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Inés, de 17 años, acaba de recomenzar el bachillerato. En el verano ha
conocido a un chico que le atrae mucho. Se pasa el día esperando que
sea la hora para verlo, habla mucho por teléfono y parece estar en las
nubes.
Según ella es la primera vez que se siente así. Todavía no son novios,
pero salen con frecuencia, chatean, se mandan mensajes de texto, etc.
Pero aunque a Inés le atrae Juan, no sabe si ponerse de novia o no.
Está muy insegura. A raíz de ello, ha tenido largas charlas con sus
mejores amigas y con su madre. Gracias a la confianza que Inés le tiene
a su madre, pudieron tener conversaciones cálidas e íntimas. Para
empezar, no sabe si está o no enamorada.
Luego de escuchar a Inés atentamente, su madre intentó contarle en qué consiste el enamoramiento y el noviazgo.
Según Cristian Conen, director del Instituto de Ciencias para el
Matrimonio y la Familia de la Universidad Austral, el enamoramiento
puede ser algo gradual o puede adoptar una emoción muy fuerte conocida
como el flechazo. El flechazo tiene por característica ser pasajero.
Por ello, no hay que confundir el verdadero amor con esta emoción.
Muchos piensan que cuando acaba esta explosión de emociones donde uno
se siente como un volcán encendido, se acaba el amor. Por ello, cortan
con la relación y buscan conocer a otra persona que le provoque este
tipo de emociones. "En el fondo más que amar a una persona se ama la
sensación de estar flechado y se busca a alguien que despierte otra vez
ese estado afectivo, cambiando así de pareja o de cónyuge", afirma
Conen. En suma, es una etapa de idealización, donde no se conoce bien
al otro.
Superada esta etapa, viene el noviazgo. Su objetivo es conocer al
otro tal cual es, con sus virtudes y defectos, para luego decidir, en
base a datos reales, si es la persona con la que uno quiere casarse. En
el noviazgo es primordial un diálogo sincero, mostrarse tal cual se es,
y dejarse conocer a fondo. Otro aspecto a tener en cuenta es que el
amor verdadero cuesta trabajo. No es algo pasivo, sino activo. No se
trata de esperar que surjan emociones, de ponerse nervioso cada vez que
se ve al novio/a, sino que se espera mucho de cada uno. A modo de
ejemplo, el amor tiene un valor incalculable y por tanto, hay que
cuidarlo, trabajarlo. Aquí es donde los detalles pequeños valen oro.
Según Conen, "el amor hay que conservarlo, hay que desarrollarlo, y
cuando se resquebraja cabe restaurarlo".
Construir un proyecto en común.
Para construirlo importa entablar un diálogo maduro que incluya
diversos temas capitales: si se quieren casar por la Iglesia o sólo por
civil, qué se espera del matrimonio, cómo educar a los hijos, y todos
aquellos en los que el acuerdo de ambos resulta imprescindible.
El noviazgo, para conocerse y madurar.
Al comprar un departamento, no existe una instancia en que el
propietario permite utilizarlo para ver si cumple con las expectativas
de uno. En el noviazgo pasa lo mismo. No es un tiempo donde vale todo
sino que se caracteriza por el conocimiento mutuo, la maduración del
amor.
No es fácil decidir para siempre.
Tomar decisiones no es fácil y menos cuando se pone en juego el
"para siempre". Por ello el noviazgo resulta un momento para descubrir
un amor verdadero. Es tal la importancia de esta decisión que no
debería tomarse sólo por sentimiento.
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