Mas que un enfermero era un sibarita de la salud. Había que verlo. Su andar robótico, marcaba una diferencia. Era un robot descontrolado. Sus implementos eran un estetoscopio, un tapaboca con una sonrisa pintada, el gorro de su oficio y una canana con cinco jeringas de diferentes calmantes. Al tomar la presión viera lo que viera, le decía al paciente .... Bien, bien, doce- sieteeeeee !!
De allí salía corriendo a emergencia y decía :
-Atiendan al de la doscientos dos que esta en un pico de presión y no sé si no entra en paro cardÍaco.
Debían verlo cuando inyectaba, hacÍa dar vuelta al paciente, tomaba la
jeringa de su canana, y se retiraba en silencio hasta el corredor, casi
a seis metros y desde allí tiraba la jeringa como un dardo y embocaba
en el cuadrante superior izquierdo siempre.
Rápido como un cowboy para sacar la jeringa e inyectarla en el cuello,
ante un ataque de histeria, parecía una cobra de certero y veloz.
Cuando en emergencia llegaban esos casos, en los cuales hasta los cirujanos pedían un plano del cuerpo humano, allí estaba él, tomaba lo que podía del herido, le hablaba, lo calmaba solo con mirarlo y apoyar su mano en la frente;
Le llamábamos el Tusam de la emergencia.
Era medio quedado para la respiración boca a boca, si la mujer era
linda, había que avisarle que hacía una hora ya respiraba por sí sola.
En la sala de partos, esperaba la salida del niño, que saltaba entre
los fluidos, como un tapón de Champaña, y él lo atrapaba con la técnica
de un jugador de rugby y la suavidad de una caricia.
Poniendo las sondas vesicales era el master, el diámetro justo,
Vaselina con Silocaina, unos chistes para que el paciente aflojara el cuerpo, y de una hasta el fondo.
Pero era un poema verlo poner enemas, solo faltaba la música de un pasodoble de fondo.
Se paraba como un torero en medio del ruedo, tomaba la jarra en una
mano, la cánula en la otra, miraba el centro y sin que el paciente se
diera cuenta el ya estaba girando una vuelta con sus pies en puntillas,
sacándose el gorro, bajándolo con su mano con un giro que seguía con
su mirada, luego lo tiraba por los aires, como saludando al ruedo, tal
cual Manolete con su espada matadora, después de una buena faena, en
sus mejores tardes.
También era Alquimista y Somelier buscando el cristal filosofal.
Tranquilo, en la Morgue, donde solía dormir la siesta, tenia su laboratorio. Allí preparaba su pócima mágica, Ácido Muriático, Éter, Litio, Alcohol Metilico, Cloruro de Hidrógeno, Amoníaco como catalizador y la base, jarabe de Efedrina. Prendía las retortas y a freír hasta lograr la Metanfetamina.
Varios bajaban en procesión por su ostia celestial a la morgue.
El nunca comento quienes eran sus fieles
Un día toda la morgue voló por los aires....Se ve que se equivocó en algún paso del Protocolo.
Tuvieron que hacer un entierro cooperativo con los restos encontrados, de dos cadáveres donados para estudio y algo de él.
Yo creo que la sonrisa era la suya, lo demás no sé.
Aún me queda en el recuerdo, su llegada rápida llena de histrionismo al
pabellón de niños, poniéndole una vía intravenosa a un bebe que dejaba
de llorar y sonreía.
Espero creer que eso lo lograba su persona, y no el halo de vapores que lo rodeaba ....
IL PARROCCO
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