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“La
vocación de médico es la profesión más noble que se puede elegir; no lo
digo porque sea médico. Creo que no existe nada mejor que practicar la
medicina y ayudar a la gente en los momentos difíciles, como cuando
está enferma”.
“Es
una sensación infinita: la vocación de médico está dada para aquel que
tenga la facultad de entregarse a sus semejantes en un momento muy
difícil. Cuando estamos enfermos nos damos cuenta de lo difícil que nos
resulta la falta de salud. No existe profesión más digna, más humana,
más llena de amor y de amistad, es un sentimiento muy profundo".
Dr. René Favaloro
El 29 de julio del 2000 el doctor René Favaloro tomó la decisión de no luchar más contra un sistema que lo agobiaba.
Eligió para tal fin el suicidarse en su departamento de un barrio de Buenos Aires.
Toda
la sociedad quedó acongojada ante la lamentable noticia y el pensar
general acerca de que un renombrado médico no puede presenta problemas
económicos se desvaneció de un disparo al corazón; si justo el corazón,
órgano que él siempre se encargó de cuidar en los demás.
Por
la mente de nuestros colegas, los que diariamente trabajan en forma
incansable, y que ven que sus sueños, proyectos y realidades se
desvanecen por no conseguir el apoyo necesario, por no cobrar su sueldo
en tiempo, por la ya instaurada "bicicleta" de las obras sociales,
prepagos y seguros de salud, por no poder mantener la excelencia no
sólo en los tratamientos, sino también en la formación y en la
investigación, dicha noticia debió ser realmente dura.
Si
al doctor Favaloro no lo escuchó el sistema que nos queda a nosotros...
El disparo al corazón no fue sólo hacia él, fue hacia la política,
hacia los gremios, hacia la sociedad médica y general.
Duele
que un referente de la salud argentina y mundial se haya quedado solo y
desprotegido. Vuelve el pensamiento "si al él no lo escucharon que nos
queda a nosotros..."
En
el tiempo transcurrido desde su desaparición circularon acusaciones,
desmentidas, honores, lágrimas, recuerdos y reconocimientos, pero no
alcanza. Dejemos de mirar al costado, de hacernos los sordos, de no
hacernos cargo.
Es
necesaria una firme determinación de quienes nos dirigen para comenzar
a reconstruir nuestro sistema de salud. Basta de "arreglos", de
"acomodos", de "transas".
No
debemos dejar de trabajar todos y en serio para buscar la prolija y
honesta solución de los problemas que aquejan a nuestra salud como
sistema y para ello no sólo se necesitan de médicos sino también de la
recursos, educación, formación y trabajo.
Los
médicos realizamos el Juramento Hipocrático y diariamente hacemos
frente a situaciones que ni un juramento ni mil promesas nos protegen,
continuamente juicios por malapraxis salen en los periódicos, muchos
realmente justificados y otros, los más, sólo con el objeto de "hacer
dinero fácil", por parte de oscuros letrados y personajes siniestros,
esa es la triste y dolorosa realidad.
Para
una situación delicada como esta se necesitan jueces formados y
capacitados en el área, no que "conozcan" de salud, ni que sean
intuitivos, ni que les parezca que así debe ser, sino que sepan de
medicina, que conozcan la realidad de los hospitales, clínicas,
consultorios, etc., que protejan al paciente, a la salud y a los
profesionales, que castiguen si realmente existió dolo y no porque hubo
un abogado más hábil que otro en determinada circunstancia.
Volviendo
a los inconvenientes de nuestros médicos dentro del sistema de salud,
es vital no olvidarnos de nadie, ni de los eminentes ni de los que
trabajan en la "trinchera" de una guardia médica o en una alejada sala
periférica.
Todos son necesarios, ya perdimos uno.
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