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A los doce años. A los trece... ¡No! ... a los
once... cuando cumplís catorce ... ¡A cualquier edad! Son algunas de las respuestas cuando preguntamos a qué edad comienza la Adolescencia. Basta pensar un momento para que tras varios intentos alguien mencione la frase acertada: "Depende de cada persona".
No existe un día en que comienza la adolescencia.
Mucho menos una edad. Es un proceso.
Hay extremos dentro de los que probablemente la
mayoría entre en esta etapa de la vida, pero la realidad es que la variación
puede darse incluso entre hermanos del mismo sexo, con cargas genéticas
parecidas.
Sin embargo resulta importante conocer el momento en
que empieza el crecimiento y desarrollo dado que nuestro cuerpo, la mente y el
entorno social éstarán sujetos a cambios drásticos que requieren de un apoyo
especial.
Pensemos juntos en los signos que marcan el comienzo
de la Adolescencia:
1) CRECIMIENTO
Se refiere al aumento de tamaño
corporal.
En la infancia se crece a razón de un centímetro cada
dos o tres meses.
Al comenzar la Adolescencia, la velocidad de
crecimiento pasa a un centímetro cada cuatro a seis
semanas.
Esto se puede comprobar fácilmente tomando una medida
mensual de la talla y llevando una sencilla gráfica.
Es un dato útil para entrenadores, docentes, padres
y... para los propios interesados.
2) DESARROLLO
Es la maduración del organismo que se vuelve capaz de
realizar funciones más complejas.
Siendo la Salud el bienestar bio-psico-social, también
por "Desarrollo" entendemos la maduración del pensamiento y del relacionamiento
social de cada uno.
La comprobación del desarrollo del sistema
Cardiorespiratorio, del Hígado o del Metabolismo no es sencilla. Sin embargo es
fácil observar la aparición de los Caracteres Sexuales
Secundarios.
En el varón :
la presencia de barba y bigote, de vello púbico de
forma irregular, de cambios en la voz,
el ensanchamiento de los hombreos, el aumento del
tamaño de los genitales.
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En la mujer:
el crecimiento de las mamas, el ensanchamiento de las
caderas, la distribución triangular del vello púbico y - en algún momento del
proceso madurativo- la menstruación.
Es frecuente escuchar que se vincula la menarca
(primer episodio menstrual) con el inicio del desarrollo en la mujer. Esto no es
verdad, porque los signos personales de maduración comienzan antes y persisten
después de la menarca.
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Los cambios comunes a ambos sexos son: la velocidad
de crecimiento, el incremento de la intensidad de la transpiración, el acné y
todo lo referido a la adaptación mental y social en el camino de la infancia a
la adultez.
Cuando observamos que alguno de estos signos aparece,
podemos determinar que la Adolescencia ha comenzado.
En esta edad se corren los riesgos propios de los
cambios acelerados.
- Hay un enorme gasto de energía que es necesario
compensar con una alimentación y con un descanso
adecuados.
- Hay un gran desequilibrio entre las habilidades recién
adquiridas y la celeridad con la que el entorno exige sean
aplicadas.
- La sociedad obliga a tomar decisiones de adultos, pero
los trata como niños.
- Por otra parte, también hay una tremenda capacidad de
aprendizaje intelectual, de creatividad en lo comunitario, de valores nobles e
idealismo productivo.
- La potencialidad de aprender coordinación neuromotriz
es la más elevada -después de los primeros dos años de vida-. Por eso, cuando se
planifica el entrenamiento de un potencial talento deportivo, se aprovecha esta
edad para trabajar la técnica, más que otras áreas de un deporte
dado.
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Es útil que los adolescentes conozcan estos datos para
saber más acerca de sí mismos.
Es fundamental que los adultos encaremos esta edad
compleja con la idea que no son niños, pero tampoco maduraron del todo. Debemos
abrir nuestra propia mente para ayudarlos a tener un espacio
propio.
Es imprescindible
que los adultos protejamos a nuestros hijos en esta fase porque es cuando
mejores rendimientos humanos pueden producir, pero -a la vez- cuando más
indefensos se encuentran ante la manipulación de quienes sólo ven en ellos
potenciales compradores de la chatarra que venden.
Podemos crear junto a ellos.
Lo merecen ... y también lo
merecemos.
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