Los pacientes con el sistema inmunitario deprimido, como los que reciben quimioterapia, los receptores de trasplantes tratados con inmunosupresores y los portadores del virus del sida, con frecuencia sufren infecciones fúngicas oportunistas.
Un equipo de científicos estadounidenses ha
logrado identificar el mecanismo de acción por el cual se produce la
resistencia multifarmacológica en hongos en estos enfermos. El
descubrimiento se publica hoy en Nature. Un equipo de investigadores
del Centro Oncológico del Hospital General de Massachusetts, en Boston
(Estados Unidos), ha identificado un mecanismo que controla la
resistencia multifarmacológica en hongos.
El descubrimiento,
que se publica hoy en la revista Nature, podría ayudar a desarrollar
tratamientos contra las infecciones fúngicas oportunistas que afectan a
individuos con el sistema inmunitario comprometido, como los que
reciben quimioterapia, los receptores de trasplantes tratados con
inmunosupresores y los portadores del virus del sida.
Los
científicos, dirigidos por Anders Näär, profesor de Biología Celular en
Harvard (Boston), hallaron que cuando la proteína Pdr1p de la levadura
se une a los fármacos antifúngicos u otros, activa bombas moleculares
que sacan el fármaco fuera de la célula.
El estudio ha mostrado
que este interruptor químico controla también la resistencia
farmacológica en un importante hongo patógeno, la Candida glabrata. En
los humanos, la proteína PXR es un sensor de drogas que activa a los
genes implicados en la desintoxicación y extracción de los fármacos de
las células.
Programa activado
Los autores
del trabajo han podido observar cómo la proteína Pdr1p activa el
programa de resistencia multifarmacológica. Después de unirse a los
fármacos, Pdr1p se alía con otro mediador clave en la activación
genética, la proteína Gal11p.
En colaboración con Gerhard
Wagner, profesor de Química Biológica y Farmacología Molecular de
Harvard, han identificado el área específica de Gal11p que se une a
Pdr1p para inducir la resistencia multifarmacológica.
Este
conocimiento de la interacción entre ambas proteínas permitirá el
cribado de pequeñas moléculas inhibidoras de la unión proteica.
(Nature DOI: 10.1038/nature06836).