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Hace una semana, un metaanálisis publicado en The Lancet confirmaba la necesidad de incluir alertas severas en el etiquetado de rimonabant —la incorporación más reciente al arsenal farmacológico contra la obesidad— debido a sus riesgos psiquiátricos.
Al
parecer, este medicamento, que actúa en el sistema endocannabinoide
cerebral para regular la ingesta calórica, no debe ser administrado a
personas con trastornos del ánimo, depresión o que estén tomando
medicación antidepresiva debido a que dichas alteraciones corren más
riesgo de agravarse. Por su parte la Agencia Europea del Medicamento
(EMEA) ya ha estudiado el caso y ha dado orden de que en la ficha
técnica del producto se incluyan advertencias en este sentido.
Por otro lado, esta semana, el British Medical Journal recoge otro
trabajo de revisión con los tres medicamentos que hay en el mercado
para tratar lo que los expertos han dado en llamar la auténtica
epidemia del siglo XXI; rimonabant (que previsiblemente estará a la
venta en España el año próximo), sibutramina y orlistat. Las
conclusiones de esta investigación son bastante tajantes. Por una
parte, se recomienda abandonar la terapia farmacológica antikilos si a
los tres meses no se ha perdido el 5% del peso que sobra. Por otra, se
cuestiona su eficacia debido a la alta tasa de abandono en los ensayos
clínicos y a la gran cantidad de efectos secundarios que presentan. Y
es que, aparte de los mencionados para rimonabant, la sibutramina eleva
la presión arterial y aumenta el riesgo de taquicardias y problemas
cardiovasculares en hipertensos mal controlados y en ciertos pacientes
cardiacos. Por su parte, orlistat causa diarreas, molestias gástricas e
incontinencia fecal.
Según estos datos, podría pensarse que los productos desarrollados
hasta ahora para tratar la obesidad no son efectivos o que, al menos,
no responden a las expectativas que se crearon cuando se lanzaron al
mercado. Sin embargo, los especialistas no se muestran tan críticos. En
opinión de los consultados por SALUD todos los medicamentos tienen
efectos secundarios, pero quizá a los que se formulan frente al exceso
de peso se les exige más que a otros por algunos antecedentes graves
(hace unos años varios adelgazantes tuvieron que ser retirados por sus
graves efectos cardiovasculares) y por la inundación del mercado por
parte de productos milagro que no sólo no resultan eficaces, sino que
pueden ser peligrosos para quien los toma.
«El problema viene cuando se piensa que con una pastilla se puede
arreglar la obesidad; que es una patología crónica y no un mero
problema estético y que como toda condición crónica debe abordarse
desde varios frentes; el farmacológico es sólo uno de ellos», declara
Carlos Diéguez presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y
Nutrición (SEEN).
En este sentido, y aprovechando la celebración esta semana del XII
Día Nacional de la Persona Obesa, tanto la SEEN como la Sociedad
Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), han hecho un
llamamiento conjunto para que la sociedad y las autoridades sanitarias
y las fuerzas sociales tomen conciencia de que la obesidad está
discriminada con respecto a otras dolencias crónicas. Por este motivo
no sólo no desconfían de los medicamentos, sino que piden su inclusión
en el sistema de financiación de la Seguridad Social, tal y como se
hace con la medicación para la diabetes, la hipertensión o las
dislipemias.
«Teniendo en cuenta que el exceso de peso deriva en muchas otras
patologías que sí tienen cobertura nos parece absurdo que el problema
original [la obesidad] no goce de las mismas ventajas», explica Lucio
Cabrerizo, secretario de la SEEN.
No obstante, los especialistas insisten en señalar que el reembolo
se haría únicamente en algunos supuestos como, por ejemplo, en
pacientes con obesidad y riesgo cardiovascular elevado, en obesos con
un Índice de Masa Corporal (IMC) de más de 40 o de 35 si hay otras
enfermedades, cuando ha habido respuesta a la terapia en un plazo de 3
meses.
«Debería haber un visado o una financiación aunque fuera parcial»,
exige Xavier Formiguera, presidente de la SEEDO que además reclama la
creación de Unidades Funcionales de Obesidad «que articulen el
tratamiento integral y hagan un seguimiento estrecho y personalizado de
cada caso». Sin embargo, los galenos son reticentes a la hora de que
estos medicamentos se vendan sin receta (orlistat se comercializa así
en EEUU con el nombre de Alli). «Todos los fármacos tienen efectos
secundarios y han de ser prescritos por un profesional que haya
estudiado el caso. No todos funcionana en todos los pacientes, de
manera que el médico tiene que ir haciendo ajustes en la terapia», dice
Formiguera.
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La eficacia de dar 2.000 pasos más cada día |
Vivimos en un entorno muy hostil en lo referente
a la prevención y tratamiento de la obesidad. De hecho, se habla de un
ambiente obesogénico (favorece el desarrollo de personas con problemas
de peso). Revertir esta tendencia pasa por la colaboración de
instituciones públicas, autoridades sanitarias, industria alimentaria,
pacientes, familiares, médicos, arquitectos (para diseñar ciudades más
amables para la práctica de ejercicio y actividad física), etcétera.
Muchas de estas medidas con caras y su efecto tardará en hacerse notar,
sin embargo, otras no cuestan tanto.
Tal y como recoge la última edición de la revista JAMA, usar un
podómetro para contar los pasos que se dan cada día es una estrategia
sencilla, barata y eficaz para que la gente se mueva más. Según los
especialistas, dar alrededor de 10.000 pasos diarios ayuda a mantener
la salud cardiovascular y el peso bien controlados.
Pues bien, según observaron los autores de este trabajo, el podómetro
contribuye a que los individuos se marquen objetivos, estén motivados
para cumplirlos y, poco a poco, vayan abandonando el sedentarismo. «A
veces, estas metas no se cumplen, pero el hecho de tenerlas y poder
observar la progresión supone una gran ayuda», resume Dena Bravata,
directora del seguimiento.
En él se apreció que incrementar sólo unos 2.000 pasos diarios reduce
la presión arterial y el peso corporal.
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Desayunar en familia para evitar engordar |
De nada valdrán los esfuerzos de médicos,
instituciones y autoridades sanitarias para hacer frente a los kilos de
más si en el seno familiar no se inculcan los beneficios de la
actividad física y la dieta saludable. Todos los expertos coinciden en
señalar a los niños como diana fundamental de las estrategias e
iniciativas preventivas futuras. En este sentido, un informe para el
estudio de la obesidad infantil y juvenil presentado esta semana en el
Senado por una comisión conjunta de Educación y Sanidad ha recordado la
necesidad de predicar con el ejemplo en el seno familiar recuperando,
por ejemplo, el desayuno todos juntos. La primera comida del día es
esencial para preveer de la energía necesaria para afrontar buena parte
de la jornada laboral y escolar, de forma que no se debe prescindir de
ella. Es más, ha de hacerse de manera sosegada para incluir todo lo
necesario: frutas (enteras o en zumo), leche, proteínas (embutido sin
grasa, huevos...) y cereales (en forma de pan o galletas). Además, hay
que fomentar el ejercicio entre los pequeños compartiendo con ellos
actividades y salidas al aire libre, así como limitar las horas que
pasan frente al ordenador, las videoconsolas y el televisor. |
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