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Los efectos beneficiosos de los delfines comenzaron a estudiarse en la
década de los 70, y los primeros en estudiarlos fueron los doctores
Horace Dobbs, en Escocia, y David Nathanson, en Florida. Desde
entonces, la práctica de la delfinoterapia se ha ido extendiendo por
todo el mundo con unos resultados aparentemente muy satisfactorios.
Lo primero que ha de quedar claro es que la cura de los delfines no es
exactamente una cura al uso; es decir, el paciente nunca logrará
recuperarse de su enfermedad utilizando únicamente este método.
La práctica de la delfinoterapia es distinta según el lugar del mundo
en que nos encontremos, pero en general se intenta recopilar toda la
información sobre el paciente antes de comenzar con el tratamiento:
Antecedentes familiares, diagnóstico médico, tratamientos que se le han
aplicado, medicación que se le ha recetado... es decir, se constata que
los métodos anteriores han fracasado.
Una vez se ha comprobado que la delfinoterapia puede resultar
útil para el paciente, comienza el tratamiento. Este suele consistir en
un número determinado de sesiones, de entre quince y treinta minutos,
en las que el enfermo trabaja de manera conjunta con el terapeuta y el
delfín.
Tomemos como ejemplo el tratamiento con niños autistas, que
son quienes más necesitan una solución: Tras evaluar sus condiciones y
elaborar una lista de objetivos, comienza la adaptación del niño al
medio acuático: comienza con la adaptación mental.
El niño se introduce al agua siempre en brazos del terapeuta, para que
tome confianza. Poco a poco, el terapeuta se irá alejando, generando
autoconfianza en el niño. Posteriormente, se llevarán a cabo ejercicios
destinados a familiarizar al niño con las posiciones que debe tomar en
el agua y aumentando la confianza en sí mismo y su relajación. Sólo
cuando todas estas medidas han sido llevadas a cabo, el paciente toma
contacto con el delfín.
La base de este tratamiento se encuentra en las ondas electromagnéticas
generadas por la actividad cerebral: estas cambian al tomar contacto
con el delfín, armonizándose entre los hemisferios izquierdo y derecho,
y creando una sensación de relajación, necesaria para trabajos de
fisioterapia fundamentales para el desarrollo de las capacidades
motrices.
Además, con la delfinoterapia se consigue aumentar el nivel de
endorfinas. Las endorfinas funcionan como anestesiante, aumentando la
calidad y cantidad del sueño y beneficiando al paciente a la hora de
relacionarse con su entorno.
No son pocos quienes critican este método. Muchos lo tachan de
cuento, de solución poca o nada práctica y de pérdida de tiempo. Hay
quien incluso cree que es una auténtica tomadura de pelo, una ilusión
creada por los empresarios para aprovechar el tirón publicitario que
tienen los delfines. Esto contrasta con actitudes como la de Aquapark,
parque acuático de Tenerife, que ofrece este servicio de manera
altruista, no sin antes, eso si, evaluar a cada paciente de manera
individual.
Lo que si ha de quedar claro es que los milagros no existen.
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