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Llegué a pesar 280 kilos. Con todo lo que implica una obesidad mórbida:
diabetes, hipertensión, dificultades motoras, renales, problemas de
articulación, respiratorios y circulatorios. Sufría de mucho pánico, no
podía estar más de 2 minutos en pie, incluso llegar al baño era un gran
esfuerzo. Mi vida era como una biblioteca desordenadaÉ tirabas un libro
y se caía todo”.
Así vivió hasta el 16 de junio de 2006 el tenor
puntano Daniel Fernández, día en que se sometió a la cirugía
bariátrica, su única esperanza después de años de tortuosas dietas,
pastillas “milagrosas” y un sinfin de terapias alternativas.
Actualmente
pesa 170 kilos, camina 20 cuadras diarias con la meta de llegar a su
peso ideal de 150 kilos, “después de la intervención mejoró mi vida en
todos sus aspectos, volví a trabajar, recuperé mi voz y mi público”, se
sinceró el artista, quien manifestó que su siguiente paso es realizarse
la costosa cirugía reparadora.
Fernández
tuvo que sortear muchos obstáculos, pero mediante un proceso judicial,
consiguió que su obra social le reconociera un porcentaje de la
operación, la cual no está contemplada dentro del Plan Médico
Obligatorio, ya que en Argentina, a diferencia de la mayoría de los
países de mundo, la obesidad no es considerada una enfermedad.
Este
flagelo, que fue declarado por la Organización Mundial de la Salud
(OMS) como la epidemia del Siglo XXI, es uno de los factores de
principal riesgo para la salud y desencadenante de otras enfermedades
como: diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares (infartos,
coronariopatías, problemas vasculares, venosas y arteriales) y de
respiración. En el caso de la obesidad mórbida o hiperobesidad estos
riesgos se cuadriplican y potencian otras patologías, como distintos
tipos de cáncer, además de cálculos biliares, infiltración de grasas en
el hígado, gota, hernia, artrosis, hemorroides, enfermedades de la piel
y endocrinas.
Desde la Asociación de
Lucha Contra la Obesidad (ALCO), afirman que en el país el 55% de los
habitantes son obesos en todas sus variables. Además entre el 1 % y el
3% padece de obesidad mórbida o hiperobesidad, lo que equivale
aproximadamente a 1.200.000 habitantes que sufren este grado de
obesidad.
Todos estos datos se reflejaron
el miércoles pasado, cuando 8 mil personas se reunieron frente al
Congreso de la Nación y más de 30 hicieron lo mismo en la plaza
Pringles de la capital puntana, para pedir que la obesidad no se
considere más un problema estético, si no, una enfermedad en todas sus
variantes
En diálogo con El Diario de la
República, el abogado Jorge Monastersky, principal defensor de esta
causa en el país, comentó: “Lo que reclamamos es la sanción del
proyecto de ley en el que solicitamos que se declare la obesidad como
un enfermedad, siguiendo los lineamiento de la OMS, es decir, que las
obras sociales, las empresas de medicina prepaga y el propio estado, a
través de los hospitales públicos tengan o cubran los tratamientos
nutricionales, farmacológicos, quirúrgicos y reparadores”. También
agregó “lo importante de esta ley es que no tengamos que recurrir más a
la Justicia cada vez que necesitemos un by-pass gástrico, porque no
todos cuentan con los recursos económicos para pagar un abogado”.
Además
el abogado resaltó que la Constitución nacional junto a la Declaración
de los Derechos Humanos, garantizan el derecho a la salud. Con su
proyecto de ley, que ya tiene media sanción en el Senado nacional,
solicita se declare de interés nacional la lucha contra la obesidad, y
se le asigne un carácter de política pública a la prevención y
tratamiento de esta patología.
El proyecto de ley en San Luis
En
nuestra provincia este proyecto se trabaja en una Comisión
Interdisciplinaria, encabezada por la diputada María Elena D‘Andrea.
Participan distintas áreas del gobierno, hospitales y centros de salud,
profesionales, como nutricionistas, cardiólogos, pediatras, profesores
de educación física, psicólogos, etc.
“Nuestra
ley también propone que las obras sociales se hagan cargo de la
cirugía, pero enfatiza en la atención primaria de la salud, porque
proponemos la creación de un centro de salud de atención para
enfermedades de trastornos alimenticios” expresó D‘Andrea.
Mientras
están a la espera de la ley, ALCO cumple un papel importante dentro de
la comunidad. Ya que quienes no pueden afrontar los costos de la
cirugía, recurren a la metodología de esta asociación para bajar de
peso, ejercitarse y compartir actividades con personas de similar
condición.
Sobre la labor de ALCO de hacer
bajar de peso sin el by-pass, el médico especialista en desórdenes de
alimentación, Marcelo Abdala, opina que la intervención quirúrgica no
es la única solución para un paciente con obesidad mórbida, y cita como
ejemplo el trabajo que desarrolla en su clínica el doctor Alberto
Cormillot, quien ha logrado mediante cambio de hábitos en la
alimentación y la conducta, que muchos pacientes bajen sin cirugía
entre 150 y 200 kilos.
“Cambiémosle la
conducta al paciente y después reconozcámosle la parte quirúrgica, la
ley valdría si primero hay un cambio en los hábitos.” También agregó
que él apuesta a la actividad física y a la educación obesológica.
Ley para talles mas grandes
Ropa, una discriminación encubierta
Irma
Cardone lleva 25 años en la lucha contra su obesidad. “Aunque he bajado
20 kilos, me siento discriminada con la ropa. Nunca consigo vestirme a
la moda, nada me queda bien”, además agregó que la persona obesa debe
ser tratada desde el primer momento, por eso la importancia de esta Ley.
En
el caso de Adriana Fernández de 35 años, quien llego a pesar 124 kilos,
ella comentó que esta enfermedad le causa depresiones a raíz de la
discriminación que sufre. “Anímicamente me siento mal, me resulta
difícil salir a la calle, y aunque he bajado 20 kilos, me es complicado
conseguir ropa, utilizar los medios de transporte. Ir al cine me es
imposible porque los asiento son incómodos para mí. Estas y muchas
cosas más me hacen sentir permanentemente discriminada”.
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