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El avance de la tecnología suele ir acompañado, en diversos campos, de
una tendencia a la miniaturización. Un grupo de científicos de la
Universidad Técnica de Dresde trabaja actualmente para producir una
fuente de rayos X del tamaño de una moneda de un centavo. La clave está
en la utilización de cristales piroeléctricos, que tienen la propiedad
de generar campos eléctricos cuando se calientan o enfrían.
¿La radiografía del futuro?
La inspiración les
llegó a los investigadores alemanes desde Estados Unidos, donde
científicos emplearon ese tipo de cristales para generar rayos X. Tras
analizar dicho proceso, el equipo de Dresde, dirigido por el profesor
Dirk Meyer, dio un paso más y logró resultados similares, sin tener que
someter a los cristales piroeléctricos a cambios de temperatura. En
este caso, el efecto se consiguió mediante un determinado tratamiento
químico de la superficie.
Sin abundar en
detalles demasiado técnicos, puede decirse que este procedimiento
permite contar con una fuente de rayos X extremadamente pequeña en
relación con las hasta ahora conocidas y utilizadas, por ejemplo, en la
medicina. ¿Podrían reemplazarse entonces los grandes aparatos de
radiografía por pequeños equipos portátiles? ¿Podrían por ejemplo los
montañistas llevar su propio equipo de rayos X a una expedición? Según
Dirk Meyer, ésas son visiones más bien utópicas. Y el motivo es simple:
la intensidad de la radiación emitida por los cristales piroeléctricos
es muy inferior a la de las fuentes convencionales.
Exámenes no invasivos
No obstante, hay
diversas aplicaciones más realistas, también en el campo de la
medicina. El profesor Meyer explicó a DW-WORLD que una de ellas podría
consistir en utilizar este sistema para el análisis de sangre u otros fluidos corporales. “Cabe pensar que, con este método, se podría medir el
contenido de azúcar en la sangre de una persona sin necesidad de tomar
una muestra sanguínea”, señala el investigador de la Universidad
Técnica de Dresde. Y eso reportaría sin duda una mayor comodidad a los
diabéticos, que hoy en día no se libran del pinchazo en cada control.
Lo mismo podría aplicarse a otros tipos de exámenes, con la ventaja de
que es un método no invasivo.
Tal equipo
radiológico “de bolsillo” no es todavía una realidad y quedan por
analizar diversos aspectos, como cuantificar los efectos nocivos que
pueden surtir los rayos Röntgen generados por los cristales
piroeléctricos. Pero, desde ya, los científicos alemanes están en
conversaciones con representantes industriales, para sondear el mercado
y analizar las posibilidades concretas de fabricar los correspondientes
aparatos.
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