|
Una nueva investigación promovida por la Organización Mundial de la Salud arroja más luz sobre la causa de la trombosis en las piernas que sufren algunas personas tras un viaje en avión, un trastorno conocido popularmente como el síndrome de la clase turista. Según este trabajo, el mero hecho de permanecer en altura durante el vuelo es suficiente para activar la coagulación de la sangre. La ingesta de agua, no tomar alcohol o somníferos y mover las piernas son medidas preventivas Las mujeres que toman anticonceptivos o personas con determinadas patologías tienen más riesgo.
Los primeros casos descritos de trombosis en las venas de las piernas tras un vuelo prolongado datan de 1954 y sin embargo han tenido que pasar muchos años antes de que se demostrara con certeza la relación entre esta patología y la forma de viajar.
Hasta ahora se ha dicho que el factor principal en la formación de estos coágulos es la inmovilización en un estrecho asiento de avión durante muchas horas. En efecto, esta postura entorpece el retorno de la sangre desde las venas de las piernas hasta el corazón y este remanso favorece la formación de trombos. Sin embargo, el mecanismo real por el que se forman estos trombos todavía no ha podido ser aclarado. En algunos trabajos se ha observado que este problema aparece sobre todo en individuos predispuestos, otros hablan de las bajas cantidades de oxígeno (hipoxia) que se respiran en un avión que además está sujeto a una baja presión atmosférica por la altura (hipobaria). El riesgo de volar
La investigación que ahora publica The Lancet ha sido realizada en Holanda con voluntarios que se han sometido por separado a situaciones. Además, entre estos 71 participantes sanos se incluyeron algunos con mayor predisposición a las trombosis. En concreto, mujeres que tomaban anticonceptivos orales y sujetos con una mutación del factor V Leiden de la coagulación, dos circunstancias en las que el riesgo de desarrollar un coágulo es mayor que en la población general. Todos ellos fueron sometidos a tres situaciones diferentes con un intervalo de al menos dos semanas entre cada una de ellas. La primera fue volar durante ocho horas, para lo que los investigadores alquilaron un Boeing 757. Lo siguiente, ver la televisión sentado durante las mismas horas y finalmente fueron evaluados durante el mismo periodo de tiempo en su vida normal. Se extrajeron muestras de sangre al principio, durante y al final de las pruebas y siempre a idéntica hora del día. Los investigadores analizaron distintas proteínas en sangre cuyo aumento señala una mayor tendencia a la coagulación y formación de trombos. El resultado fue que la prueba de volar consiguió elevar estos factores procoaulantes de forma más marcada, sobre todo en los sujetos predispuestos por tomar anticoagulantes o tener una mutación del factor V. Grupos de riesgo
Un 4% de las personas que realizan un viaje aéreo prolongado desarrolla un trombo en alguna vena de la pierna aunque afortunadamente la mayoría de las veces sin que produzca ningún síntoma. La consecuencia más grave de estos coágulos es que se desprendan de la pared de la vena y circulen hasta alcanzar el pulmón produciendo un embolismo que en algunas ocasiones puede ser mortal. Un estudio realizado en este sentido estimó una muerte por cada dos millones de pasajeros cuyo vuelo acabó en Australia. Desde luego una cifra tan reducida que puede servir para tranquilizar al cada vez mayor número de personas que realizan vuelos de larga distancia. El experto que comenta en The Lancet la investigación holandesa, no recomienda el empleo generalizado de medidas preventivas dada la baja frecuencia de problemas graves. Sí aconseja realizar durante los vuelos de larga duración ejercicios de contracción de las pantorrillas que favorezcan el retorno venoso. También hidratarse bien durante el viaje, levantarse de vez en cuando si es posible, no beber alcohol y evitar los fármacos sedantes o somníferos que favorecen la inmovilidad del pasajero. En opinión de este experto, las medidas preventivas más contundentes, como el empleo de medias elásticas especiales, la toma de aspirina o incluso el administrar una inyección subcutánea del anticoagulante heparina justo antes del vuelo, deben quedar reservadas para personas con especial riesgo. En este grupo con más propensión a las trombosis se incluyen mujeres que tomen anticonceptivos orales, los sujetos con mutación del factor V, personas que hayan sufrido previamente alguna trombosis, que tengan cáncer o que hayan sido operados recientemente. En estos casos se debe ofrecer la posibilidad de utilizar medias especiales de compresión o incluso la inyección profiláctica de una dosis de heparina.
Precauciones para tener un buen viaje La Fundación para el Estudio y Prevención de Enfermedades de las Venas (FespreV) ha editado un documento donde se ofrecen pautas de prevención para evitar el Síndrome de la clase Turista (SCT). La scausas del SCT son, entre otras, la reducción del nivel de oxígeno, el consumo de alcohol o tabaco durante el vuelo o la deshidratación, si el pasajero no bebe agua. Pero el factor más importante es la inmovilidad en el reducido espacio del avión. Todos estos factores provocan problemas en la circulación sanguínea, que en pacientes con piernas hinchadas o con varices, aumentan sensiblemente las posibilidades de formación de coágulos en las venas. Para la prevención de este síndrome la Fundación para el Estudio y Prevención de Enfermedades de las Venas recomienda realizar ligeros ejercicios con pies y piernas, ingerir bebidas no alcoholicas, no llevar calcetines o medias de compresión y tomar aspirinas una hora antes del vuelo. Asimismo, como indica el Dr. Casals Solé, las personas diagnosticadas de trastornos vasculares o con historia previa de trombosis deben consultar a su médico para recibir anticoagulantes. En un 46% de los viajes que los españoles realizan al extrangero el medio de transporte utilizado es el avión, según el Instituto de Estudios Turísticos. Conforme este sistema de desplazamiento gana protagonismo, el riesgo de sufrir el síndrome de la clase turista va en aumento. De ahí que el colectivo médico dedique cada vez más atención a un cuadro como éste, que auqnue puede resultar grave, es de fácil prevención. El síndrome consiste en "la muerte por embolia pulmonar derivada de trombosis venosa en vuelos de larga duración". El riesgo no sólo lo corren los viajeros sino también el propio personal aéreo, según afirmó el cirujano cardiovascular Miguel Ángel Santos Gastón, presidente de la Fundación para el Estudio y Prevención de Enfermedades de las Venas (FespreV), en la presentación del documento. |