Un estudio italiano reveló que los dibujitos animados serían la mejor
opción. Además, destaca que lo más importante es elegir los programas
adecuados para evitar que las escenas tensionen todavía más a los
chicos y es positivo que los pequeños acudan a la consulta con algún
juguete. También refiere que la presencia de los padres es fundamental,
siempre que se mantengan calmos y colaboren en el proceso de relajación
de sus hijos.
Es frecuente que los consultorios de los médicos pediatras estén adornados con dibujos, pósters de caricaturas, cuadritos infantiles e incluso un televisor provisto de una nutrida programación de dibujitos animados con el objetivo de ayudar a distraer al pequeño paciente mientras el profesional realiza una revisación o aplica una vacuna, según publicó Pro-Salud.
De acuerdo con un estudio llevado a cabo en Italia y cuyas conclusiones forman parte de la reciente edición de la publicación especializada Archives of Disease in Childhood, esta metodología no sólo es perfectamente válida, sino que además, la distracción jugaría un rol fundamental también en el hospital e inclusive una vez que el paciente vuelve a su casa.
“A partir de la realización del estudio, hallamos que mirar televisión genera un efecto de distracción muy importante en los chicos, superando incluso a los esfuerzos realizados por la madre del niño”, explicó el líder del estudio Carlo Bellieni, de la unidad Neonatal de Cuidados Intensivos de la Clínica Le Scatte de la Universidad de Siena.
Juan Carlos Peuchot, médico pediatra, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Interzonal Eva Perón de San Martín, opinó que “en lo personal, y con más de 30 años de experiencia atendiendo niños, siempre trato de que la sala de espera sea lo más infantil posible. Por otra parte, contamos con un televisor y una videocasetera, de manera que durante el día, los chicos miren dibujitos y cuando se va haciendo de noche y los programas ya no son apropiados para la edad, puedan disfrutar de una película. Durante el mundial, por ejemplo, siempre teníamos puestos los partidos de fútbol”.
Otro de los puntos importantes, destacó el especialista, “es que los chicos tengan siempre juguetes para elegir, aunque por lo general suelen prestarle más atención a los que traen de sus casas. Por eso, hay que incentivarlos para que vayan a la consulta con sus muñecos preferidos. Personalmente, suelo hacer un simulacro de revisación a las muñecas de las nenas antes de hacerla con ellas para que vean que no pasa nada y se distiendan. También me valgo del recurso de los caramelos como premio, tanto en el bolsillo como en carameleras”.
El estudio italiano
La investigación contó con la participación de 69 niños de entre 7 y 12 años que fueron divididos en tres grupos con el objetivo de evaluar sus reacciones cuando un grupo de profesionales les tomaba una muestra de sangre.
En el primer caso, mientras se realizaba la extracción, los chicos no recibieron distracción, en tanto que los niños que integraron el segundo grupo se encontraban acompañados por sus madres que eran las encargadas de hablarles y contarles chistes e historias. Por último, a la tercera parcialidad, se le permitió mirar dibujos animados mientras se llevaba a cabo la prueba.
Respecto de las diferencias registradas en las reacciones de los menores, los encargados del estudio manifestaron: “los chicos que no contaron con medios para distraerse fueron los que más se asustaron”. En este sentido, Bellieni ejemplificó: “calculamos que en comparación con aquellos que miraron televisión, los niños que estaban pensando en la extracción, con toda su atención puesta en el procedimiento, se asustaron tres veces más”.
De la misma forma, en el caso de las madres encargadas de distraer a sus niños, el objetivo no se cumplió completamente, porque éstos manifestaron sentirse nerviosos y asustados por el hecho de tener que atravesar la situación del análisis de sangre.
“Mientras se lleva a cabo un procedimiento clínico, por más cotidiano, simple o rutinario que parezca, los chicos experimentan temor, nervios e incertidumbre. Por eso es muy importante que estos signos sean advertidos y que tanto los profesionales como los padres actúen para disminuir la sensación de estrés”, indicó Bellieni.
Sin embargo, con respecto a esta afirmación, los profesionales se encargaron de aclarar que si bien es importante la presencia de los padres mientras se lleva a cabo una revisación, una extracción de sangre o la aplicación de una vacuna, lo cierto es que a menudo esa presencia puede ser contraproducente si la madre o el padre se muestran aun más nerviosos que el niño.
“Los padres nunca deben dejar a sus hijos solos durante la visita al médico, especialmente si los niños se muestran nerviosos o tensionados, situación en la cual, además deben concretarse todos los esfuerzos necesarios para llevar a cabo la distracción”, consignó el líder del estudio.
En este sentido, Peuchot señaló que “la presencia de los papás no es un problema, siempre y cuando desde la primera consulta entiendan el mensaje y no asusten a los chicos utilizando al médico como elemento de castigo valiéndose de frases como ‘si no comés le cuento al doctor y que te dé una inyección’”.
Del mismo modo, si bien la utilización de la televisión como medio de distracción es positiva porque “obliga” al niño a concentrar su atención en otro punto, con todos sus sentidos estimulándolo desde lo visual y lo auditivo, es muy importante prestar atención al tipo de programación utilizada con esos fines. Mientras un dibujo animado constituye una buena elección, las películas o series con escenas de violencia, no parecen ser una opción correcta y conveniente.
“Lo más importante a tener en cuenta es que siempre hay una edad en la que los chicos lloran cuando van al médico. Alrededor de los siete meses, etapa designada en la psicología como ‘angustia del séptimo mes’, todos los chicos lloran y eso es normal dado ven al médico como un extraño. Pero al margen de esa etapa, en general, no suele haber problemas. No obstante, hay que tener cuenta que nunca hay que mentirle a los chicos, así sea necesario explicarles cosas que nos parece que a su edad no pueden entender”, concluyó Peuchot. |