|
Engañar al organismo para que acepte un cuerpo extraño no es imposible, según un estudio estadounidense. Algunas técnicas experimentales están demostrando que se puede evitar el rechazo en caso de trasplante de órganos, como lo prueban pacientes trasplantados que llevan varios años sin tratamiento inmunosupresor. Los resultados de los ensayos, aunque sobre pocos pacientes aún, son muy alentadores.
Las técnicas son todavía experimentales pero llenan de esperanza a
los que creen que los trasplantes, como los novedosos de cara completa,
no han llegado al final de su recorrido como técnica médica y sólo lo
conseguirán cuando ya no sea necesario el tratamiento inmunosupresor de
por vida. En el caso de cinco pacientes que han participado en un
ensayo para inducir la tolerancia del sistema inmune a un trasplante de
riñón, cuatro de ellos han conseguido dejar los medicamentos
inmunosupresores. Los casos del llamado trasplante no compatible HLA
son los que presentan la barrera inmunológica más difícil de superar.
Trasplante más médula
El ensayo se ha hecho en el Hospital General de Massachussets, en
EE.UU. y los alentadores resultados se publican en 'New England Journal
of Medicine'. Durante más de tres décadas, informa el hospital, el
equipo liderado por David S. Sachs ha probado métodos para inducir la
tolerancia del organismo, engañando al sistema inmune para que crea que
el órgano extraño no lo es, y lo vea como propio. En este enfoque
desarrollado, el receptor del trasplante recibe médula ósea del donante
al mismo tiempo que el órgano requerido, para producir un estado
llamado de 'quimerismo mixto', un sistema inmune que combina elementos
de donante y receptor.
En 1988 se utilizó en una mujer que había sufrido fallo renal
causado por un cáncer de la médula ósea, que puede ser tratado con
trasplante de médula. La paciente recibió la médula y un riñón de su
hermana, que era compatible HLA, y al cabo de dos meses pudo dejar el
tratamiento antirrechazo. A los casi 10 años de la operación, su salud
es buena y el método se ha aplicado a otros seis pacientes con las
mismas dolencias.
Uno de los tratamientos experimentales consiste en modificar con radiación y anticuerpos el sistema inmune del receptor
Ahora, el método se ha ampliado a pacientes sin cáncer y que no
pudieron acceder a un donante vivo compatible. Para empezar, se
destruye parcialmente la médula ósea del receptor y con tratamiento con
un anticuerpo se reduce el nivel de células T, las principales
implicadas en el rechazo de órganos. Después de recibir el riñón y el
trasplante de médula ósea, se mantiene a los pacientes en un ambiente
relativamente estéril durante dos semanas, de forma que se regenere la
médula ósea y produzca nuevas células con tolerancia al órgano
trasplantado.
Quimerismo mixto
En el estudio citado, cuatro pacientes dejaron paulatinamente la
medicación meses después de la operación y mantienen una función renal
normal cuando ya han pasado entre dos y cinco años. El quinto rechazó
el órgano, debido a la acción de células B, lo que ha dado lugar a un
nuevo protocolo de actuación en el que se atacan también estas células
al principio del tratamiento, para inducir tolerancia.
Esta tolerancia continúa a pesar de que el estado de 'quimerismo
inducido', como ya se había observado en experimentos con animales, fue
temporal. El equipo de Sachs no saben cuál es la causa de este fenómeno
y señalan: «hemos demostrado en monos que se requiere que el riñón
trasplantado siga en el cuerpo para que se mantenga este estado,
llamado de tolerancia periférica, aunque no comprendemos en su
totalidad el mecanismo».
El de Larry Kowalski es otro caso publicado en la misma revista,
que culmina 25 años de trabajo sobre el tema, por parte de Samuel
Strober, catedrático de Inmunología de la Universidad de Stanford
(EE.UU.). Este paciente nació con un solo riñón que le falló cuando
tenía 47 años. Entonces recibió el órgano de un hermano suyo que era
totalmente compatible y se sometió a un tratamiento experimental para
evitar tener que tomar medicamentos antirrechazo. El tratamiento
consiste en modificar con radiación y anticuerpos el sistema inmune del
receptor, quien después recibe células sanguíneas del donante.
«Esencialmente, mi sistema inmune consiste en la mitad de las
células del sistema inmune de mi hermano y la mitad de las mías. Es lo
suficiente como para que mi cuerpo crea que el riñón de mi hermano es
mío», ha comentado el paciente que, dos años después del trasplante,
lleva una vida completamente normal sin medicación antirrechazo. Por
ahora es el único trasplantado tratado de esta manera con éxito, por lo
que no puede considerarse que el tratamiento vaya a convertirse pronto
en habitual. Otros equipos de investigación están haciendo tratamientos
parecidos, con la intención de obtener un 'quimerismo mixto
persistente' pero, como señalan todos ellos, todavía queda mucho camino
por andar.
ENTRE LO PROPIO Y LO AJENO
El sistema inmune actúa diferenciando lo propio de lo ajeno. El
rechazo de un órgano trasplantado se debe a que es atacado por las
defensas del organismo porque lo considera ajeno, igual que ataca los
virus y bacterias. Los fármacos antirrechazo modernos han conseguido
disminuir mucho el rechazo agudo. Por ejemplo, en el caso del
trasplante de hígado los pacientes trasplantados tienen un porcentaje
de supervivencia del 83% al año y del 70% a los cinco años.
Pero los medicamentos inmunosupresores no son inocuos ya que, entre
otras cosas, dejan a los pacientes más susceptibles a la invasión de
patógenos, y con el tiempo dan lugar a trastornos importantes. Entre
ellos está la insuficiencia renal que, en el caso de los trasplantes de
riñón, es precisamente lo que se pretendía evitar. Por otra parte, aún
no se conocen totalmente los complejos mecanismos implicados en la
tolerancia a los órganos trasplantados.
|