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Unos son muy guapos, otros no tanto y los hay del montón. Pero todos tienen algo en común: cuando se miran al espejo, la imagen que éste les devuelve es la de alguien feo y deforme. Son las personas que padecen el trastorno dismórfico corporal, una dolencia psiquiátrica que se calcula que afecta a entre el 1% y el 2% de la población. Un estudio acaba de comprobar que los cerebros de estos individuos reaccionan de forma diferente ante la contemplación de su propio rostro.
Conocer qué ocurre exactamente en la cabeza de quienes sufren la
patología es vital para ayudarles a salir adelante y dejar atrás la
angustia que les genera su apariencia. Muchos de ellos son incapaces de
llevar una existencia normal, la mitad requiere hospitalización en
algún momento de su vida y en torno a un 25% intenta suicidarse.
La investigación publicada en la última edición de 'Archives of
General Psychiatry' comparó las áreas cerebrales que se activaban en 17
personas afectadas y otras 16 sanas mientras observaban una fotografía
de sí mismos y otra de un actor famoso.
Con el fin de afinar un poco más en el análisis del procesamiento
visual, los científicos -de la Universidad de California (Estados
Unidos)- les mostraron las imágenes digitales en tres resoluciones
diferentes: normal, en un formato que resalta los detalles (manchas,
perfil de nariz y ojos, cabello) o con una configuración en la que sólo
se percibe la relación espacial entre las diferentes partes de la cara
y la forma de ésta.
El método de imagen médica que se empleó fue la resonancia magnética
funcional, que permite observar en tiempo real qué zonas cerebrales se
activan con la realización de una actividad concreta.
Cuando los individuos con trastorno dismórfico miraban su cara, se producía una hiperactivación de las estructuras del cerebro relacionadas con el procesamiento visual de las particularidades.
Esto no les ocurría si miraban la foto del actor famoso y a las
personas sanas no les sucedía ni con su propia imagen ni con la del
personaje célebre.
En cambio, cuando se les enseñaba el retrato no alterado y aquel en
el que únicamente se aprecia el contorno facial, se registraba una
hipoactivación de las regiones cerebrales implicadas en ese proceso.
Por otro lado, las divergencias respecto a los no afectados eran más
acusadas cuanto mayor era la gravedad de los síntomas de quienes se
creían deformes.
Estos patrones anómalos de activación prueban que las personas con
la enfermedad tienen dificultades a la hora de extraer información de
un rostro. "Estos individuos perciben fundamentalmente los detalles y tienen dañada la capacidad de contextualizarlos dentro de un conjunto", señalan los autores.
Los hallazgos de este trabajo muestran ciertas semejanzas con la
actividad cerebral observada en pacientes con trastorno
obsesivo-compulsivo. Existe la hipótesis de que ambas patologías
responden a mecanismos neurológicos similares.
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