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Il Parrocco para DiarioSalud.Net
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viernes, 13 de julio de 2007 |
El silencio era como antes del último saque en un partido de tenis con un break point. Hasta se podría comparar la mesa con la cancha de tenis. En un extremo mis abuelos juntitos, del otro, mi hermano y yo. En el medio el juez de línea, mi padre.
Creo que su vozarrón se escuchaba de la esquina. Mirándonos a mi hermano y a mí, gritaba:
-Se puede saber de quien fue la feliz idea?
Luego bajaba la vista al centro de la mesa y miraba a mis abuelos.
Como un péndulo su cabeza se mecía , primero en pequeñas negaciones y
luego al tomar impulso se detenía ante nuestros ojos.
-Pero se puede saber quién es tan enfermo como para pergeñar eso?
Y golpeaba la mesa, con sus manos de diccionario abierto, donde por un
efecto de la física cuántica, los tenedores y hasta el agua de una
copa, se elevaban y quedaban un segundo suspendidos en el aire.
Mis abuelos, quietitos, élla con la pintura de sus labios medio corrida, su moño tirante desarreglado y su carterita apoyada en su regazo.
Él mirando el piso, como buscando algo perdido, apenas si asomaba su
mirada por debajo de la mesa.
Mi padre miró a los abuelos y les dijo:
-vaya mamá, vaya papá, vayan a dormir la siesta.
Al momento mi padre nos fusiló con la mirada y nos dijo.
-Sé que no se van a descubrir y en eso los respeto, pero no salen por dos semanas.
Mi abuela al pasar para su habitación nos envió un guiño.
Y un pulgar para arriba mi abuelo.
Mi viejo volvió a la carga
-Como se les ocurre meter a los viejos en un taxi y enviarlos a una
casa de citas, como regalo de aniversario, además ellos por el nombre
pensaban que iban a uno de estos nuevos cementerios parque. Cuando
los fui a buscar estaban desesperados ...miren si les pasa algo?
Cuando se fué mi padre, entró mi abuelo, y guiñando un ojo nos dijo:
-qué bueno que estuvo esooooooooo
Mi abuela asentía desde su pieza con un aplauso, al que nos sumamos, aplaudiendo por el abuelo.
No hay mejor regalo que el esperado.
Desde su cuarto, sé que mi padre sonreía, porque seguramente nunca se los habría imaginado.
IL PARROCCO
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