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El sillón es uno de los peores enemigos de la tercera edad. A no ser que se trate del asiento de un aparato de gimnasia diseñado para hacer ejercicios de resistencia.
Existen numerosas evidencias de que las
actividades aeróbicas son muy recomendables para el cerebro de los
ancianos, pero las bondades de hacer pesas han sido mucho menos
exploradas. Ahora se sabe que las mujeres mayores que hacen este tipo
de entrenamiento experimentan una mejora de sus funciones cognitivas. Y
esto se ha comprobado en féminas de entre 65 y 70 años que no lo habían
practicado previamente. El trabajo que lo demuestra se acaba de
publicar en 'Archives of Internal Medicine' .
Los resultados son contundentes, ya que se trata de un ensayo clínico, de 12 meses de duración,
realizado de forma controlada. Las participantes fueron divididas en
tres grupos. Las de los dos primeros realizaron ejercicios de
resistencia de piernas una o dos veces a la semana. Las del tercero tan
sólo ejecutaron gimnasia de tonificación y equilibrio. Los
investigadores midieron las facultades cognitivas de todas ellas al
comienzo del estudio, al cabo de seis meses y transcurrido un año.
Las mujeres que hicieron pesas mejoraron su destreza mental en dos aspectos: la resolución de conflictos y la atención selectiva
(habilidad para responder a las cuestiones esenciales de una tarea o
situación y pasar por alto aquéllas que son irrelevantes). En el plano
físico, se observó un efecto positivo en la función muscular y en la
velocidad durante la marcha, que está muy relacionada con el riesgo de
caídas y discapacidad. Por otra parte, hay estudios que demuestran que
ser capaz de caminar a buen ritmo está íntimamente relacionado con las
funciones cognitivas.
Los responsables del trabajo subrayan que no se puede hablar de una
mejora generalizada de las destrezas mentales, sino de una serie de
ventajas muy concretas. De hecho, los tests no mostraron ningún impacto
de los ejercicios de fuerza sobre la memoria.
Las participantes que realizaron el otro tipo de entrenamiento
–tonificación y equilibrio– no extrajeron ningún provecho significativo
de su esfuerzo. "Estos resultados tienen implicaciones clínicas
importantes porque el deterioro cognitivo es uno de los grandes
problemas de salud que actualmente carece de una terapia farmacológica eficaz
y porque la realización de ejercicio de resistencia no es una práctica
extendida entre la tercera edad", concluyen los autores de la
investigación.
La revista 'Archives of Internal Medicine' publica en el mismo
número varios trabajos con un denominador común: los frutos que
cosechan las personas mayores que dedican un rato a la semana a 'sudar
la camiseta'. Éstos son los principales resultados:
Deterioro cognitivo
Un estudio llevado a cabo en casi 4.000 alemanes con edades
superiores a los 55 años demuestra que la realización de actividad
física con una intensidad de moderada a alta reduce la incidencia de
deterioro cognitivo al cabo de dos años. Los investigadores recalcan
que la disminución de facultades mentales es uno de los factores que
más contribuye a la pérdida de independencia de los ancianos.
Densidad mineral ósea
Un programa de ejercicio estructurado mejoró, al cabo de 18 meses,
la densidad mineral ósea y el riesgo de caídas en mujeres mayores de 65
años. Así lo constató un ensayo clínico controlado realizado con la
colaboración de aproximadamente 250 féminas. No obstante, este
entrenamiento no redujo el peligro de sufrir enfermedades
cardiovasculares.
Ejercicio en la residencia
Un equipo de investigadores franceses llevó a cabo un ensayo clínico
para evaluar los efectos de un programa de actividades adaptadas a
personas mayores que vivían en residencias geriátricas y se encontraban
en muy baja forma. Tal y como cabía esperar, el ejercicio tuvo un
impacto positivo en su deteriorada calidad de vida.
A partir de los 70
Ser septuagenario u octogenario no tiene por qué ser sinónimo de
sedentarismo. Más bien todo lo contrario. Sin embargo, cuanto antes se
empiece a hacer ejercicio, mejor. Un grupo de científicos
estadounidenses y británicos ha analizado los datos de más de 13.500
enfermeras. Aquéllas que mantuvieron niveles más elevados de actividad
física hacia la mitad de su vida y sobrevivieron más allá de los 70
años lograron llegar a la vejez en mejores condiciones de salud.
"Nunca habíamos tenido tantas razones para albergar esperanzas
respecto al potencial que tiene el ejercicio de convertirse en una
estrategia probada y generalizable para promover un envejecimiento
exitoso", apuntan los autores de un comentario sobre los nuevos
estudios que acaban de ver la luz. Consideran que el imparable
crecimiento de la población anciana es razón más que suficiente para
seguir avanzando en esta línea.
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