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¿Quiere que su bebé aprenda a comer de todo? Lo que debe hacer la madre es llevar una alimentación lo más variada posible y, después, darle el pecho a su hijo porque los sabores viajan a través de la leche y así se va acostumbrando el paladar del pequeño.
Estas son las conclusiones de un estudio publicado en la revista 'Pediatrics',
realizado por investigadores del Centro Monell de Filadelfia (Estados
Unidos), cuya labor se dirige a comprender mejor el gusto, el olfato y
la irritación química.
"Comer fruta y verdura se asocia con un bajo riesgo de obesidad y de
algunos cánceres", explica Julie A. Mennella, directora del trabajo. "Si a los niños les gusta al sabor, tomarán más alimentos y si somos capaces de enseñarles a que les gusten contribuiremos a que lleven una dieta sana desde muy temprano".
En el experimento, que duró 12 días, participaron 45 madres y sus
respectivos hijos de cuatro a ocho meses. Veinte eran lactantes, 21
tomaban biberón y cuatro llevaban una alimentación mixta, pero siempre
basada en cereales. Casi ninguno tomaba fruta o verdura de forma
habitual.
Los alimentos con los que trabajaron fueron el melocotón y las
judías verdes. Las díadas participantes se dividieron en dos grupos. En
el primero los niños comieron durante ocho días consecutivos judías y
en el segundo, además de las judías, los pequeños debían tomar también
melocotón.
Dos días antes y dos después de este periodo, las mujeres acudieron
con sus hijos al centro y allí les dieron de comer para comprobar la
reacción inicial y la posterior a estos alimentos. Además, las madres
respondieron a varias preguntas sobre sus hábitos dietéticos.
Cuando los bebés probaron por primera vez el melocotón, los lactantes comieron más cantidad y durante más tiempo
que sus compañeros alimentados con biberón. Los cuestionarios revelaron
que las madres que daban el pecho solían tomar más fruta que las demás.
Esta mayor aceptación podría atribuirse a la exposición a los sabores frutales a través de la leche materna, según explican los autores en el texto.
La experiencia con las judías verdes también refuerza esta teoría.
En este caso, aunque todas las mujeres tomaban una cantidad muy
inferior a la recomendada de esta legumbre, las que más la comían eran
las madres que daban el biberón. Sin embargo, sus hijos no mostraron
mayor voracidad que los demás por este plato.
A fuerza de repetir, también se aprende
Para aquellas mujeres que detestan algún alimento, también hay
esperanza. Hacer que los bebés coman repetidas veces algo que en un
principio no les agrada ayuda a que se familiaricen con ese sabor y
aprendan a degustarlo.
Entre la primera y la última toma de puré de judías, después de que
los niños estuvieran comiéndolo durante ocho días en sus casas, la
cantidad que ingerían aumentó hasta tres veces. "Cuanto más familiar es el sabor, mejor es el nivel de aceptación", concluyen los autores.
Una de las claves para lograr que coman de todo es, según indica
este trabajo, no hacer caso de las muecas de asco que ponen. Mennella y
su equipo sugieren "a las madres que se centren en la buena disposición
de sus hijos a comer y no sólo en los gestos de disgusto que ponen
mientras".
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