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Las niñas que creen que no toleran la lactosa consumen menos calcio y tienen huesos más finos que aquellas sin problemas para consumir productos lácteos, mostró un nuevo estudio.
Pero cuando se controla a esas niñas para determinar si tienen una dificultad real para digerir la lactosa, muchas no tendrían ese problema.
"Preocupa tener hijas en ese período, en el que desarrollan
el pico de masa ósea (...), con la idea de que no toleran la
leche por alguna razón", dijo la autora principal del estudio,
la doctora Carol J. Boushey, de la Purdue University, en
Indiana.
El equipo dirigido por Boushey analizó la relación entre la
idea de intolerancia a la leche, el contenido mineral óseo y el
consumo de calcio en un grupo de niñas de 10 a 13 años.
Los expertos evaluaron también la mala digestión de la
lactosa, que ocurre cuando disminuye la actividad de la enzima
digestiva de la lactosa, y que se puede identificar con una
prueba de aliento.
Las personas con esta alteración pueden beber leche o comer
una porción de lácteos (por ejemplo, un cuarto litro de leche)
sin síntomas de intolerancia, aunque tendrían indigestión si
consumen grandes cantidades.
De las 246 participantes del estudio, 47 dijeron que no
toleraban la leche. A 40 de ellas se les realizó la prueba de
aliento, que identificó sólo a 18 como verdaderas intolerantes
a la lactosa.
Las niñas con la idea de que no toleraban la leche
consumían 212 miligramos menos de calcio diario y tenían un
menor contenido mineral en la columna vertebral que las
participantes sin esa autopercepción.
En general, se les realizó la prueba de aliento a 230 niñas
y 100 de ellas tenían intolerancia a la lactosa. Pero esas
mujeres no consumían menos calcio y tenían el mismo contenido
mineral óseo que aquellas sin problemas digestivos de la
lactosa.
El hecho de que las niñas que creen que no toleran la
lactosa consumieran menos calcio a edad tan temprana aumentaría
el riesgo de desarrollar osteoporosis más adelante, señaló
Boushey.
Se desconoce, agregó la autora, el origen de esa
autopercepción, pero el equipo investiga si la creencia de los
padres sobre su propia intolerancia a la lactosa está
relacionada con la sensación de intolerancia en sus hijos.
"No creo que esto salga de las niñas, que son muy jóvenes
para elaborarlo; la idea proviene de algo alrededor de ellas",
dijo Boushey.
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