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Con el propósito de ahondar en los mecanismos que rigen el aprendizaje del lenguaje, un equipo de neurocientíficos ha sometido a un grupo de bebés a un curioso experimento. El resultado: los bebés de cuatro a seis meses distinguen los idiomas por los gestos.
Los investigadores, dirigidos por Whitney M. Weikum de la
Universidad de British Columbia, en Vancouver (Canadá), mostraron a 36
bebés vídeos silenciados de adultos bilingües pronunciando frases en inglés y en francés.
Las cintas duraban como máximo 16 segundos y se detenían si el niño
dejaba de prestarle atención más de dos segundos. Cada vídeo contenía a
una persona que decía una única oración del libro 'El Principito'.
El equipo, que incluye investigadores españoles de la Universitat de
Barcelona y del Institut Català de Recerca i Estudis Avancats (ICREA),
compararon a bebés que vivían en un entorno monolingüe (inglés) con los
que lo hacían en uno bilingüe (inglés y francés) de seis a ocho meses
de edad. Los resultados del experimento indican que entre los cuatro y
seis meses los bebés pueden distinguir sólo con estímulos visuales
entre su lengua nativa y otra. Sin embargo, esta habilidad disminuye a partir de los ocho meses aproximadamente.
De los seis a ocho meses, un bebé está asimilando información y
moldeando su cerebro para comprender la lengua que en un futuro hablará
y utilizará como propia. Escuchan ritmos y patrones que unos meses más
tarde utilizarán para expresarse. Por eso, la exposición de los bebés a
estímulos visuales y auditivos es fundamental para que perciban una
lengua como nativa, así como la música y las caras.
Se sabe que los bebés pueden distinguir diferentes lenguas por el
sonido, pero hasta ahora no se había estudiado el papel de los
estímulos visuales en este proceso de aprendizaje. Los científicos
midieron el tiempo que los niños miraban la pantalla del televisor ya
que, según explican en el estudio, a esa edad los bebés permanecen mirando durante un periodo más largo cuando se trata de algo desconocido para ellos. De acuerdo con lo observado, durante esos meses el cerebro también aprende a correlacionar caras con lenguaje. Prestan atención a las formas y el ritmo con que se mueve la boca del que está hablando.
Algo que sorprendió a los científicos es que los bebés bilingües
conservaron su capacidad para distinguir idiomas por los gestos cuando
superaron los ocho meses de edad. Lo más posible, según explican, es
que los niños que se crían en un ambiente monolingüe pierden esta
capacidad porque no la necesitan. Sin embargo, los bilingües conservan
esta habilidad para discriminar entre los diferentes idiomas.
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