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Las plantas ya no son la única fuente de obtención de nuevos fármacos,
pero continúan teniendo una importancia clave en el descubrimiento de
nuevas sustancias terapéuticas. Por otro lado, los países más
desfavorecidos económicamente siguen basando su atención sanitaria
primaria casi exclusivamente en las especies vegetales. Por lo tanto,
la disminución de la biodiversidad preocupa tanto a las multinacionales
que investigan moléculas revolucionarias con las últimas tecnologías
como a los chamanes que ejercen sus conjuros ancestrales, con mayor o
menor ciencia, en los lugares más recónditos.
Pero en la labor de conservación también cuentan las decisiones
políticas de las naciones, las investigaciones científicas
medioambientales, las llamadas de atención de las ONG... Al fin y al
cabo, las causas de la destrucción de plantas medicinales son muy
similares a las que amenazan a muchos otros seres vivos: las prácticas
recolectoras destructivas, la degradación de los bosques, la expansión
agrícola, la presión que ejercen las explotaciones ganaderas y el
urbanismo feroz.
El informe alerta sobre la excesiva confianza de las sociedades
avanzadas en los más modernos métodos de investigación: "Las
predicciones de que los avances en ciencias químicas y en el desarrollo
de materiales sintéticos disminuirían la necesidad de recurrir a
sustancias naturales han demostrado ser falsas y la medicina moderna
depende de la continuidad de la disponibilidad de recursos biológicos
como fuente incomparable de diversidad molecular".
Estrategias En torno al 50% de los productos de prescripción médica que hay
actualmente en el mercado está basado o inspirado en una molécula que
se encuentra de forma natural en alguna planta y muchos principios
activos se extraen directamente de especies vegetales. No obstante, los
procedimientos están cambiando. Francisco Zaragozá, catedrático de
Farmacología de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), señala
que desde 1960 hasta ahora se han impuesto los "fármacos de diseño a
través de distintas estrategias, como la química combinatoria o el
estudio de series homólogas".
Otra fuente pujante es la biotecnología y, en tercer lugar, se
situaría el producto natural. El experto cree que los recursos
biológicos ocupan un puesto más alto desde el punto de vista
cualitativo, pero reconoce que los grandes laboratorios farmacéuticos,
que son los que tienen la capacidad de afrontar el largo y costoso
camino que lleva al desarrollo de nuevas armas terapéuticas, han
perdido interés en las plantas. Esto se debe, en gran parte, a los
problemas de propiedad intelectual que pueden surgir. "No puedes
patentar seres vivos porque no puedes apropiarte de algo que está en la
calle", asevera.
Este farmacólogo confía en que las especies vegetales seguirán
jugando un papel importante, tanto de forma directa como en procesos de
síntesis (copia del principio activo natural) o semisíntesis
(extracción de la sustancia para su posterior modificación química). La
vocal de Plantas Medicinales del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona,
María José Alonso, comparte esta visión y asegura que la "complejidad
estructural" de los compuestos de plantas es inigualable. Por esta
razón, confía en los esfuerzos que desde distintas instancias se están
llevando a cabo para evitar una extinción masiva.
Tanto Alonso como Zaragozá han constatado la escasa conciencia que
existe entre la población sobre la presencia de sustancias extraídas o
inspiradas en plantas en la fabricación de fármacos como la aspirina,
el taxol, la buscapina o los corticoides.
Muchos otros principios activos con tanto potencial terapéutico como
los anteriores podrían obtenerse en un futuro de especies como Gentiana
lutea (genciana amarilla), cuyos efectos sobre los trastornos
digestivos ya aparecen reflejados en papiros egipcios del año 1.200
a.c. Afortunadamente, 48 jardines botánicos de distintos países
conservan ejemplares de esta planta europea amenazada que puede
encontrarse, entre otros lugares, en la Cordillera Cantábrica. |