Desde las formas asintomáticas hasta el embolismo masivo mortal.
El
embolismo pulmonar (EP), frecuentemente proveniente de la trombosis
venosa profunda (TVP) de los miembros inferiores, tiene un espectro
amplio de presentaciones, desde ser asintomático, o descubierto en
forma accidental hasta el embolismo masivo mortal. La secuela crónica
del tromboembolismo venoso incluye el síndrome postrombótico y la hipertensión pulmonar tromboembólica crónica.
El embolismo pulmonar agudo (EPA) puede ocurrir rápidamente y en forma
impredecible siendo su diagnóstico difícil. El tratamiento puede
reducir el riesgo de muerte y la profilaxis primaria suele ser
efectiva. Los pacientes que han padecido un EPA tienen 4 veces más de
posibilidades de morir por tromboembolismo recurrente en el año
siguiente al del tratamiento de la TVP
Epidemiología y fisiopatología
El EP y la TVP son os dos aspectos de una misma
enfermedad: el 50% de los pacientes con TVP proximal tiene embolismo
pulmonar. Cerca del 79% de los pacientes con EP tiene signos de TVP en
sus piernas. Si en estos pacientes no se detecta la TVP, es posible que
todo el trombo ya se haya desprendido y embolizado. El infarto pulmonar
no se produce debido a la doble circulación que tiene el pulmón,
arterias pulmonares y bronquiales. En el EPA, la obstrucción anatómica
es la causa más importante del compromiso fisiológico, pero también la
liberación de agentes vasoactivos y broncoactivos, como la serotonina
de las plaquetas, puede ser deletéreo para la ventilación-perfusión. El
aumento de la carga en el ventrículo derecho aumenta la presión en las
paredes ventriculares de ese ventrículo con posterior dilatación,
disfunción e isquemia. La muerte se produce por insuficiencia
ventricular derecha. Los pacientes internados tienen un riesgo
particularmente elevado, aunque el tromboembolismo no suele
manifestarse hasta después del alta.
Factores de riesgo
Factores de riesgo adquiridos
Ciertos factores de riesgo aumentan la
posibilidad de TVP y por lo tanto, de EP. Los más importantes son el
reemplazo total de cadera y de rodilla, la cirugía de la fractura de
cadera y del cáncer, los traumatismos y las lesiones de la médula
espinal y, las enfermedades médicas agudas. Todavía no se ha
establecido cuál es el mecanismo por el cual el grado y la duración de
la inmovilidad aumentan el riesgo de TVP. El estilo de vida sedentario,
la edad avanzada (mayor riesgo a partir de los 40 años), las neoplasias
y la trombofilia también influyen. Por otra parte, los factores de
riesgo adquiridos pueden superponerse a los genéticos. En las
neoplasias también influyen la obstrucción venosa por el tumor, la
movilidad reducida, la presencia de catéteres venosos centrales y la
quimioterapia. Los anticuerpos antifosfolípidos tienen relación con la
trombosis, la recurrencia y el aborto (hasta ahora inexplicado).
Factores genéticos y riesgo tromboembólico
La triada clásica de riesgo de Virchow—estasis,
lesión venosa e hipercoagulabilidad—sigue siendo importante en la
evaluación de los pacientes, reflejando la influencia de los factores
genéticos y ambientales y sus interacciones. Para el médico, es
importante conocer los factores de riesgo de cada paciente para hacer
el diagnóstico y la profilaxis apropiados.
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Factores de riesgo de tromboembolismo venoso
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Factores hereditarios
Deficiencia de antitrombina
Deficiencia de proteína C
Deficiencia de factor V Leiden
Resistencia a la proteína c activada sin factor V Leiden
Mutación del gen de la protrombina
Disfibrinogenemia
Deficiencia de plasminógeno
Factores adquiridos
Movilidad reducida
Edad avanzada
Cáncer
Enfermedad médica aguda
Cirugía mayor
Trauma
Lesión de la médula espinal
Embarazo y período posparto
Policitemia vera
Síndrome de anticuerpos antifosfolípidos
Anticonceptivos orales
Tratamiento de reemplazo hormonal
Heparinas
Quimioterapia
Obesidad
Catéter venoso central
Inmovilización con férula o yeso
Factores probables
Niveles elevados de lipoproteína
Niveles bajos del inhibidor de la vía del factor tisular
Niveles elevados de homocisteína; factores VIII, IX y XI; fibrinógeno
inhibidor de la fibrinólisis activada por la trombina
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Manifestaciones clínicas
El mayor conocimiento de los síntomas y signos
del tromboembolismo venoso puede acortar la tardanza en el diagnóstico.
El dolor, la tumefacción o el edema pueden ser la clave que oriente
hacia la TVP. Los pacientes con EPA suelen tener disnea o dolor
torácico de comienzo súbito o evolucionar a los largo de días o
semanas. El dolor de tipo pleurítico y la hemoptisis ocurren más
frecuentemente en pacientes con infarto pulmonar, producto de embolias
más periféricas y pequeñas, con frote pleural. Los síntomas como la
tos, las palpitaciones y los mareos como así los signos como la fiebre,
la respiración jadeante y los estertores pueden estar causados por el
EP o por enfermedades concomitantes. La taquipnea y la taquicardia son
comunes pero inespecíficas. La hipertensión pulmonar puede acompañarse
de ingurgitación yugular, refuerzo del segundo ruido cardíaco, ritmo de
galope derecho y aumento del ventrículo derecho. Los signos y síntomas
de la TVP y del EP pueden ser muy sugestivos pero no son sensibles ni
específicos. Hay que tener en cuenta que los trombos grandes pueden
evolucionar silenciosamente y luego presentarse como una EP sintomática
o fatal, mientras que los émbolos más pequeños puede ir acompañados por
síntomas mayores, particularmente si la reserva cardiovascular del
paciente está disminuida. Ante un comienzo súbito con un síncope o casi
síncope, hipotensión, hipoxemia extrema, disociación electromecánica y
paro cardíaco debe considerarse el diagnóstico de EP masivo.
Estudios de laboratorio preliminares y probabilidad pretest
Ante la sospecha de EP, es necesario contar con
una historia clínica, examen físico y factores de riesgo conocidos.
También pueden hacerse estudios adicionales: electrocardiograma,
radiografía de tórax y análisis de gases en sangre arterial. Puede
haber anormalidades electrocardiográficas como la taquicardia no
explicada (inespecífica) y signos de corazón pulmonar agudo (S1, Q3,
T3, bloqueo de rama derecha, onda P pulmonar o desviación del eje a la
derecha), todos ellos más comunes en la embolia masiva, pero siguen
siendo inespecíficos. La radiografía no suele ser diagnóstica pero
puede orientar hacia otra patología. Puede haber hipoxemia con presión
arterial de oxígeno normal. En raras ocasiones, la diferencia del
oxígeno alvéolo-arterial también es normal. Un cambio súbito
inexplicable de la saturación del oxígeno arterial despierta la
sospechar de EP.
Otros estudios adicionales como el test d-dímero,
orientan al diagnóstico de trombosis venosa y EP pero es inespecífico.
El análisis ELISA es más sensible que el d-dímero y acompañando al
cuadro clínico, de mayor utilidad. Cuando ambas pruebas son negativas
en pacientes con probabilidad pretest baja o moderada, la posibilidad
de TVP y EP es baja y descarta la necesidad de estudios por imágenes
específicos. Otros biomarcadores pueden ofrecer información clínica
útil. Los niveles de troponina cardíaca pueden estar elevados, en
particular en pacientes con EPA masivo. Su elevación se usa más para
estratificar el riesgo en pacientes con EP establecido pues no es
sensible como herramienta diagnóstica cuando es usada sola. El péptido
natriurético cerebral plasmático aumenta con el agrandamiento
ventricular pero puede estar elevado en pacientes con insuficiencia
cardíaca congestiva y otras enfermedades con hipertensión pulmonar.
Estudios por imágenes
Los estudios utilizados hasta el momento son el
centellograma de ventilación-perfusión, la arteriografía tomográfica
computarizada (TC) contrastada, las imágenes por resonancia magnética
(IRM), la arteriografía pulmonar estándar y, como alternativa para el
EPA, las imágenes para detectar la TVP (ecografía, venografía TC, IRM y
venografía tomográfica estándar). La arteriografía TC contrastada tiene
ventajas sobre el centellograma de ventilación-perfusión, por su
rapidez, la posibilidad de identificar estructuras no vasculares y
trombos venosos. Si el paciente tiene insuficiencia renal aguda o
crónica y es necesario usar con precaución los medios de contraste.
Existe un multidetector para la arteriografía TC que permite disminuir
el grosor de los cortes, reducir el tiempo de escaneo y mejorar la
visualización de los vasos segmentarios y subsegmentarios. Pero, en los
casos de sospecha elevada, si la arteriografía TC es negativa es
prudente considerar la realización de otras imágenes. Las
arteriografías TC con resultados positivos falsos son muy raras. Un
estudio comprobó que el 83% de sensibilidad diagnóstica de la
arteriografía TC subió a 90% cuando se la combinó con la venografía TC.
Esto es muy útil para los pacientes internados con casos complejos.
El centellograma de ventilación-perfusión puede
ser diagnóstico en ausencia de enfermedad cardiopulmonar. La normalidad
de la perfusión pulmonar descarta el EPA pero si muestra signos que
generan alta sospecha, ya puede considerarse diagnóstico, a menos que
la sospecha clínica sea baja o tenga antecedentes de EP con un
centellograma previo idéntico. Sin embargo, si la clínica es altamente
sospechosa, aunque el centellograma de ventilación-perfusión sea
negativo, hay que seguir pensando en EP. En los pacientes con baja
probabilidad clínica de EPA o con probabilidad moderada y test d-dimero
negativo no es necesario continuar con otros estudios ni hacer
tratamiento.
La ecocardiografía puede revelar signos
hemodinámicas muy relacionados con el EP, lo cual puede servir como
guía terapéutica. Algunas veces, esta técnica ha permitido confirmar la
movilización del émbolo desde el corazón hacia los pulmones. Para
visualizar trombos grandes se puede hacer una ecografía intravascular a
la cabecera del enfermo.
Tratamiento
Anticoagulación
Para la TVP no se recomienda el reposo en cama,
salvo que el dolor sea intenso y haya edema; sin embargo, los datos que
se tienen del EP no alcanzan para avalar esta recomendación. Por lo
tanto, cuando se ha diagnosticado el EP, el tratamiento del paciente
internado comienza con reposo en cama de 24 a 48 horas.
Asimismo, aunque el uso de la heparina de bajo peso molecular para la
TVP ha quedado bien establecido, con la consiguientes mejoría de la
calidad de vida y reducción de los costos en salud, los datos del
tratamiento ambulatorio para el EPA son menos contundentes. En
presencia de EPA, salvo que esté contraindicado, se comienza el
tratamiento con anticoagulación parenteral con heparina de bajo peso
molecular, o pentasacárido fondaparinux o estándar o, heparina no
fraccionada. Aunque no son trombolíticos, estos fármacos permiten la
acción contraria del sistema fibrinolítico, disminuyendo así la carga
tromboembólica. La anticoagulación mejora la supervivencia de los
pacientes con EPA, pero existe riesgo de tromboembolismo venoso
recurrente no fatal, calculado en 5-10% durante el primer año que sigue
al diagnóstico. Si la sospecha de EP es elevada, se recomienda comenzar
la anticoagulación aún antes de realizar los estudios por imágenes, ya
que el riesgo de hemorragia no es excesivo. El primer día de
tratamiento se puede iniciar con warfarina. Las heparinas mencionadas
deben ser administradas al menos 5 días, manteniendo el RIN
(Internacional Normalizad Ratio) en un rango terapéutico (2,0-3,0)
durante 2 días consecutivos. Con la administración de heparina
estándar, el tiempo de tromboplastina parcial activada debe medirse
cada 6 horas hasta alcanzar un RIN de 1,5 a 2,5 veces el valor control.
Logrando estos valores dentro de las 24 horas se reduce el riesgo de
recurrencia. A pesar de la carencia de datos basados en evidencia, los
émbolos pulmonares subsegmentarios también se tratan pues no hay
seguridad de que no haya trombos remanentes en las piernas. Deben
hacerse las modificaciones apropiadas de las dosis en presencia de
obesidad, embarazo o insuficiencia renal. El American College of Chest
Physicians recomienda la heparina de bajo peso molecular más que la
estándar pero en Estados Unidos su desventaja potencial es el costo de
adquisición para las farmacias hospitalarias; aún así, para los
pacientes internados es menos costosa que la heparina no fraccionada,
más efectiva y de más fácil manejo.
Los pacientes con tromboembolismo venoso agudo
requieren anticoagulación a largo plazo para evitar la extensión
sintomática del trombo y la recurrencia de la trombosis. Los pacientes
con riesgo transitorio deben ser tratados de 3 a 6 meses, pero si los
factores de riesgo son persistentes (tromboembolismo idiopático, o
antecedentes de episodios de tromboembolismo venoso), se aconseja un
tiempo más prolongado. El test d-dimero puede ser una ayuda para
decidir la duración del tratamiento; si persiste elevado se asocia con
mayor tasa de recurrencia. Se ha comprobado que el tratamiento
prolongado con la heparina de bajo peso molecular dalteparina, de la
trombosis en pacientes con cáncer, se asocia con menos recurrencia de
tromboembolismo, en comparación con la warfarina.
En los cuadros de trombocitopenia inducida por
heparina con trombosis se puede optar por el tratamiento con un
inhibidor directo de la trombina (por ej., el argatrobán o la
lepirudina). El tratamiento con warfarina no debe iniciarse hasta que
el proceso de la enfermedad haya sido controlado y el recuento de
plaquetas retorne a sus valores normales, debido a la posibilidad de
complicaciones trombóticas, incluyendo la gangrena del miembro y la
necrosis cutánea inducidas por warfarina. La lepirudina es excretada
por los riñones y el argatrobán es metabolizado por el hígado. Otros
inhibidores directos de la trombina todavía están en estudio.
Colocación de un filtro en la vena cava
Esta contraindicado en pacientes anticoagulados,
o con hemorragias mayores secundarias a la anticoagulación o embolismo
recurrente bajo tratamiento adecuado. Estos filtros en colocan en casos
de EP masiva, especialmente cuando se cree que el cuadro puede ser
letal y, cuando está contraindicado el tratamiento anticoagulante.
Aunque algunos filtros reducen la incidencia de EP, aumentan la
incidencia posterior de TVP sin aumentar la supervivencia. Pueden
colocarse otros filtros (recuperables) en forma permanente o
recuperarlos si el paciente no requiere más la interrupción de la vena
cava. Algunos modelos pueden retirarse varios meses y hasta 1 año
después.
Tratamiento del embolismo pulmonar masivo
Se denomina embolismo pulmonar masivo al que
provoca inestabilidad hemodinámica con insuficiencia ventricular,
primero derecha y luego izquierda. Si la hipotensión no se restaura
inmediatamente está indicada la terapia vasopresora (por ej.,
dopamina); no hay suficiente información respecto de los inotrópicos.
La insuficiencia respiratoria requiere oxigenoterapia, intubación y
ventilación mecánica.
Complicaciones del tratamiento trombolítico
No hay todavía consenso sobre la aplicación del
tratamiento trombolítico en el EP submasivo, es decir, el EP pulmonar
que ocasiona dilatación e hipoquinesia del ventrículo derecho sin
hipotensión sistémica. La combinación de heparina con t-PA (activador
del plasminógeno tisular), comparada con la heparina sola, no suele
requerir el aumento escalonado de las dosis. Si bien se han estudiado
mucho la estreptokinasa, la urokinasa y el t-PA recombinante, el agente
trombolítico más utilizado es la infusión rápida de t-PA. El nivel de
troponina sérica puede ser útil para identificar a los pacientes con EP
y normotensos o sin inestabilidad hemodinámica que pueden beneficiarse
con un tratamiento más intenso, como así otros.
La complicación más grave es la hemorragia
intracraneana, aunque no es muy frecuente (1-3%). Otras complicaciones
son las hemorragias retroperitoneal y gastrointestinal, el sangrado de
las heridas quirúrgicas o sitios de procedimientos invasivos, los
cuadros hemorrágicos y el embarazo. El tratamiento trombolítico está
contraindicado en pacientes con cirugía mayor reciente; es muy
importante evaluar previamente los riesgos de cada paciente.
Entre los procedimientos invasivos se encuentran
la embolectomía pulmonar mecánica y el tratamiento trombolítico
intraembólico local, o ambos, pero la gravedad de los pacientes
elegidos para estos métodos entraña gran riesgo de muerte.
Pronóstico
La mayoría de los pacientes con EPA tratados con
anticoagulación sobreviven. La mortalidad a los 3 meses es del 15 al
18%, la cual es mayor en los pacientes con shock. Las principales
secuelas son el síndrome postrombótico y la hipertensión pulmonar
tromboembólica crónica.
Prevención
Según el autor, en Estados Unidos se hace subuso
de la profilaxis con heparina, heparina de bajo peso molecular,
fondaparinux, warfarina o métodos mecánicos, a pesar de su eficacia. El
método mecánico es menos efectivo pero útil luego de evaluar el riesgo
de hemorragia en cada paciente. La combinación de anticoagulantes y
métodos mecánicos es aplicable en pacientes con enfermedades médicas,
quirúrgicas o de mucha gravedad y con riesgos demasiado elevados. Las
recomendaciones por consenso rechazan el uso de los filtros en la vena
cava inferior como profilaxis primaria en los pacientes con trauma
(aunque no todos los especialistas coinciden) o que van a ser sometidos
a neurocirugía, El autor afirma que “en Estados Unidos, el índice
inaceptable de EP fatal no ha servido para aplicar una profilaxis
óptima en esos pacientes.”
Embarazo y embolismo pulmonar agudo
Las mujeres embarazadas, o que están en el
período posparto o reciben tratamiento hormonal o anticonceptivos en
dosis bajas tienen mayor riesgo de tromboembolismo venoso. Para el
diagnóstico durante el embarazo es conveniente recurrir a métodos no
invasivos sin imágenes pero, si es necesario, por no exponer a la mujer
a las radiaciones los médicos no deben dejar de hacer la arteriografía
TC o el centellograma de ventilación-perfusión. Las embarazadas con
tromboembolismo venoso agudo requieren el mismo enfoque que otros
pacientes con respecto a la necesidad de tratamiento anticoagulante,
colocación de un filtro en la vena cava inferior o embolectomía. En una
paciente con EP con riesgo de vida, el tratamiento trombolítico no debe
ser suspendido por causa del embarazo. Debido a la teratogenicidad de
la warfarina, la mejor opción para la anticoagulación prolongada es la
heparina de bajo peso molecular.
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