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Las mujeres postmenopáusicas que nadan al menos dos veces por semana pueden prevenir las fracturas de cadera aunque no hayan realizado este deporte en la adolescencia. Este ha sido una de las conclusiones que se han presentado en las VI Jornadas Regionales de Promoción de la Salud y Ejercicio Físico que se han celebrado en Toledo. La prescripción del ejercicio físico para adaptar el deporte a las personas obesas y el impacto de estos pacientes en el gasto sanitario ha sido otra de las conclusiones que se han dado.
Practicar
natación, siempre que se realice de forma continuada, al menos
dos veces por semana durante como mínimo dos años,
ayuda a reducir el riesgo de fractura de cadera en mujeres
postmenopáusicas", ha explicado Germán Díaz
Ureña, especialista en Medicina del Deporte de la Universidad
Europea de Madrid durante su ponencia con motivo de la celebración
de las VI Jornadas Regionales de Promoción
de la Salud y Ejercicio Físico que han tenido lugar el pasado
fin de semana en Toledo. "Además, estudios anteriores
confirman que practicar este deporte en la infancia y la adolescencia
tiene escasa influencia en la edad adulta".
- "La
natación en la infancia no tiene ningún efecto positivo sobre la DMO.
Sin embargo, durante la menopausia, sí puede ayudar a reducir el riesgo
de fracturas de cadera"
Para la
investigación, Ureña tomó una muestra de 90
mujeres, postmenopáusicas, con osteopenia y riesgo moderado de
fractura con una media de 57 años. Se establecieron tres
grupos en los que se practicaba natación, ejercicio de impacto
en el medio acuático como acuaeróbic, y un grupo de
control que no realizaba ningún deporte. "Al terminar el
estudio descubrimos que el grupo que hacía natación
tenían mejores resultados". Las mujeres que presentaban
mayor pérdida de densidad de masa ósea eran las que
estaban dentro del grupo de control, mientras que las mujeres que
realizaban ejercicios de impacto mejoraban su condición, pero
aún tenían pérdidas. "Comprobamos que el grupo
de natación no tenía casi ninguna pérdida, y
lograban mantenerla o reducirla, por tanto este deporte es útil
para reducir el riesgo de fractura de cadera", afirma Ureña.
Revisión de estudios
anteriores Ureña, junto
con Fernando Navarro, especialista en Medicina Deportiva de la
Universidad de Castilla- La Mancha, han realizado una revisión
bibliográfica de los artículos que se han publicado en
el año 2009 relacionados con la prevención de la
osteoporosis desde la niñez hasta la menopausia tratada con el
ejercicio físico.
En
estos estudios se concluye que en la edad escolar, las deportistas
que presentan los mayores niveles de densidad de masa ósea
(DMO) suelen ser deportistas que realizan deportes de impacto
(gimnasia rítmica, voleibol), mientras que la mayoría
de los estudios encontrados en la literatura hacen referencia a la
poca influencia que tiene la natación sobre la DMO, ya que no
se encuentran diferencias significativas entre los grupos de natación
y el grupo de control.
"La natación durante la edad
infantil no tiene, en principio, ningún efecto positivo sobre
la DMO. Sin embargo, durante la menopausia, cuando el efecto hormonal
no existe, la natación sí puede ayudar a reducir el
riesgo de fracturas de cadera", dice Ureña.
Prescribir la actividad física "Tenemos que prescribir el deporte de
forma individualizada atendiendo a las condiciones físicas de
cada persona", afirma Francisco José Berral de la Rosa,
director del departamento de Deportes e Informática de la
Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, durante su ponencia en las
mismas jornadas. "El facultativo debe decidir la frecuencia, la
duración y la intensidad de los ejercicios. Es recomendable
que sean actividades de baja intensidad, hasta que las personas
consigan mantener una masa muscular óptima".
- "El facultativo debe decidir la frecuencia, la duración y la intensidad de los ejercicios que prescribe"
Los objetivos del trabajo presentado
por Berral de la Rosa eran analizar el coste socioeconómico
que tenían el sobrepeso y la obesidad en la sanidad, comparar
el grado de actividad física en las personas obesas, con
sobrepeso y con normopeso, medir qué tipo de actividad
realizaba cada grupo y determinar qué patologías eran
las más frecuentes en cada uno de ellos.
"Estudiamos una muestra de 1.367
personas entre los 14 y los 65 años durante los meses de marzo
y abril de 2009 divididos en tres grupos: personas con obesidad, con
sobrepeso y con normopeso", explica Berral de la Rosa refiriéndose
al trabajo de investigación realizado conjuntamente con Carlos
Javier de la Rosa, especialista en Ciencias Morfofuncionales del
Deporte. Los investigadores utilizaron variables longitudinales
retrospectivas, comprobaron la frecuencia con la que acudían a
la consulta y las bajas laborales.
Las conclusiones del estudio determinan
que el 46,9 por ciento de los participantes tenía sobrepeso y
el 21,4 obesidad ,y que estos valores aumentan en los hombres, donde
se observaba además un aumento del riesgo cardiovascular,
mientras que en las mujeres disminuía.
Coste en la sociedad "Al analizar la frecuencia con la que
los grupos acuden a consulta distinguimos una diferencia
significativa entre las personas con normopeso y obesidad",
continúa Berral de la Rosa. "Los diagnosticados con obesidad
acuden mucho más a consulta que las personas con normopeso".
En relación al número de enfermedades los obesos tienen
diagnosticadas más patologías que el resto de los
grupos y por tanto consumen más fármacos que el
resto."Un dato muy importante es que las personas con obesidad
tienen muchos más días de baja laboral que los otros
dos grupos, y a medida que aumenta el grado de obesidad se incrementa
el número de días de baja laboral."
- "La
actividad física es una herramienta que debe prescribirse desde el
punto de vista de la salud como se prescribe una aspirina"
Los datos obtenidos del estudio
determinaron que en todos los grupos se realizaba poco deporte. En
las mujeres la actividad física era moderada, mientras que en
los hombres se practicaban actividades más intensas. "A
menor grado de obesidad se ha detectado menos actividad física,
y a mayor grado de obesidad y menos grado de actividad física
estas personas consumen más fármacos, desarrollan más
patologías y tienen más días de baja laboral",
explica Berral de la Rosa. "Esta situación tiene como
consecuencia el aumento del gasto sanitario".
Entre las soluciones que proponen los
investigadores destaca la programación y la proyección
de la actividad física. Para que la promoción se lleve
a cabo es necesario formar al facultativo en el ámbito de la
actividad física y la salud y crear centros especializados en
este terreno.
"La actividad física es una
herramienta que debe prescribirse desde el punto de vista de la salud
como se prescribe una aspirina", dice Berral. La clave de su
propuesta se basa en intentar favorecer el desarrollo de la masa
muscular de los pacientes para permitirles realizar deporte y en
adaptar a la persona e incorporarla a la actividad física.
"Hay que hacer una especie de centro de rehabilitación de la
obesidad donde se adapte a la persona al ejercicio y cuando los
especialistas consideren que están adaptados deben continuar
por su cuenta".
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