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Los adolescentes que desayunan a diario tienen un índice de masa
corporal más bajo que aquellos que se saltan la primera comida del día
o que nunca la toman. Ésta es la conclusión principal de un estudio
publicado en la revista 'Pediatrics'.
Los niños y adolescentes son cada vez más obesos debido al cambio en
los hábitos alimenticios y al sedentarismo. Aunque se desconocen las
razones, el desayuno parece intervenir en esta ecuación y averiguarlo
era una de las metas del Proyecto EAT (Alimentación En Adolescentes,
según sus siglas en inglés), desarrollado en Estados Unidos.
El trabajo, publicado esta semana, se centra en la asociación entre
la primera comida del día y el índice de masa corporal (IMC) un
parámetro empleado para determinar lo adecuado del peso de una persona
que se calcula dividiendo el peso en kilogramos por el cuadrado de la
altura en metros.
En la primera fase del proyecto, 4.746 estudiantes con una media de
15 años rellenaron durante el curso escolar 1998-99 un cuestionario
acerca de sus hábitos alimenticios que incluía además preguntas sobre la frecuencia con la que desayunaban
y con la que tomaban medidas para perder peso (dietas, saltase comidas,
etc.). Además, se recogieron medidas de su altura y peso.
Las chicas se saltan más el desayuno
La mayoría de los participantes desayunaba de vez en cuando pero, por sexos, las chicas eran las que con mayor frecuencia evitaban siempre esta comida (16,4% frente al 13% de los chicos) mientras que ellos eran más reacios a saltársela (37,9% frente al 27,2% femenino).
Cinco años después, 2.216 de los alumnos respondieron vía correo
electrónico a preguntas para establecer cambios en sus hábitos de
alimentación, así como sus medidas antropométricas y se observó
idéntica relación entre el IMC y la frecuencia del desayuno.
El cuestionario reveló que las dietas de los adolescentes variaban
en función de la frecuencia con la comían a primera hora. Las chicas
que desayunaban siempre ingerían más calorías, fibra y colesterol que
las que no lo hacían nunca y en los chicos se detectaron diferencias en
el consumo de carbohidratos y fibra, más común en los 'desayunadores'.
El porcentaje total de grasa y el de calorías procedentes de grasas
saturadas también era menor en estos últimos.
"Este perfil dietético tiene el potencial para mejorar el balance
energético y el control del peso porque el consumo de alimentos ricos
en fibra mejora las cifras de glucosa e insulina y promueve una mayor sensación de saciedad y un menor índice de masa corporal", escriben los autores. Además, los practicantes de este sano hábito tenían una vida más activa que sus compañeros.
Por eso, a pesar de la mayor ingesta calórica, aquellos que con más
frecuencia desayunaban tenían un IMC más bajo que el resto e incurrían
menos en prácticas para adelgazar. Este dato, según los autores,
"podría indicar que los adolescentes que dejan de hacer esta comida lo
hacen con el fin de controlar el peso", tendencia más común entre el
sexo femenino.
De las conclusiones del Proyecto EAT se desprende la necesidad de
"poner más énfasis en la promoción del hábito de desayunar,
especialmente entre los adolescentes y adultos jóvenes, cuando los
patrones de comportamiento de están desarrollando y estabilizando",
señala el estudio, que destaca lo fácil y práctica que es esta comida y
la importancia de que sea sana, incluyendo cereales, leche desnatada y
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