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La amígdala, una pequeña masa de núcleos situada en el interior de los lóbulos temporales de cerebro, parece ser la estructura que nos hace cautos y prudentes cuando debemos tomar una decisión arriesgada. El último indicio emerge de un experimento en el que dos personas con graves lesiones en este órgano mostraron una mayor tendencia a apostar dinero cuando las pérdidas potenciales superaban a los beneficios.
Los participantes siempre tenían las mismas opciones de ganar y de
perder (50%) pero las cantidades de dinero variaban. Cada uno recibió
50 dólares virtuales y aceptó o declinó 256 apuestas en la que podían,
por ejemplo, ganar 20$ o perder 5$ -un riesgo que correría la mayor
parte del mundo- o ganar 20$ o perder 15$ -algo que rechazaría la
mayoría-.
Las pacientes, dos mujeres de 23 y 43 años con daños en la amígdala, eran mucho más propensas que sus compañeros sanos (doce personas de similar perfil socioeconómico) a aceptar apuestas en las que las podían perder mucho dinero. La actitud de los sujetos control se conoce como aversión a las pérdidas,
un comportamiento en el que se evitan las opciones que pueden conllevar
un detrimento del capital, incluso cuando las ganancias potenciales
serían superiores.
"Imagina que estás en 'Quién quiere ser millonario'. Acabas de
responder correctamente a la pregunta de las 500.000 libras y estás en
la final. Utilizas el comodín del 50:50 pero no sabes la respuesta. Si
aciertas, ganas un millón, pero si fallas bajas hasta las 32.000
libras. Una amplia mayoría de la gente optaría por la 'aversión a las
pérdidas' y se iría con las 500.000 libras", ha explicado el autor
principal de esta investigación, Benedetto De Martino, del University
College London (Reino Unido).
Respuestas emocionales inconscientes
Sin embargo, cuando la amígdala está dañada, se escoge con mayor frecuencia la opción arriesgada. Este comportamiento no se debe un aumento 'per se' del apetito por el riesgo.
"La única diferencia es su mayor disposición [la de las pacientes] a
aceptar apuestas mixtas, lo que es señal de una reducción específica de
la aversión a las pérdidas", indican los autores en las páginas de la
revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences'.
"Una amígdala normal parece hacernos más cautos",
explica Ralph Adolphs, profesor de Psicología y Neurociencia del
Instituto de Tecnología de California, quién también participó en la
investigación. "Sabemos que la amígdala está implicada en el
procesamiento del miedo; parece que también nos hace temer perder
dinero".
"Sugerimos –concluye el trabajo- que la amígdala controla un
mecanismo biológico muy general para inhibir los comportamientos cuando
los resultados potenciales son adversos". Es el origen de las
respuestas emocionales inconscientes.
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