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Serena y en un español que delata sus raíces chilenas, la doctora
Marcela Contreras Arriagada, que organizó el servicio nacional de
sangre inglés, no duda y dispara: "Es una vergüenza que haya que pedir
por favor que se done sangre. Hay muchos hospitales que convocan a
familiares y amigos de los pacientes para que donen sangre, cuando está
demostrado que lo más seguro es el donante voluntario, altruista y de
repetición".
Considerado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) un modelo de
referencia, el también llamado Banco Nacional de Sangre de Inglaterra
concentró la disponibilidad de plasma y plaquetas con un 85% de
donantes que voluntariamente se acercan dos veces por año a un centro
regional para que se les extraiga casi medio litro de sangre.
También, junto con las sociedades científicas, unificó las
guías para la extracción, el procesamiento y el uso racional de la
sangre. Y estableció un sistema de código de barras para almacenar los
datos de los donantes, y también agilizar el manejo de la sangre
donada. Todo esto es lo que la inmunohematóloga Contreras Arriagada
logró a partir de 1985, cuando comenzó una reforma que este año
reconoció la corona británica al otorgarle el título de Dama Comandante
de la Orden de Caballería del Imperio Británico.
Su trabajo en el Centro de Sangre de Londres convenció a las
autoridades de Salud inglesas de que había que ampliar el servicio a
todo el país. Hace cinco años, la experta comenzó a dirigir todos los
laboratorios hematológicos ingleses de diagnóstico, investigación y
desarrollo. "En los últimos cuatro años logramos reducir el uso de más
de medio millón de unidades de sangre por año y hoy me informaron por
teléfono que tenemos un stock para 10,5 días", comenta antes de su
presentación en el XI Congreso Argentino de Medicina Transfusional y
Simposio Internacional de Sangre de Cordón organizados por la
Asociación Argentina de Hemoterapia e Inmunohematología.
Según la OMS, un país debe recolectar cada año 50 donaciones
de 450 mililitros de sangre por cada mil habitantes para cubrir la
demanda. "Nadie se muere por donar esa cantidad si pesa más de 50
kilos", bromea Contreras Arriagada, profesora de medicina transfusional
de la Universidad de Londres.
"En la Argentina, bastaría con que se recolecten unas 30
donaciones por cada mil habitantes al año", agrega antes de que se le
pida el dato. Si en nuestro país hay unas 11,8 millones de personas
mayores de 18 años, que es la edad a partir de la que se puede donar
sangre, se necesitaría que apenas un 2% lo haga dos veces por año para
cubrir la demanda de todos los hospitales del país.
"No hay que quedarse con la sangre en el cuerpo -invita la
experta-. Hay que considerar la donación como un seguro de vida, que no
cuesta dinero ni duele. Nadie está exento se tener un accidente,
cáncer, hemorragia en el parto o un hijo con leucemia, y en todos los
países que no tienen un sistema organizado, la población se muere por
falta de sangre".
Aquí, según el Plan Nacional de Sangre, el 8% de los donantes
entregan su sangre de manera voluntaria y altruista. El 92% restante lo
hace porque es familiar o amigo de un paciente que será operado. Este
sistema de reposición expone a un mayor riesgo de contagio de virus y
bacterias, y de transmisión de enfermedades.
"Está demostrado que el donante más seguro es el voluntario,
altruista y de repetición -afirma Contreras-. Primero, porque no tiene
información para esconder sobre su salud y sus conductas de riesgo, si
las tiene, como el consumo de drogas endovenosas. Y si dona
reiteradamente, está incluido en una base de datos nacional."
En Inglaterra, cada donante voluntario recibe una tarjeta que
lo acredita como tal y que posee un código de barras con sus datos
personales, lugares en los que donó y estado de salud de su sangre en
la última donación.
Pero cada detalle del relato de cómo Contreras Arriagada
organizó el banco de sangre inglés tiene un origen común: la decisión
política de contar con un sistema de calidad. "Se necesita un marco
legal y estándares nacionales para el reclutamiento y la selección de
donantes, el procesamiento de la sangre, además de la informatización
del sistema y un adecuado manejo del stock, que debe ser nacional y
llegar a los hospitales a través de los centros regionales de
transfusión", resume.
A su vez, ese servicio debe tener una "cabeza única" y experta
en medicina transfusional. "No puede ser un político ni un
administrador porque debe desarrollar una estrategia de manejo y uso de
la sangre -precisa-. Y la Argentina tiene profesionales excelentes,
pero carece de infraestructura y marco legal adecuados. Tiene los
estándares y las guías clínicas, pero no se cumplen de manera uniforme.
Y la responsabilidad de que esas normas se cumplan es del Ministerio de
Salud."
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