los seres humanos (angiogénesis). El hallazgo, realizado enteramente en nuestro país, echa luz además sobre el proceso de formación de tumores y sobre otras afecciones vinculadas con la hipoxia o falta de oxígeno en los tejidos, como el infarto de miocardio y el llamado pie del diabético.
A diferencia de los mamíferos, la mosca de la fruta o Drosophila
melanogaster no tiene vasos sanguíneos ni arterias ni venas. Pero
cuenta con un sistema respiratorio tubular denominado "sistema
traqueal" que puede ser modulado por diferentes estímulos y que le
permite distribuir el oxígeno a todos los órganos y tejidos. A pesar de
las diferencias, los mecanismos que gobiernan la ramificación del
sistema respiratorio tubular de los insectos son muy similares a los
que rigen la formación de capilares sanguíneos (arterias y venas) en
los seres humanos. Frente a condiciones de hipoxia o falta de oxígeno,
los insectos disparan una serie de respuestas compensatorias, entre
ellas la generación de nuevas tráqueas, mecanismo que en los seres
humanos equivale a la angiogénesis o formación de nuevos vasos.
Sistemas en espejo
Hasta ahora se creía que la falta de oxígeno era censada por las
células de los distintos tejidos de la mosca y que éstas emitían
señales para atraer a las tráqueas e induciendo su ramificación. Algo
similar a un pedido de delivery de oxígeno solicitado desde fuera de la
tráquea. Más precisamente, se pensaba que la hipoxia inducía en los
tejidos el incremento en los niveles de una molécula denomina
"branchless", que guiaba la formación de nuevas tráqueas. El mismo
mecanismo explicaba el crecimiento de los vasos sanguíneos en los seres
humanos: el factor de crecimiento vascular, o VEGF, da paso a la
formación de nuevos capilares. El trabajo liderado por el biólogo Pablo
Wappner, investigador del Conicet y jefe del Laboratorio de Genética y
Fisiología Molecular del Instituto Leloir que hoy se publica en la tapa
de Developmental Cell, amplía sustancialmente este panorama.
"Demostramos que no sólo los tejidos que circundan las tráqueas sino
las tráqueas mismas tienen un rol central en la detección de los
niveles de oxígeno. Las tráqueas no son simplemente llamadas desde
afuera, sino que en situaciones de hipoxia sus células actúan como
sensores ultrasensibles de oxígeno detectando los puntos en que ese
elemento vital escasea y extendiendo sus ramificaciones de manera
autónoma", señala Wappner. En el estudio participaron también Lázaro
Centanin (autor principal), Andrés Dekantry, Nuria Romero y Maximiliano
Irisarri.
Para el biólogo molecular Alberto Kornblihtt, esta investigación "es un
orgullo para la ciencia argentina, que últimamente está produciendo
trabajos de excelente nivel internacional hechos enteramente en nuestro
país", destacó. El investigador y profesor de la Facultad de Ciencias
Exactas y Naturales de la UBA y el Conicet subrayó que "su importancia
reside en que permite avanzar en el conocimiento de un proceso muy
parecido que ocurre en nuestros tumores malignos, donde el éxito de un
tumor es el fracaso de nuestro organismo". Kornblihtt indicó que "para
crecer, el tumor necesita oxígeno, que le llega por la formación y
ramificación de capilares y vasos sanguíneos, gatillada a su vez por la
falta de oxígeno y regulada por proteínas similares a las que operan en
las ramificaciones de las tráqueas de la mosca".
Por su parte, el oncólogo molecular Enrique Mesri, egresado de la UBA y
actualmente profesor del Sylvester Cancer Center de la Universidad de
Miami, opinó que "en el futuro estos resultados pueden ser aplicados al
desarrollo de nuevas terapias para el tratamiento del cáncer. Pero aún
falta".
Comentarios reservados a usuarios registrados. Por favor ingrese al sistema o regístrese. Powered by AkoComment! |