El tratamiento de la
hepatitis C no tiene el mismo efecto en todos los pacientes: mientras
que en unos alcanza la respuesta sostenida, en otros fracasa. Los
medicamentos que se emplean no son precisamente inocuos ni baratos, por
lo que antes de administrarlos hay que orientarse con la carga viral,
el genotipo del virus y el grado de fibrosis hepática. Ahora también se
tendrá que estudiar una variación genética del paciente.
En
septiembre de 2009, un grupo de investigadores estadounidenses publicó
en Nature (DOI: 10.1038/nature08463) los resultados de un estudio de
asociación pangenómica que revelaban la presencia de una variante
cercana al gen de la interleucina 28b (IL28b).
Tras
analizar a 3.000 pacientes infectados por el genotipo 1 del virus de la
hepatitis C (VHC) constataron que los que tenían el polimorfismo en
homocigosis presentaban el triple de probabilidades de curación que los
que no.
El trabajo se validó después en
otros estudios independientes y captó la atención de un grupo de
investigadores del Hospital Carlos III, de Madrid.Los científicos
españoles se propusieron validar el hallazgo, pero en coinfectados con
el virus del sida (VIH). Estos médicos asumen cada día el reto de
tratar el VHC en pacientes con VIH, por lo que los factores pronósticos
son una herramienta vital en su trabajo. Por ello también disponen de
una amplia cohorte de pacientes coinfectados, en los que la respuesta a
la terapia está bien documentada.
Los
especialistas españoles contactaron con John G. McHutchison, de la
Universidad de Duke (en Durham, Carolina del Norte), uno de los autores
del estudio, para poder utilizar el test genético, que está patentado y
pendiente de comercialización.
Se
recogieron muestras de 164 pacientes con VHC/VIH y mostraron que la
tasa de respuesta también era mejor con la variante genética, presente
en el 46 por ciento de la población estudiada. El estudio revela además
que la predicción es aplicable al genotipo 4 del VHC (junto con el 1,
el de peor pronóstico), no así al 3. Norma Rallón, inmunóloga y primera
autora del trabajo, presentará los resultados en una comunicación oral
en la Conferencia de Retrovirus (CROI 2010), la próxima semana en San
Francisco.
"Estas conclusiones van a
cambiar la forma en que tratamos a los pacientes", explica el
coordinador del estudio, Vicente Soriano, del Servicio de Enfermedades
Infecciosas del centro madrileño, quien ha destacado la rareza de
encontrar un único gen implicado en la respuesta terapéutica en pleno
paradigma médico de causas multifactoriales.
El
polimorfismo se suma a los tres factores ya conocidos que predicen la
respuesta terapéutica e incluso se sitúa por delante de la fibrosis
hepática.La explicación de esta influencia genética es por ahora una
incógnita, aunque tiene sentido desde un punto de vista biológico, pues
la IL28 pertenece a una familia de interferones relacionados con los
que se emplean para tratar la hepatitis C; de alguna manera está
implicado en la inmunidad innata frente al virus.El análisis genético
se convierte así en un factor predictivo de la respuesta terapéutica
más importante que el grado de fibrosis hepática
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