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¿Una actividad debe dejarnos sin aliento para ser considerada ejercicio
físico? ¿Realmente debemos realizarla media hora por día? ¿Son los
aparatos una buena manera de mantener el corazón sano? Estos son sólo
algunos de los dilemas que muchos de nosotros enfrentamos cuando
decidimos la mejor manera de ejercitarnos. La buena noticia es que los
científicos están ampliamente de acuerdo en cuáles son las mejores
estrategias para estar en forma, sólo que no han sido demasiado
eficaces en contarnos todo lo que descubrieron.
"No hicimos un buen trabajo al producir una gran cantidad de
investigaciones e interpretar el significado que los resultados tienen
para la gente que trata de mantenerse en forma", admitió Simon
Marshall, especialista en psicología del deporte de la Universidad de
California (Estados Unidos).
Ya sea por falta de información o porque algunos somos simplemente
perezosos, la mayoría de nosotros no hacemos suficiente actividad
física. Un estudio que acaba de realizarse en el Reino Unido reveló que
apenas que apenas un tercio de los adultos cumplen con las metas
recomendadas de actividad física.
Aunque todos sabemos que ejercitarse es bueno, sólo recientemente se
estableció cuán importante es para la salud. A comienzos del siglo XX,
los ataques al corazón comenzaron a aumentar sin pausa, especialmente
en Occidente, y se los consideró una nueva y siniestra epidemia.
Hoy, se piensa que hay varias explicaciones para eso: desde la
disminución de las enfermedades infecciosas, lo que permitiría que los
infartos lleven la delantera, hasta los cambios en la sociedad que
hacen que el estilo de vida sea menos saludable.
Una visión clave de la importancia del estilo de vida proviene de un
estudio en 1953 sobre los choferes del transporte público de la ciudad
de Londres. En ese entonces, además de conductores, los "colectivos"
tenían boleteros. La mayoría de los vehículos tenían dos pisos, por lo
que ellos pasaban gran parte del día subiendo y bajando las escaleras.
El estudio demostró que los vendedores de boletos sufrían la mitad
de los infartos que sus colegas, los choferes. "Ese fue el primer
indicio de que esta atemorizante epidemia podía estar ligada a la
manera en que vivimos", afirmó Jerry Morris, epidemiólogo del Consejo
de Investigaciones Médicas del Reino Unido y que lideraba el estudio
publicado en The Lancet .
A partir de entonces, cientos de estudios confirmaron los beneficios
del ejercicio para los sistemas orgánicos, incluido el cardiovascular.
Las enfermedades que se pueden prevenir con la actividad física
incluyen el accidente cerebrovascular, el cáncer, la diabetes, los
trastornos hepáticos y renales, la osteoporosis y hasta algunos
mentales, como la demencia y la depresión.
Entonces, ¿cómo debería hacer ejercicio? Bueno, a continuación están
las nueve claves con las últimas evidencias disponibles, que, de paso,
destierran algunos mitos. Léalas y decida por sí mismo.
1. ¿Qué actividad se puede considerar ejercicio?
La recomendación es realizar 150 minutos semanales de ejercicio de
intensidad moderada. Aquí, la trampa está en qué significa "moderada".
Medir la intensidad de una actividad contando los latidos del
corazón es anticuado. Hoy, la medida preferida es la tasa metabólica,
que se mide en unidades llamadas equivalentes metabólicos o MET. Es la
cantidad de calor que emite el cuerpo por metro cuadrado de piel
durante una actividad y se obtiene al dividir la energía que necesita
cada kilo/hora de ejercicio por la energía que necesita el cuerpo en
reposo. El ejercicio es moderado cuando está entre 3 y 6 MET (ver
infografía).
Para medir la tasa metabólica hay que calcular el consumo de oxígeno
en un laboratorio, pero también se puede averiguar el MET promedio para
la actividad elegida en el llamado The Compendium of Physical Activities , que se puede consultar en Internet.
Allí, hasta el golf alcanza 4,5 MET si se recorre a pie todo el campo o
un MET menos si se usa el carrito. Tocar la flauta demanda 2 y la
batería, 4 MET. Caminar consume entre 2 y 12 MET, según la intensidad.
"Es moderada cuando los latidos aumentan, pero la persona puede hablar
normalmente", explicó Fiona Bull, codirectora del Centro Nacional de
Actividad Física y Salud de la Universidad de Loughborough, en
Inglaterra.
Para la mayoría, 3 MET equivale a cien pasos por minuto, por lo que
sólo se necesitaría un podómetro y un reloj para medirlos. Marshall
sugiere elegir una camino que se haga a pie habitualmente (al trabajo o
a hacer las compras) y mida con el podómetro la cantidad de pasos.
2. ¿Cuánto ejercicio y con qué frecuencia hay que realizarlo?
Media hora de ejercicio moderado por lo menos cinco veces por semana
era lo que se requería para estar en forma. Si uno apunta a 150 minutos
semanales, puede dividirlos como mejor lo desee. "No hay evidencias
firmes de que hacer 150 minutos en cinco días sea mejor que hacerlos en
tres o cuatro", dijo el investigador Simon Marshall, de la Universidad
Estatal de San Diego (EE.UU.).
Otra pregunta es acerca del período más breve en que vale la pena
hacer ejercicio. Las últimas evidencias sugieren que tres series de 10
minutos por separado son tan buenas como 30 minutos seguidos.
3. ¿Cómo podemos saber si estamos en forma?
Estar en "forma" se refiere habitualmente al buen estado aeróbico o
cardiorrespiratorio, lo que se reduce a la efectividad del cuerpo para
enviar oxigeno a las células musculares.
Si uno es más activo, el cuerpo sufre cambios que producen un buen
estado aeróbico. Las fibras musculares crecen y tienen más vasos
sanguíneos. En las células musculares crece la mitocondria, que libera
energía de la glucosa.
El corazón también cambia. Estudios por imágenes muestran que el
corazón de un atleta es muy distinto al de una persona sedentaria.
La mejor forma de conocer el estado aeróbico es medir el consumo
máximo de oxígeno (VO2 max) que se puede lograr en una sesión de
ejercicios que aumente gradualmente su intensidad. Cuanto mayor es el
VO2, mejor será su condición aeróbica. Pero también se puede medir con
alguna de las "calculadoras" disponibles en Internet; antes, hay que
registrar el tiempo que lleva caminar 15 cuadras, la frecuencia de los
latidos, la edad, el sexo y el peso.
4. ¿Es realmente necesario hacer aparatos?
Si se mira alrededor en cualquier gimnasio, quizá la conclusión sea
que si no se ejercita con aparatos no se está haciendo un ejercicio
completo. Pero, ¿es verdad eso?
Varios estudios sugieren que existiría una relación entre la fuerza
muscular y la mayor expectativa de vida, pero en los últimos años esos
resultados fueron cambiando al tenerse en cuenta los efectos de un buen
estado aeróbico. Ahora, los expertos aseguran que tanto la fuerza como
el estado aeróbico contribuyen independientemente con nuestra salud.
Y la actualización en 2007 de las recomendaciones del Colegio
Estadounidense de Medicina del Deporte agregaron dos sesiones de
entrenamiento muscular por semana con 10 repeticiones de diez
ejercicios para todos los grandes grupos musculares.
5. Hacer jogging, ¿nos puede matar?
El riesgo de sufrir un infarto aumenta durante los ejercicios
intensos, ya sea trotar o palear nieve. Pero la gravedad de ese riesgo
depende mucho de cuán acostumbrado se está en esa actividad. Para
alguien fuera de entrenamiento, el riesgo puede ser 100 veces mayor que
en reposo. Para en alguien que corre cinco veces por semana, apenas se
duplica. Lo mejor es hacerse un examen médico a partir de los 35 si no
está acostumbrado a realizar actividad física.
Aun así, las evidencias demuestran que si bien el riesgo de infarto
aumenta, su efecto protector se mantiene de día y noche. "Se está mucho
mejor ejercitándose que preocupándose sobre los riesgos al corazón por
hacerlo", afirman los expertos.
6. ¿Es más fácil estar en forma para unos que para otros?
Un buen nivel de estado físico no depende sólo de la actividad
física elegida, sino también de cómo el organismo responde a ella. Y
eso está mayormente determinado por los genes.
Un estudio en los 90 en los Estados Unidos y en Canadá sobre 481
personas sedentarias, pertenecientes a 98 familias, demostró que muchos
mejoraron notablemente con un programa de 20 semanas de ejercicios
aeróbicos, pero uno de cada diez no tuvo mejoría alguna en su capacidad
aeróbica. Se descubrió que eso se debía a los genes. Aun así, también
les había disminuido la presión, el colesterol y el diámetro abdominal.
7. ¿Se puede estar gordo y tener un buen estado físico?
Esta es, hoy, una de las preguntas que más debate la ciencia. El
doctor Steven Blair, de la Universidad de Carolina de Sur (EE.UU.), es
uno de los que no aceptan lo que a primera vista parecería de sentido
común, es decir que estar gordo significa no tener un buen estado
físico.
Nadie niega que existe una relación negativa entre el sobrepeso y la
aptitud aeróbica. Pero un estudio en 2007 demostró que sólo un tercio
de las personas con sobrepeso y la mitad de las personas con obesidad
moderada no estaban realmente en forma. El equipo de Blair concluyó que
la medición del buen estado físico, es decir la capacidad de enviar
oxígeno a los músculos, no tiene nada que ver con la cantidad de tejido
graso en el organismo.
Durante los 12 años que duró el estudio, el riesgo de muerte de los
participantes estuvo más ligado con esa capacidad aeróbica que con el
sobrepeso. Esto es importante porque aunque a muchos les cuesta peder
peso, podrían estar más sanos si hacen más ejercicio.
8. ¿Se necesita beber mucho líquido durante la actividad física?
Todos conocemos la importancia de mantenerse hidratado. De hecho, ya
sea una botella de agua o alguna bebida deportiva, los atletas y las
chicas en los gimnasios rara vez no tienen alguna fuente de líquido a
mano.
El consejo habitual es beber más mucho más allá de lo que la sed
manda para combatir la deshidratación y tener un buen rendimiento.
Pero, en general, eso no es así y, además, sólo rara vez beber más
puede ser fatal.
La hiponatremia asociada con el ejercicio es una condición peligrosa
que afecta a las personas que beben tanto que el nivel de sodio en
sangre baja demasiado. Eso hace que el exceso de líquido llegue hasta
los tejidos cerebrales y cause inflamación. Los síntomas son náuseas,
vómitos y confusión. Los maratonistas, que tienden a beber más durante
las horas que les lleva completar la carrera, son un grupo de riesgo
(más las mujeres que los hombres).
Por eso, los expertos aseguran que lo que hay que hacer es
satisfacer la sed. "La forma más fácil de bajar el rendimiento es beber
de más y no de menos", afirmó el doctor Tim Noakes, director de la
Unidad de Medicina del Deporte y Ciencias del Ejercicio de la
Universidad de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica.
9. ¿Qué pasa cuando aparecen las lesiones?
Los dolores musculares y los esguinces de tobillo son dos de los
riesgos de practicar deportes o de hacer ejercicio. A veces es difícil
saber si hay que hacer reposo, ir al médico o soportar el dolor.
Si quiere empezar una actividad no se desanime por algunos dolores
los primeros días porque son normales. Pero, "si se convierten en algo
muy molesto, hay que tomar un descanso o preguntar si la técnica
utilizada es la correcta", aconsejó el traumatólogo John Tanner, de la
Clínica Bupa, en Londres.
Al retomar el ejercicio, un dolor fugar no debe ser motivo para
detenerse. El dolor puede volver al terminar el ejercicio o a la mañana
siguiente, "pero no es malo si se va a los 5 o 10 minutos", dijo el
traumatólogo Martyn Speight, de la Clínica Wharfedale, en Leeds, Reino
Unido.
En cuanto al esguince de tobillo, se puede reducir el riesgo de
sufrirlo con algunos ejercicios caseros sobre una tabla de equilibrio.
Traducción: María Elena Rey
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