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La implantación de los métodos diagnósticos depende muchas veces de su rentabilidad. Un trabajo publicado en la revista 'The Lancet'
da un empujón más a la detección precoz de la fibrosis quística ya que
además de mejorar el pronóstico de los pacientes, estas pruebas son
económicas.
La fibrosis quística supone un gasto sanitario
importante. Se trata de una enfermedad genética degenerativa que afecta
a uno de cada 2.500 a 4.000 recién nacidos vivos. La mutación de un gen
situado en el cromosoma 7 provoca la aparición de graves problemas
respiratorios y digestivos. La esperanza de vida media de estos
pacientes es de unos 25 años (aunque muchos la sobrepasan) y en todo
ese tiempo los tratamientos que requieren son numerosos, desde
antibióticos hasta fisioterapia respiratoria, y cuantiosos.
Cuando se detecta en los dos primeros meses de vida, el pronóstico
de los niños mejora ya que los síntomas, en especial infecciones, se
pueden controlar desde el primer momento. El diagnóstico basado en los
síntomas se asocia, según los Centros para el Control de Enfermedades
de Estados Unidos, con una tasa de complicaciones dos veces mayor que
cuando se identifica nada más nacer. A pesar de estos beneficios, en
muchos países no se utiliza la detección precoz.
El protocolo empleado con los neonatos en EEUU consiste, como en
otros lugares, en analizar primero la cantidad de tripsina
inmunorreactiva (una molécula fabricada por el páncreas) en sangre y
después, aquellos bebés con niveles excesivamente altos, se someten a
un test de sudor para el diagnóstico definitivo.
Hacia la implantación global
Un grupo de
investigadores británicos ha analizado los costes de la implantación de
estas pruebas a nivel nacional para comprobar si es rentable. Los
resultados son contundentes, el ahorro que supone el diagnóstico
temprano de la fibrosis quística compensa este gasto por encima del
70%, lo que para los autores indica que "debe ser adoptado en todo el
mundo".
Los cálculos se realizaron con cifras del año 2002 utilizando la
Base de Datos de Fibrosis Quística del Reino Unido. Se estimaron los
costes del tratamiento de 184 pacientes diagnosticados con menos de dos
meses de vida y 950 en los que la enfermedad se detectó de forma
clínica (porque se había manifestado) entre el primer y el noveno año
de vida. Después se calculó lo que habría costado implantar un programa
nacional de detección precoz en el Reino Unido extrapolando los datos
de Escocia, en donde ya existe uno.
"El coste medio para el grupo de diagnóstico clínico fue el 400% del
gasto del grupo de detección neonatal", según indican los autores. Las
diferencias superaban el medio millón de dólares por paciente y año y
para los individuos con formas más agresivas de la enfermedad
alcanzaban los 4.700 dólares, unos 3.500 euros.
Este ahorro podría compensar entre el 34% y el 121% del coste de
implantación de un plan de 'screening' neonatal para la fibrosis
quística. Poner en marcha este programa en el Reino Unido en el año
2002 habría costado algo menos de tres millones de dólares, según estos
cálculos, y se habrían ahorrado entre dos y dos millones y medio en
tratamientos.
Un editorial publicado en la misma revista califica el hallazgo de
"persuasivo". Bridget Wilcken y Kevin Gaskin, de la Universidad de
Sydney, Australia, quienes lo firman, destacan el potencial que tiene
esta prueba en aquellos países en los que la fibrosis quística es
frecuente, como en la India, y cuyo sistema sanitario es estable.
En España, según el último 'Informe sobre la situación de los
programas de cribado neonatal' presentado por el Ministerio de Sanidad
sólo siete comunidades autónomas tienen planes que incluyen el
diagnóstico de la fibrosis quística, con una cobertura del 30,17%.
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