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La Asociación Europea para el estudio de la Diabetes y su homóloga americana han actualizado su consenso sobre el uso de tiazolidindionas. Aunque hay datos que sugieren su relación con insuficiencia cardiaca congestiva, los autores piden prudencia pero no consideran la retirada de estos fármacos como tratamiento de segundo nivel.
El consenso pactado por ambas instituciones cristalizó el año
pasado, pero ha necesitado de una revisión debido a las novedades
terapéuticas y los datos obtenidos en diferentes ensayos clínicos.
Según los autores, la principal novedad alude a las ventajas e
inconvenientes en el uso de tiazolidinedionas. Aunque el objetivo era
no variar en exceso la guía terapéutica original, los datos extraidos
de algunos ensayos que advierten del posible aumento en el riesgo de
desarrollar problemas cardiacos. Estos datos han
llevado a un descenso en la prescripción clínica de rosiglitazona.
Aunque otros estudios han determinado que no aumenta el riesgo de
infarto de miocardio, sí se ha confirmado que puede inducir a
insuficiencia cardiaca congestiva con este fármaco. Además, a estos
problemas pueden unirse la retención de fluidos y el aumento del riesgo
de fracturas, particularmente en mujeres. Pese a estos
datos, los autores del consenso no consideran que la información esté
suficientemente validada como para no recomendar el uso de
tiazolidinedionas como tratamiento de segunda línea. Además, aseguran
que causa menos hipoglucemia que otros fármacos de segunda línea. Aún
así, admiten que los citados datos pueden generar debate y llevar a
parte de la comunidad médica a pensarse dos veces si hacer uso de las
tiazolidinedionas, teniendo también la opción de utilizar insulinas y
sulfunilureas. Como norma general, recomiendan precaución en el uso de
rosiglitazona en pacientes que hayan padecido insuficiencia cardiaca
congestiva o estén en riesgo de desarrollarla.
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