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Realizar ejercicio físico puede ayudar a recobrarse de los síntomas que aparecen después de un traumatismo cerebral
La conmoción cerebral causa cefalea intensa, alteración en los niveles
de conciencia o pérdida del conocimiento, si bien esta última, aunque
habitual, no se da en todos los casos. La conmoción es el resultado de
caídas, actividades deportivas y accidentes automovilísticos. Por
razones que se desconocen, entre el 5% y el 10% de las personas que
sufren una conmoción tienen síntomas que persisten más allá de las seis
semanas posteriores al golpe y no hay tratamiento con eficacia probada.
Dolor de cabeza, mareos, vértigo, alteraciones de memoria, problemas para concentrarse y para dormir, inquietud, irritabilidad, apatía, depresión o ansiedad conforman el abanico de síntomas continuos que pueden darse después de sufrir una lesión cerebral por un golpe en la cabeza. Aunque este síndrome posconmoción es más común en las personas que, antes de la lesión, han tenido depresión o ansiedad.
Un estudio reciente de la Universidad de Buffalo (EE.UU.) afirma lo
contrario. Según el trabajo, un programa de entrenamiento
individualizado podría permitir a deportistas con síndrome de
posconmoción volver a los terrenos de juego y a desempeñar de nuevo
actividades cotidianas. Los investigadores han publicado sus resultados
en la revista 'Clinical Journal of Sport Medicine', donde se detalla el
programa de ejercicio progresivo desarrollado de forma individual para
cada participante.
La característica principal es que debe realizarse en niveles de
esfuerzo justo, sin favorecer las condiciones que desencadenan los
síntomas. Los investigadores aseguran que este plan es seguro y que
depende sólo del aumento progresivo del umbral de esfuerzo, a medida
que los síntomas desaparecen.
Ejercicio sin síntomas
Los científicos han detectado que todos las personas que
participaron, tanto deportistas como no, mejoraron con el tiempo. Sin
embargo, los atletas fueron quienes se rehabilitaron más rápido. El
régimen de entrenamiento al que les sometieron se basa en la hipótesis
de que el sistema regulador responsable de mantener el flujo sanguíneo
cerebral, que puede registrar algún tipo disfunción en las personas con
una conmoción cerebral, se restaura mediante la práctica de ejercicio
controlado, gradual y cuando el paciente no tiene síntomas.
Los investigadores desarrollaron su programa en 2004. El tipo de
ejercicio inicial lo establecieron con la siguiente idea: si los
síntomas del síndrome posconmoción se registran a una frecuencia
cardíaca cercana a 140 pulsaciones por minuto, es adecuado establecer
una frecuencia máxima cardiaca de 125, sin que afecte al paciente. Con
esta idea, los investigadores pronto descubrieron que los atletas
mejoraban mucho más rápido si ejercitaban. Para establecer el modelo de
entrenamiento individualizado, se determinó, uno por uno, la intensidad
del ejercicio a partir de la cual podían desencadenarse los síntomas.
Desde las líneas establecidas para cada participante, practicaron
ejercicio en un 80% de intensidad, cada día y durante tres semanas.
Después, se repitió la prueba. En la mayoría de los casos, los nuevos
exámenes demostraron que los participantes podían trabajar a una
intensidad mayor y se modificó el protocolo de ejercicio. Se siguió
este mismo patrón hasta que los participantes pudieron ejercer sin
problemas y sin experimentar ninguno de los síntomas asociados al
síndrome. Todos retomaron el trabajo, la escuela o las actividades
deportivas en un período de tres meses de programa de seguimiento.
Los datos sugieren, como esperaban los investigadores, que algunos
de los síntomas están relacionados con la autorregulación cerebral
alterada; después de este tratamiento, el cerebro fue capaz de retomar
la regulación del flujo sanguíneo cuando la presión arterial aumentaba
durante el ejercicio aeróbico gradual y progresivo. Los investigadores
se han propuesto realizar un ensayo de mayor tamaño que incluya a un
grupo de control para comprobar la posibilidad de que los síntomas se
resuelvan de forma espontánea, sin intervención. Todos los
participantes ya eran sintomáticos meses antes del tratamiento y no
mejoraron por sí solos, de modo que están convencidos de que el
programa de ejercicio fue la clave de su recuperación.
REDUCIR LAS POSIBILIDADES DE SUFRIR UNA CONMOCIÓN
Una de las causas más frecuentes de conmoción cerebral son las lesiones deportivas. Las prácticas de contacto, como el rugby, el boxeo y el jockey, se asocian a mayor riesgo de traumatismo craneoencefálico, incluso cuando se utiliza el equipo protector adecuado. También es posible una conmoción a consecuencia de una caída a pie, en bicicleta o al patinar, así como en un accidente de tráfico. La mayoría de acciones para evitar cualquier traumatismo craneal son de sentido común, sólo se requiere ser consciente de qué se hace y tomar precauciones: abrocharse el cinturón de seguridad cuando se viaja en coche y respetar todas las señales, o utilizar el equipo protector adecuado al montar en bici, patinar, esquiar y practicar deportes de contacto. Está demostrado que acciones simples como éstas reducen de manera significativa las probabilidades de sufrir conmociones cerebrales. En el caso de los ciclistas, si se utiliza casco, el riesgo se reduce cerca de un 85%. Un estudio canadiense de 2009 publicado en la revista "Brain" afirmaba que los atletas que sufren uno o dos traumatismos cerebrales durante su vida deportiva revelan una disminución en sus procesos mentales y físicos (lentitud de movimientos) 30 años más tarde, a pesar de seguir con una vida saludable. Hasta ahora, se había pensado que los síntomas de la conmoción se desarrollaban horas después del suceso. Los efectos a largo plazo no se habían estudiado. En esta investigación, se considera fundamental que los atletas estén mejor informados sobre los efectos acumulativos y persistentes de las conmociones en los procesos mentales y físicos, para que conozcan los riesgos asociados con el hecho de retomar el deporte.
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