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El desarrollo del cerebro se retrasa en los bebés que nacen con ciertos defectos cardiacos, según plantea una investigación reciente.
La ralentización del desarrollo cerebral es similar al retraso encontrado en bebés prematuros, agregaron los investigadores. Es
bien sabido que los bebés que necesitan cirugía cardiaca sufren
retrasos en el desarrollo, pero existe un debate en torno a si el
retraso se debe a la cirugía o a otros factores. Ahora, un estudio publicado en la edición del 8 de noviembre del New England Journal of Medicine muestra que esas anormalidades cerebrales tienen lugar antes de la cirugía. "Éste
es uno de los primeros estudios en señalar que existe una verdadera
diferencia [en el desarrollo cerebral] antes de la cirugía", asegura el
cardiólogo pediátrico Vidu Garg, profesor asistente de pediatría y
biología molecular en el Centro médico Southwestern de la Universidad
de Texas y cardiólogo pediátrico en el Centro médico infantil de Dallas. "Se
sabe que los niños no progresan bien tras una cirugía a corazón
abierto. La relación entre los defectos cardiacos congénitos y el
desarrollo cerebral no se conocía, pero se ha teorizado mucho al
respecto", señaló Garg, que no formó parte del estudio. De
acuerdo con los U.S. National Institutes of Health, los defectos
cardiacos congénitos causan más muertes entre los recién nacidos que
cualquier otro defecto de nacimiento. Poco menos del uno por ciento de
los bebés estadounidenses, o casi 35,000 al año, nace con un defecto
cardiaco, según la American Heart Association. En el estudio, un
equipo de la Universidad de California en San Francisco y la
Universidad de Columbia Británica en Vancouver examinó a 41 bebés que
habían nacido con una enfermedad cardiaca congénita. Veinte y nueve
tenían una transposición de las grandes arterias y 12 una fisiología de
ventrículo único. Los investigadores usaron imagen por resonancia
magnética (IRM) para analizar las medidas del desarrollo cerebral en
cada bebé, incluidos tractos de materia blanca y difusividad. La
materia blanca es el tejido mediante el cual se comunican las células
nerviosas del cerebro y del sistema nervioso. Aunque los bebés del
estudio tenían la misma cantidad de materia blanca que los bebés sin
defectos cardiacos, la materia blanca era menos madura y por tanto
estaba en mayor riesgo de lesión, debido a factores estresantes como un
menor nivel de oxígeno en la sangre. Se observó una lesión en la
materia blanca en 13 de los 41 niños. El equipo también halló una reducción de 10 por ciento en la proporción entre el N-
acetil aspartato (NAA) y la colina, y un incremento de 28 por ciento en
la proporción entre lactato y colina. Éstas son medidas sustitutas del
desarrollo metabólico del cerebro, explicó el coinvestigador del
estudio, el Dr. Patrick McQuillen. McQuillen practica medicina de
atención crítica pediátrica y pediatría en San Francisco, California. Estudios
previos habían mostrado que tener bajos niveles de NAA y altos niveles
de lactato estaba asociado con un mayor riesgo de deficiencia del
neurodesarrollo en la infancia y la niñez. Los investigadores
también hallaron un incremento de 4 por ciento en lo que se conoce como
difusividad, una medida de la estructura del tejido cerebral. De
acuerdo con Miller, a medida que el cerebro desarrolla tejidos más
complejos, hay por lo general más barreras a la difusión del agua por
los tejidos, lo que significa que la difusividad disminuye con la
madurez. Finalmente, los bebés con defectos cardiacos también
mostraron una reducción de 12 por ciento en la anisotropía fraccional
de la materia blanca, es decir que la materia blanca del cerebro estaba
menos madura. "La lesión de la materia blanca, el patrón
característico de lesión en bebés prematuros, era asombrosamente común
entre los recién nacidos estudiados que tenían enfermedad cardiaca",
dijo el autor principal del estudio, el Dr. Steven Miller, profesor
asistente de pediatría en la Universidad de Columbia Británica. La
materia blanca sí tiene cierta capacidad para curarse a sí misma tras
una lesión, un proceso conocido como remielinización, que podría
involucrar a células lesionadas que se reparan a sí mismas o a la
producción de nuevas células, apuntaron los investigadores. "Es
importante destacar que los bebés con enfermedad cardiaca tienen el
potencial para proseguir con el desarrollo cerebral e incluso
recuperarse si hay lesión", enfatizó McQuillen. El uso de mejores tecnologías de imaginología está ayudando a detectar a los bebés que tienen defectos congénitos dentro del útero,
lo que significa que los padres pueden planear el nacimiento en un
centro que ofrezca atención y cirugía para estos bebés. Muchas veces,
los defectos congénitos se diagnostican poco después del nacimiento,
dijo McQuillen. Sin embargo, todavía algunos bebés se van a casa y se
ponen muy enfermos porque su afección pasó inadvertida, agregó. "Aunque
desconocemos la causa exacta del retraso en el desarrollo del cerebro,
es probable que se relacione con la forma en que la sangre fluye al
cerebro en la vida fetal. En los bebés que estudiamos que tenían dos
tipos de enfermedad cardiaca, el cerebro recibía sangre con bajos
niveles de oxígeno", dijo McQuillen. Pero aún quedan preguntas,
señaló Garg. Aunque el estudio confirma que el retraso en el desarrollo
del cerebro existe antes de la cirugía, no resuelve la pregunta de
causa y efecto, apuntó. Es posible que los defectos cardiacos y
las anormalidades cerebrales existan en la misma población, pero no
están necesariamente relacionados unos con otros, argumentó Garg. "En
el artículo, los investigadores describen las anormalidades que
observaron. La pregunta es si [los defectos cardiacos] están
relacionadas con ellas. Es una asociación. También, los niños presentan
estas anormalidades en una resonancia magnética, pero ¿causará esto más
anormalidades posteriormente? Se necesitan llevar a cabo más estudios
para vincular estas dos anormalidades cerebrales", destacó Garg. Los
investigadores señalaron que se necesitan más investigaciones para
buscar maneras de minimizar los retrasos en el desarrollo cerebral dentro del útero y como resultado de la cirugía cardiaca. Garg
reconoció que la nueva información podría ayudar a los médicos a
proteger el cerebro de los bebés antes y durante la cirugía cardiaca,
pero estas medidas conllevan peligros en sí mismas. "Realizamos
muchas intervenciones que pueden causar problemas neurológicos. Tenemos
múltiples aciertos, así que ¿cómo sabemos qué causa el retraso en el
desarrollo? Es lo complicado de todo esto", apuntó Garg. Los
investigadores no compararon el desarrollo del cerebro de los bebés con
el de otros niños que tenían afecciones congénitas, agregó, por lo que
se necesitan estudios a largo plazo para analizar el impacto de estas
anormalidades cerebrales. "Los bebés que tienen un diagnóstico
fetal también podrían ser estudiados con IRM para saber más sobre cómo
el cerebro se desarrolla cuando hay una enfermedad cardiaca congénita.
Esto será particularmente importante a medida que los cardiólogos
empiecen a considerar intervenciones para tratar afecciones cardiacas
antes del nacimiento, algo que se está estudiando en estos momentos",
dijo McQuillen. Los investigadores enfatizaron que ambos
defectos cardiacos congénitos del estudio ameritaban cirugía. Los
padres a los que se les ha dicho que su hijo tiene un soplo cardiaco
pero que no necesita cirugía no deberían preocuparse por el retraso en el desarrollo, aseguraron McQuillen y Miller. Más información Para más información sobre los defectos cardiacos congénitos, visite la American Heart Association.
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